Camino lentamente, sin un rumbo definido. No tengo apuros, me echaron del trabajo hace una semana. El dinero apenas me alcanza para mi diminuta pensión y para comer un trozo de pan al día.
No sé cuánto más podré vivir así.
La muerte de mi madre fue lo que me derrumbó del todo... y no sé qué me depara el futuro, si es que tengo uno.
Me canso y me siento en un banco cercano, en la feria de la peatonal. Veo la gente pasar, todos con un destino. Yendo a trabajar, haciendo compras o paseando con sus familias.
Me quedo allí media hora. Luego recorro los puestos mirando las prendas usadas, los collares artesanales, manualidades, juguetes baratos para niños, accesorios para celulares y alguna que otra cosa más típica de las ferias.
Voy de vuelta a mi lugar de estadía. En el camino comienza a llover violentamente. Tengo sólo un par de conjuntos de vestir y este quedó empapado.
Al llegar me cambio, ingiero una manzana arenosa como cena y me acuesto en mi catre.
Mañana será otro día gris. Sólo vivo porque tengo vagas esperanzas de salir de esta miseria algún día.
~
Voy corriendo por la pradera. El sol brilla. Unas nubes esponjosas me dicen que es un gran día. No recuerdo cómo llegué aquí pero lo estoy disfrutando. El aroma a césped y a flores diversas me da una sensación de paz.
Sigo mi camino hasta que algo me detiene.
La pradera se ha convertido en un acantilado de una altura considerable. Me dirijo hacia el borde para ver qué hay debajo y mi rostro se transforma al ver miles de cuerpos putrefactos insertados en rocas filosas. Tienen fracturas expuestas y las vísceras salen de sus cuerpos.
Noto movimiento. Me agacho para ver mejor tapándome la nariz ya que el olor a muerte es tan fuerte que me provoca dolor de cabeza.
Unas criaturas color sangre de menos de medio metro están comiéndose los restos. Tienen un aspecto similar al de un demonio. Patas con grandes garras, brazos exageradamente largos para su tamaño, con dedos y uñas igual de desproporcionales, repletos de sangre. Toman trozos gigantes de carne en descomposición y se los llevan a la boca, la cual abren de una manera que me provoca arcadas. No tienen dientes, tragan kilos y kilos de pudredumbre sin pestañear. Sus ojos son pequeños y totalmente negros, según lo que llego a ver. Sus movimientos son rápidos y me provocan una fuerte sensación de inquietud.
Algo me empuja y resbalo. Intento aferrarme al césped color esperanza, pero caigo al vacío.
Una voz me susurra al oído:
«Ya estás con nosotros»
~
Me despierto a las 04:07 de la madrugada, bañado en sudor y con taquicardia. Estoy agitado y me siento como si hubiera corrido una maratón. Me levanto a tomar agua e ir al baño, para luego volver a la habitación y sentarme en el colchón. Paso unos diez minutos intentando volver a la normalidad, tranquilizándome, hasta que me acuesto y vuelvo a dormir dificultosamente.
~
Despierto unos minutos antes del amanecer.
Me siento pesado, exhausto, y como si no hubiera dormido en días.
Desayuno un café con sabor a tierra y un trozo de pan duro de ayer. Luego tomo una ducha con agua fría. Mientras, pienso sobre aquel extraño sueño. Me dejó una rara sensación que no sabría describirla con palabras. Al secarme, comienzo a sentir que alguien me observa...
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El hombre que habló con Dios
Short StoryAtrapado en su propia miseria, un joven adulto arruinado comienza a atravesar situaciones paranormales. Justo antes de rendirse ante aquellos entes que no le dan un respiro, se ve iluminado por un ser divino, que no es nada más ni nada menos que Dio...
