Phillips Ernest Greystone era el comandante del ejército del rey Christian Thorne, del reino de Lighthold, un hombre mayor con cabello y barba color blanco, un poco robusto y sin delicadeza alguna, se encontraba en una taberna al norte de Reims en compañía de sus más confiables guerreros, Arthur Greystone, el menor de sus hermanos, un hombre mucho más robusto que Phillips, su cabello era corto y tenía su rostro limpio, sin rastros de barba y sin ninguna arruga en él, un hombre de poca paciencia, un verdadero estratega militar y gran guerrero, Terrance Peregrine Patrick, su mano derecha, el más confiable de sus pocos amigos, compañero de Phillips en infinitas batallas, destacado guerrero, un chico de al menos 25 años de contextura delgada, llevaba un parche en su ojo izquierdo y llamaba la atención por llevar su cabello largo y de color verde. Y por último Constantine Peregrine Patrick, hermano menor de Terrance, un joven no mayor de 20 años, su más reciente compañero de lucha, un chico muy fuerte de cabello plateado y ojos grises, Phillips sentía gran aprecio por él, aunque no sabía realmente quien era o de donde venía, no le daba mucha importancia al asunto, el hecho es que confiaba en él como confiaba en su hermano, las habilidades de Constantine le dieron muchas victorias a Phillips y por ende al rey Christian, habían estado en cientos de batallas y el joven nunca había salido herido, ni siquiera en la batalla con los nélicos donde los acorralaron y masacraron a más de 300 personas, Terrance perdió su ojo en esa batalla y Arthur recibió varias heridas de flecha en su espalda, sin embargo Constantine no recibió ni un rasguño, Phillips quedó fascinado con las habilidades del chico y desde entonces lo mantiene a su lado en todo momento.
Eran épocas difíciles en Lighthold, habían rumores sobre demonios robando almas de mujeres y niños y asesinando a los hombres, según los más viejos del pueblo, Felom, rey del inframundo, había vuelto a la tierra a cumplir su promesa de dominar a la humanidad, la leyenda dice que el demonio fue encerrado en el infierno hace siglos atrás por Alloys, el Ángel herrero, que se apiadó de él, y en vez de desvanecer su alma lo condenó a pasar la eternidad encerrado ardiendo en las llamas del infierno, pero había logrado escapar y esta vez volvió con su ejército de bestias y criaturas.
Phillips Greystone tomó su botella de vino y con el poco equilibrio que aún tenía dio unos cuantos pasos hacia el centro de la taberna, donde ordenó a todos que hicieran silencio y le dieran la palabra.
-Muchas personas en el mundo le tienen miedo a la muerte, muchas otras no tememos morir, pero aun así todos tememos a lo que nos espera cuando nuestras almas dejen nuestros cuerpos, muchos hablan del cielo al lado de los Ángeles, otros, sobre un infierno repleto de demonios y criaturas salvajes encargadas de castigar a todos, sin embargo, existe una pequeña cantidad de personas que sienten temor a la vida, es decir, a la vida eterna o en su defecto, a la reencarnación.-
Dio un enorme sorbo de la botella de vino y continuó su discurso.
-Todos sabemos sobre los hijos de ángeles y humanos o demonios y humanos, sobre estas criaturas llamadas Nephilim, guerreros de la luz o la oscuridad dependiendo de su origen. En mi opinión, ambos son basura, 12 vidas sirviéndole a un ser que solo se beneficia a si mismo, eso es despreciable, en cambio vivir eternamente y ser libre, eso sí sería magnífico
Dicen que la vida eterna es una de las peores maldiciones que existen, pero a mí no me parece una maldición, imaginen todas las cosas que podrían hacer si viviesen para siempre, tendríamos riquezas, tierras y por supuesto, todas las mujeres que pudieran imaginar-
Las personas en la taberna reían y aplaudían ante los comentarios de Phillips.
-Hoy les traigo la oportunidad de vivir para siempre, en nombre del rey Christian Thorne, estoy aquí en busca de voluntarios, en busca de personas que quieran unirse a mi ejército, y junto a nuestro rey, unirnos a Felom, él nos daría la vida eterna si prometemos luchar junto a él en su guerra contra Alloys, con él tendremos poderes inimaginables, lucharíamos contra cualquier ejército y ganaríamos las guerras, dominaríamos al mundo, quienes salgan de esta taberna siendo parte de mi ejercito tendrá asegurada la vida eterna-
Las decenas de personas se pusieron de pie y gritaban el nombre de Phillips Greystone mientras levantaban sus jarras de cerveza y sus botellas de vino, Phillips miró a sus compañeros sentados a su lado y esbozó una sonrisa de victoria.
