Blanco

686 61 6
                                        

Paredes blancas, cerámicas blancas, sábanas blancas, incluso el traje de la enfermera tenía esa molesta tonalidad, provocando dolorosas punzadas en mi cabeza. Cerré mis ojos para poder descansar mi vista, apoyando la cabeza contra la suave almohada de mi camilla, la cual, maldición, era igual de blanca como todo lo demás mencionado. 

Al abrir mis ojos, dirigí mi mirada hacia un costado, logrando distinguir algunas flores a mi alrededor, al igual que un pequeño cartel que tenía la frase "¡Mejórate pronto!" en el centro, estaba decorado con lo que parecían ser dibujos de globos. Tal vez me sentiría conmovido por esto, quizás podría llorar de alegría al saber que mis amigos o familia se preocupan tanto por mí. El problema es que no sé quiénes lo hicieron. Rostros, nombres, todo es borroso y confuso. Blanco.

  —Craig Tucker, tiene visitas.— Una rubia enfermera estaba arreglando las sábanas de mi camilla. Supongo que ella cree que mi condición me hace ser un idiota que no puede hacer nada o sólo está acostumbrada a arreglar las camas de los demás pacientes. No lo sé y no me interesa.

Antes de que ella se retirara, logré distinguir el nombre de la chica en un papel sujeto a su blanco uniforme; "Barbara Stevens". El nombre no me parece familiar, pero juraría que la rubia logra verme con ojos llenos de pena, como si me conociera. 

 —¡Craig!

Al intentar buscar en mi cabeza si el nombre femenino despertaba aunque sea una pequeña parte de mis recuerdos, no pude percatarme de como un chico castaño y un chico de piel oscura ingresaron en la habitación. El castaño es el más ruidoso, el que gritó lo que parece ser mi nombre. Lo he escuchado varias veces durante estos días, pero sigue sin ser familiar para mí.

Al fijarme mejor en los rostros de ambos, pude notar que tenían los ojos llorosos. Me cuestiono si es por mí o por alguna otra razón.

—¡Por dios, Craig!— El castaño se situó junto a mí, tomando mi mano en un gesto demasiado dramático para mi gusto. Su labio temblaba ligeramente, no había duda de que estuvo llorando. —¡Pensamos que te perderíamos!

—Clyde, con cuidado, recuerda lo que nos dijo Bebe...— Es fácil notar quién es el más precavido de los dos. El chico de tez oscura se acercó más, posando una mano en el hombro del que, al parecer, se llama Clyde.

—Bebe... Ella sólo estaba bromeando.— Una risa nerviosa escapó entre sus labios, haciéndome fruncir el ceño. —Él nos recuerda perfectamente. ¿Verdad, Craig?

Silencio. Es una palabra que sirve para definir con claridad mi actitud frente a cualquier pregunta que me han hecho durante semanas. Ni siquiera yo he escuchado mi propia voz.

  —Craig...

Me llama, pero la respuesta sigue siendo la misma. Mis ojos viajan de un lado a otro, incluso intenté observar el techo, pero el alzar así la mirada provoca que mi dolor de cabeza sea más intenso. Al alzar una mano y posarla con suavidad sobre mi frente en un intento de cesar el dolor, pude sentir las vendas sobre mi piel. Han sido tan incómodas que nunca había tenido que tocar para saber que estaban ahí, haciendo presión en lo que, supongo yo, ha sido la herida que provocó esta confusión de mi mente. 

—Craig, por favor...— El temblor en el labio contrario se hizo cada vez más notorio, mientras el otro chico bajaba la mirada, como si ya se hubiera resignado a no recibir ninguna respuesta. Suspiré, mientras negaba ligeramente con la cabeza. Tener a la enfermera observándome con pena ya era suficiente, no quería ver a dos chicos llorando junto a mí, mucho menos por mi culpa. 

—No los conozco.

La respuesta fue seca, pude sentir como si hiciera eco por toda la sala del hospital. Lágrimas comenzaron a realizar sus trazos a través de las mejillas del castaño, mientras este me observaba anonadado. No creo ser bueno leyendo rostros, pero juraría que él sólo esperaba que le dijera que ha sido una broma cruel. Lo sé porque yo también lo deseo, pero por lástima, esto es muy real.

Nombres. [Creek]Stories to obsess over. Discover now