YoonGi despertó esa mañana más malhumorado que de costumbre, su mejor amigo le había insistido tanto en ayudarle con aquel "pequeño proyecto" que con dos días de planeación y ejecución se sentía irritado y sin ganas de volver a organizar una boda en lo que quedaba de su vida.
NamJoon había vuelto esa madrugada a golpear a su puerta porque "YoonGi, se me han ocurrido muy buenas ideas para el banquete y ¡NO ES POSIBLE QUE JUNGGUKK DECIDIERA LLEVARSE A JIMIN A AMÉRICA PARA AUDICIONAR EN ALGUNA OBRA DE TEATRO!, que espero que les vaya muy bien y puedan cumplir sus sueños, aunque eso signifique que no tengo un vocal para el vals y estoy a punto de volverme loco" y nadie sabe qué pasaría por la cabeza del rubio cuando este somnoliento y con ganas de volver a la cama había dicho "Está bien, hyung. Lo haré yo", y con eso Nam había vuelto a su hogar gritando lo afortunado que se sentía de tener a YoonGi a su lado. Aunque el más bajo sabía que eso lo diría ahora que estaba feliz, porque cuando algo saliera mal sería el primero en culparlo y seguir con la tontería de YoonGi el de la mala suerte.
Llevaba una taza de chocolate frío en sus manos aún con las bajas temperaturas de agosto porque odiaba las cosas calientes, cuando se tropezó con una caja de madera que le hizo soltar más de un improperio, su gatito pardo maulló en protesta por el ruido y cuando quiso levantar lo que casi le arranca dos dedos del pie, su celular sonó sobre el pequeño sofá. Percy movió su cola grisácea antes de pasar entre las piernas de su amo y perderse en la cocina. Un mensaje apareció en la pantalla de su viejo teléfono Samsung, y aunque en otro día hubiese ignorado por completo el desespero de SeokJin a las nueve de la mañana, ese preciso sería imposible, luego de haberse comprometido a ayudar en los preparativos de una boda a la que, entre más horas pasaban, más se arrepentía de haber caído en los ojitos de cachorro de su mejor amigo, pero si tan solo NamJoon hubiese sabido, quizá ni él mismo hubiese aceptado llevar a cabo semejante acto de unión.
Recordar empeoraba toda la situación, quizá si hubiese sido más valiente la vida sería más fácil de llevar, pero había optado por actuar de forma cobarde y aunque quería asegurarse a sí mismo que no se arrepentía, una parte de su conciencia le recriminaba día a día por el vacío que crecía sin parar en su pecho, y que, en algún día radiante, una sonrisa al otro lado del sol le arrastraría de forma que acabaría con él... Y demonios, porque si eso podía hacer una sonrisa, no imaginaba qué se sentiría volver a tocarle una última vez. La alarma de las diez de la mañana le sorprende en el viejo sofá de cuero mientras su estómago reclama algo de nutrientes, y sosteniendo el peso de su soledad se acerca a la nevera de donde saca yogur de melocotón, lo sirve en un tazón rojo mientras enciende la tv olvidándose por un segundo de sus patéticos compromisos.
— Me sigue sorprendiendo la forma tan adulta en que afrontas tus responsabilidades, hyung. — Y ahí está Taehyung recriminándole de nuevo. Toma asiento frente a él mientras que con una cuchara de plástico hallada cerca al frutero, le roba de su yogurt. Percy salta al mesón y su cola se pasea por las mejillas de Tae robándole unas risitas bajas.
— ¿Nos ayudarás en la tarde con todos los preparativos, verdad? — Un asentimiento es todo lo que recibe y luego una sonrisa que no llega a los labios del menor.
No quiero volver a tener esa conversación, así que tendiéndole la taza a su compañero de piso, se pone de pie y dirige al baño, el menos solo suspira y acaricia la cabecita de Percy, piensa "qué fácil la vida de los gatos, solo duermen y comen" mientras lleva otra cucharada a su boca.
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La mañana está pasando más lenta que de costumbre cuando el estómago de YoonGi se contrae por los nervios, lleva una camisa blanca bajo un saco de pana y zapatos de charol, han pasado tres días desde la última lluvia y no sabe qué pasa por la mente de los futuros esposos que quieren una ceremonia a la intemperie.
