Se abren las puertas, todo es blanco, las enfermeras caminan de un lado a otro, igual que los doctores. Es casi cómico ver como entran y salen personas y yo sigo aquí sin avanzar, y yo sigo aquí estancada.
Mi nombre es "Usagui White" un nombre muy peculiar, ¿verdad? "Usagui" significa conejo en japonés y "White" significa blanco en inglés, mis padres me dieron un bello nombre, ¿no?: "Conejo Blanco”. Esto se debió a mi peculiar apariencia, tengo los ojos color rojo como los conejos, mi cabello es blanco, casi parecen canas como las de los ancianos y mi piel es tan pálida como el mismo papel. Me queda perfecto, ¿verdad?, pero, es gracioso tener nombre japonés y americano cuando eres de descendencia rusa, parece chiste de mal gusto.
Tengo 17 y resido en América hace doce años, para ser exactos, en Estados Unidos. Diez de esos doce años los he pasado en un hospital. Uno cual nombre, ya me tiene harta, "Hipócrates".
La primera vez que vine aquí, fue dos años después de que llegué de Rusia con mis padres, debido a que la palidez de mi piel era muy delicada y por eso cada cierto tiempo debía pasar un control rutinario en un centro de Salud, pero mi familia pensó que sería mejor tener un seguro en uno de los mejores hospitales del país, así fue como termine aquí.
***
-White no corras tan rápido niña, ten cuidado, no quiero que te desmayes. -Gritaba aquel profesor, que ya pasaba de los cuarenta y que no hacía más que dar órdenes y sentarse a charlar con los otros docentes.
-Sí, señor -Respondí sin mucha emoción, correr con mucho protector solar en la cara, ropas que cubrían todo mi cuerpo y un gorro en la cabeza, no se te hace muy cómodo.
-¿Qué pasó Rabbit? ¿No te sientes bien, acaso es mucho trabajo correr en el sol? ¿O su alteza no quiere quemarse la tan delicada piel que tiene?
-No tienen gracia tus comentarios, Victoria. Mejor corre, que por hablarme te ganarán. -Aquella joven de ojos celestes y cabello rubio sólo se limitó a hacer una mueca y en cuestión de segundos se adelantó a todas.
《Otro día en la preparatoria, otro día en el paraíso》De repente sonó el timbre, anunciando que la clase había terminado, decidí saltarme el agradecimiento y muy conocido discurso del profesor e ir directo a las duchas , no había sudado mucho, ya que mi condición no me permite hacer gran esfuerzo. Si no fuera por mi terquedad de querer hacer todo lo que un “adolecente normal hace”, podría simplemente saltarme la clase de Deportes e incluso la preparatoria. Sé que mis padres estarían felices de tenerme en un cuarto bajo llave o peor en una bóveda de cristal, para que nadie toque su tesoro más preciado y "delicado".
Tomé un baño rápido y me dirigí a los vestuarios, abrí mi casillero, me cambié de ropa por el uniforme, pero siempre añadiéndole las busolas manga larga y las medias hasta prácticamente los muslos, sin olvidar el exceso de bloqueador. Terminé rápidamente de alistarme, cerré el casillero y me fui. Hoy tengo cita en "Hipócrates" y debo llegar temprano, no quiero que me reten y menos, escuchar todo un discurso durante la revisión.
Un carro me espera a la salida de la preparatoria, es la misma rutina de cada mes desde que me entregaron aquel diagnóstico, el auto me lleva por el mismo camino de siempre y llegamos a un edificio de casi veinte pisos, que sólo hiede a muerte; estoy aquí otra vez, estoy aquí de nuevo para ver cuán lejos mi vida pueden alargar, y ahí es cuando aquella voz ya tan conocía se escucha desde que abres esa puerta y pones un pie en aquel lugar, el lema de aquella institución:
“BIENVENIDO A HIPÓCRATES, DONDE TUS SUEÑOS SE PUEDEN HACER REALIDAD, DONDE TU VIDA ES SOLO TUYA”.
Algunas veces me pregunto si es sólo un lema para atraer gente o para asustarla, pues bien, "Hipócrates" estoy aquí, haz realidad mis sueños. Digo sin más y cierro las puertas de aquél "cementerio blanco".
El mismo cuarto de siempre, las mismas enfermeras, el mismo doctor, siempre el mismo y único diagnóstico y la ya muy sabida "reprimenda".
-Usagui te dijimos que no hicieras ningún tipo deporte, en tu condición es algo muy "terrible", por así decirlo.- Me repetía como cada mes el mismo médico que me atendía;《su voz ya me está incluso pareciendo chillona a pesar de ser hombre》
-Sólo caminé, no corrí, en la preparatoria no me dejan y es muy reducido el tiempo de este "deporte". Además, siempre es lo mismo, "Usagui no corras", "Usagui te vas a desmayar", "Usagui mejor usa el auto, hasta caminar te puede hacer daño" -Repetía poniendo la voz más exasperante que podía. -No soy de cristal, entiendan. ¡No me voy a morir sólo por caminar! -Le grité al médico un poco alterada.-¿Qué más puedo hacer, "doc”? ¿Sentarme en mi casa a ver televisión y comer cosas “basura"? Eso tampoco ayudaría a mi "condición". Dígame, usted es el experto. -El doctor sólo me miró con lo que yo puedo decir "lástima" en sus ojos, pero a pesar de todo, sólo hizo lo de siempre, suspirar y pronunciar aquellas palabras que yo misma ya sé de memoria.
-Usa, tu sabes muy bien que eres "frágil y delicada", desde siempre. Primero tu piel y ahora esto. Además, aún eres joven, puedes hacer mucho, pero no necesitas probar a nadie que vas a morir sólo por intentar llevar una "vida normal".
《No estoy haciendo lo por nadie, excepto por mí misma, confío en que no me "romperé"》.
-Iré a llamar a una enfermera para que te ayude a alistarte y te espero ‘allá’.- Dijo sin más y se retiró. ¡Vamos Usagui! Lo puedes soportar, sólo hoy y pasarás otro mes en paz, lejos de este horrible lugar.
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Un año: La Historia de Un Conejo
Teen FictionUn año: se abren las puertas. ¿Qué pasa si sólo te dan un año de vida? ¿qué serías capaz de hacer en tan corto tiempo? El hospital general de la Salud "Hipócrates", se encarga de recibir a la gente desahuciada, personas que no son más que retratos d...
