Sesión de relajación

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Impaciente y temperamental, Tweek recorría en círculos la habitación mientras esperaba la llegada de su novio. Con una taza de café caliente entre sus trémulas manos -el tercer café del día- andaba sobre sus propios pasos y volteaba sobre los talones una vez comprobaba mediante una rápida ojeada a través de la ventana que Craig no se hallaba ni remotamente cerca del hogar de los Tweak. Ahogándose entre café y pensamientos fatídicos relacionados con la tardanza de Craig, en los que en el mejor de los casos sufría un atropello y, en el peor, un atentado. Hasta que los nudillos de su novio golpearon la puerta de la habitación, Tweek rodeó su habitación un total de cincuenta veces y terminó de beberse la tercera taza de café.

En cuanto se abrió la puerta, Craig fue golpeado por un rubio huracán de recriminaciones y preguntas a medio formular. Balbuceos, exclamaciones e improperios salidos de un alterado Tweek que no cesaba en sus constantes movimientos ante la impertérrita expresión de su novio. — ¡Dios santo! ¿Dónde estabas? — preguntó, sin dar oportunidad a cualquier posible respuesta, agregando enseguida. — ¡Creí que habías muerto! — .

Acostumbrado a los peculiares recibimientos de su novio, Craig aguardó por un instante de silencio y colocó las manos sobre los hombros de Tweek. — Cariño — pronunció, con la misma firmeza con la que posó su mirada sobre la ajena. — Han sido cinco minutos, he tardado cinco minutos — su entonación fue neutra, monótona, como la mayoría de veces. Tweek se limitó a fruncir el ceño como respuesta, dejando en claro que, para él, cinco minutos equivalían a cinco horas.

No es un buen comienzo para nuestra sesión de relajación — comentó Craig, haciendo alusión al motivo de su reunión. Y es que tras una larga conversación, acordaron que Craig ayudaría a Tweek a tomarse la vida con más calma mediante sesiones de relajación diarias. Craig no auguraba un final feliz, dudaba obtener un buen resultado, pero tampoco perdía nada por intentar que así fuera. — Cállate Craig, saber que tengo que relajarme hace que sienta mucha presión —. «Todo hace que sientas mucha presión», pensó Craig, mas sin mediar palabra pues comenzaba a entender el funcionamiento de Tweek; luchaba a diario por mostrarse comprensivo para hacer frente a los copiosos problemas de su chico.

Está bien, comencemos —. Siendo honestos, Craig no era ningún experto en el arte de la relajación. Rara vez se alteraba, pero su carácter flemático no se trataba del resultado de un adiestramiento artificial, más bien lo contrario, le salía tan natural como respirar. Así que decidió improvisar basándose en escenas de televisión y en artículos de Internet. — Sentémonos en el suelo en posición india — propuso, tomando asiento sobre el parqué con las piernas cruzadas, comprobando que el rubio imitó el movimiento. Para Tweek no resultaba sencillo permanecer sentado e inmóvil por más de cinco minutos, así que Craig lo consideró todo un avance.

Ahora cierra los ojos — tras la indicación, Craig abrió el ojo derecho para comprobar que Tweek obedecía y, efectivamente, se halló con la imagen del rubio de cabellos revueltos con los párpados cerrados, más predispuesto a relajarse de lo que nunca antes estuvo. Los labios de Craig se curvaron en una sonrisa de orgullo, mientras que volvía a cerrar los ojos para continuar con la lección.

El interior de Tweek seguía bullicioso, su corazón latía descontrolado y, a pesar de estar sentado, sus extremidades temblaban víctimas de una alta dosis de cafeína.

Ahora inspira.. — murmuró Craig. —.. y expira— terminó de indicar, exhalando el aire acumulado en sus pulmones. Tweek se esforzó por imitar a su novio, lejos de obtener tan buenos resultados; Su respiración era siempre alterada e irregular, resollaba como un anciano después de subir una larga cuesta o tras correr una maratón. El fracaso no pasó inadvertido para Craig que, tras un resoplido, repitió el proceso. — Venga, vamos de nuevo, inspira y expira — recitó sin perder un ápice de su férrea paciencia.

Tweek inhaló pacientemente y contuvo el aire antes de exhalar, soltándolo de golpe tras un sobresalto cuando un estallido se escuchó fuera de la casa e interrumpió el ejercicio de respiración, provocándole una incontrolable taquicardia. — ¡OH DIOS CRAIG! ¿HAS OÍDO ESO? — preguntó sacudiendo a su novio, que seguía tan calmado como al principio. — Tranquilo Tweek, debe ser algún gilipollas tirando petardos — conjeturó — Cierra los ojos, inspira y expira — repitió sin dar mayor importancia a los ruidos externos. Tweek continuaba alterado, con la frecuencia cardíaca disparada y conjeturando posibilidades poco razonables pero fatídicas, todas acabadas en muerte y destrucción.

Aun así trató de relajarse, inhaló y expiró un par de veces más, pero un segundo petardeo desencadenó en otro sobresalto, y en esta ocasión el rubio abrió los ojos y se levantó de golpe. — Ha sonado otra vez, ¡no puedo Craig, lo siento, es demasiada presión! —. Sintiéndose un fracaso, se asomó a través de la ventana para comprobar que Craig tenía razón -una vez más- pues un par de niños se entretenían jugando a arrojar petardos dentro de una papelera. Suspiró y volteó para encarar a Craig, que se levantó y aproximó hasta él.

Soy un completo inútil — se lamentó en voz alta, abriendo y cerrando los puños para mantenerse en constante movimiento. El ceño antes fruncido de Craig se relajó y sonrió benevolente. — No eres un inútil, creo que lo has hecho bien para ser la primera vez — concedió. Las manos de Craig se cerraron en torno a los puños de Tweek, logrando así que dejara de temblar, aportándole la estabilidad que necesitaba. — ¿De verdad? —. Poco a poco los labios de Tweek, antes una línea recta, imitaron la sonrisa de su novio.

Craig asintió, inclinándose para besar suavemente los labios de Tweek, entreabriéndolos con su propia lengua y brindándoles la atención que merecían antes de recuperar la distancia. Saboreó el gusto a café y azúcar impregnado en su boca, deteniéndose a contemplarle con la misma expresión imperturbable de siempre.

Simples apariencias. Hasta Craig se agitaba tras besar a su novio, por mucho que en su expresión no pudiera leerse a simple vista.

La diestra de Craig acarició el pecho de Tweek, deteniéndose sobre la zona izquierda de su pecho, adivinando los latidos de su corazón. Irregulares, rápidos y desbocados, incluso más que de costumbre. — ¿Ha funcionado? ¿Crees que estoy un poco menos alterado? — preguntó el rubio, esperanzado. ¿Y quién era Craig para jugar con sus ilusiones? Su cabeza se movió afirmativamente. — Sí, un poco — mintió piadosamente.

No solía mentir, pero la sonrisa que secundó a la mentira le bastó para eliminar cualquier rastro de culpabilidad.

Tweek acortó la distancia en esta ocasión, rozó con sus labios la oreja de Craig y le susurró al oído las únicas dos palabras capaces de alterarle. 

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⏰ Last updated: Nov 07, 2017 ⏰

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