Al ver a Harry y Louis lo único que podrías pensar es amor. La forma en la que sus miradas se cruzaban timidamente al pasar la calle, el roze tibio de sus manos al caminar y sus grandes sonrisas al ir uno a lado del otro. Posiblemente creerías que son pequeños niños enamorados y que ya se les pasaría, sinceramente lo primero podría o no ser cierto, pero el amor que sentía el uno al otro era puro, dulce y eterno.
Llevaban 2 años juntos y se sentían como segundos, era un cortejo eterno. Todos los días Harry se encargaba de que Louis se sintiera el hombre más amado en el planeta, y sinceramente lo conseguía. Le compraba bellas rosas rojas a dos cuadras de su casa junto a crujientes croissants de chocolate y café americano cada día por la mañana, para despertarlo con una rutinaria sorpresa. Este lo besaba cómo si no hubiera un mañana y era correspondido, los dos eran su todo.
Ciertamente ese día la ciudad se notaba apagada, los autos iban más lento debido al hielo del autopista y la nieve caía sobre las personas creando una fina capa brillante entre ellas. El olor a flores y el calor del sol habían desaparecido por completo, ciertamente eran señales de que ese día no era bueno. Aún así nada detuvo a Harry hacia su deseo de hacer feliz a Louis. Llegó a la floreria con la alegría de cada día, saludando al anciano que vendía, este le dio lo mismo de siempre antes de despedirse con amabilidad.
Esperó en la esquina de la calle con impaciencia, ya casi despertaba su amor y el aún no estaba ahí para abrazarlo, eso le molestaba.
Después de varios minutos de espera el rizado cruzó con desesperación, nada malo podría pasar.
La calle era extremadamente larga lo cuál hizo eterno su paso, los carros iban y venían sin tocarlo, ya casi llegaba.
Miró hacia arriba por un momento, observarndo detenidamente su balcón. Las plantas se notaban mal ese día, las regaría apenas llegará.
De pronto un fuerte pitido lo sacó de su trance, moviendo su mirada hacia el gran auto que se dirigía a el, sus pies trataron de correr hacia el otro lado, dónde se encontraba su brillante futuro con su prometido y probablemente muchos niños, un gran hogar y un buen trabajo; pero ya era muy tarde, el auto lo había alcanzado.
Las ambulancias no tardaron en llegar, provocando un fuerte ruido en toda la calle. Un gran grupo de gente se colocó alrededor de la escena con tristeza, muchos conocían al joven tirado en la acera, "un gran chico" pronunciaban algunos con pena "Espero su novio este bien" concluían.
Un pequeño chico se acercaba con curiosidad al lugar, su novio no regresaba y había salido a buscarlo, encontradose con un fuerte alboroto frente a su edificio. Escuchó los susurros de la gente sin entender, llevando su mirada hacia el centro de atracción.
El cuerpo del chico se quebró, grandes lágrimas salieron rápidamente de sus parpados cegandolo, sus piernas dolían y su pecho subía y bajaba agitadamente por su respiración. Cayó al piso con desesperación, observando todo al rededor, unas lindas rosas rojas se esparcian al rededor del frío cuerpo. Movió su cabeza con desesperación, eso no podía estar pasando.
Luego de varios segundos observando tomó el cuerpo abrazandolo. Su garganta se secó, ardiendole, aún así gritó.
Gritó porque había perdido al amor de su vida.
Gritó por que no soportaba tanto dolor dentro de él.
Gritó por que aunque le ardiera cómo el mismísimo infierno, tendría que vivir sin Harry.
Y sinceramente no podía, el no podía imaginar un mundo sin su amado.