-Hay muchas personas en Reims asegurando haber visto ángeles caer del cielo, dicen que cayeron al noroeste, en dirección a Freyla, probablemente al Templo de los ángeles, si se unen a nosotros, los ángeles son nuestros enemigos, si queremos luchar al lado de Felom, debemos ir en busca de estos ángeles y asesinarlos, su naturaleza es cuidar de las personas, por lo tanto no podrían matarnos aunque quisieran, debemos usar eso en su contra-
Todos hicieron silencio cuando Constantine se puso de pie frente a Phillips, observándolo fijamente a los ojos y sosteniendo una débil sonrisa. Dió unos cuantos aplausos sarcásticos que rompieron el silencio.
-Bien hecho Phillips, has decidido dejar tu propia humanidad por la ambición de poder y vida eterna-
Dijo el joven, tomó una botella de vino y bebió de ella antes de mirar otra vez a Phillips a los ojos, Constantine tenía los ojos grises más claros que habían visto todos en Reims, su cabello era plateado y pasaba de sus hombros, su barba de igual color era abundante, usaba abrigos de piel de lobo y botas hasta sus rodillas.
-Por supuesto, es una hermosa maldición, solo imagina ver a tu esposa y a tus hijas envejecer y verlas morir, hermoso, ver como la humanidad se destruye a sí misma, esplendido, Felom y sus demonios gobernando sobre la tierra, maravilloso, y si tú y tu ejercito están dispuestos a ser parte de eso, respeto su decisión-
Phillips rió a carcajadas y todas las personas hicieron mucho ruido una vez más, demasiado ruido tal vez, Constantine miraba fijamente a Phillips, Arthur y Terrance, pero no había una sonrisa en su rostro, no una de felicidad por lo menos, más bien era una media sonrisa de esas que dicen Te atrapé.
-La respeto, pero no la apoyo-
Dijo y todos hicieron silencio nuevamente
-Para lograr sus metas, querido Phillips, debo advertirte que no será nada fácil, ya que, como sabrás, los ángeles puros no pueden hacer daño a los humanos, pero los ángeles caídos no son puros, un ángel caído puede ser bondadoso o puede ser un asesino y nadie sabría que es un ángel, por lo tanto no les será fácil asesinarnos-
David sacó su enorme y afilada espada y se dedicó a contemplarla mientras continuaba su charla, la lámina de la espada era negra y tenía runas color rojo que brillaban de vez en cuando, era acero nélico, el acero nélico es extraído de una montaña en Nealdstrag, se dice que cayó del cielo antes de la existencia de los humanos, un acero cuyo filo podría cortar casi cualquier cosa, el mismo que Alloys usaba para crear sus poderosas armas, Phillips solo miraba y escuchaba en silencio.
-Alloys es una gran influencia, tiene muchos seguidores tanto humanos como caídos, tu ejército no tendría oportunidad, así que ¿por qué no detienes toda esta locura?-
Phillips no respondió, solo miró a los profundos ojos grises del joven, queriendo arrancarlos de sus cavidades y dárselos de bocadillo a los perros salvajes, Phillips sabía lo que estaba pasando aunque sus seguidores y su ejército parecían ignorarlo.
-No vamos a cambiar de idea, y tú, pequeño imbécil, cierra tu boca y vuelve a donde perteneces, detrás de tu comandante, justo debajo de su sombra-
Respondió Arthur, iracundo, Constantine lo ignoró por completo, hizo un gesto al aire con su mano y Terrance, la mano derecha de Phillips, se puso de pie, tomó un cuchillo de su cinturón y lo clavo en el cuello de Arthur, quitándole la vida instantáneamente, dio algunos pasos tranquilamente y se puso de pie junto a Constantine, todas las personas quedaron en shock, incluso Phillips, quien hasta ahora no podía entender como no se dio cuenta antes de quien era Constantine, este joven guerrero era un ángel caído y ahora que veía su espada negra, entendió que era un guerrero de Alloys, eso explicaba lo bueno que era en batalla y el hecho de que nunca le ocurría nada en los combates, se había infiltrado en su ejército para detenerlos cuando llegara la hora de luchar junto a Felom, Phillips sacó su espada y en cuestión de segundos todo su ejército estaba a su lado, Constantine sonrió muy fuerte, sus ojos se volvieron negros y oscuros como la noche, parecidos a los ojos de un demonio, tomó su espada y Terrance la suya, una espada roja con runas negras, colores contrarios a la espada de Constantine, el ejercito entero acorraló a los chicos y fue entonces cuando comenzó la primera batalla de la guerra de Lighthold
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El Templo De Los Caidos - Saga 12 Vidas
FantasyGehenna y Marianne son las hijas de Alloys, creador de las armas sagradas hechas para asesinar a los demonios que amenazan a la humanidad, Gehenna quiere poder absoluto, Marianne quiere paz, ambas deben luchar por obtener lo que desean. Fantasía épi...
