Un año y tres días antes...

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Madrid amanece soleado. A mediados de abril el sol empieza a calentar  las calles de Gran Vía, la ciudad empieza a despertarse. 

Muchos se dirigen al trabajo, otros preparan el café recordando los sueños de aquella noche, alguno ya anda con prisas esperando llegar a tiempo para coger el metro. 

En un piso de Chamberí suena el despertador, unas manos pequeñas lo buscan en la mesita de noche que acaba de ser invadida por las sábanas en un rápido intento por desactivarlo. Son las siete menos cuarto. Una joven, aunque para muchos aún una niña, se apresura a subir la persiana y abrir, a continuación, la ventana. El sol se cuela entre las cortinas acariciando su rostro perfecto, parece de porcelana, aunque ella lo niegue. Lo primero que hace es mirar el teléfono, es muy activa en las redes sociales, después se sirve el desayuno, lo de siempre, tostadas con miel y un zumo de naranja. Cuando se lo termina se viste rápidamente, no quiere llegar tarde para el examen.

A las ocho menos cuarto se prepara para salir con su madre, aunque el instituto no está lejos quiere salir con tiempo para evitar el tráfico. Llega quince minutos antes del comienzo de la primera clase, como siempre, puntual.

Unos minutos después llega su mejor y podría decirse también única amiga, Candela. A diferencia de Gabriela, alta y atlética, Candela es bajita y coqueta. Lo que nadie puede negar es que ambas, cada una a su manera, son las más guapas de toda la clase.

Candela tiene el pelo largo y negro como la noche, y cualquiera diría que sus ojos son marrones, pero solo muy pocos se dan cuenta de  las motas verdosas que se pueden llegar a apreciar cuando la miras de cerca, muy de cerca. Su piel es clara y sus labios finos. En cuanto a Gabriela... Su pelo, un poco más corto que el de su amiga, es castaño con algún mechón rubio, así como si el sol se lo hubiera estado peinando; sus ojos, color caramelo y su piel bronceada a la perfección aunque sin que ella haya insistido mucho en ponerse morena. Encima de su nariz, que tiene el tamaño y la forma perfecta, se pueden apreciar unas pequeñas pecas (odiadas por ella) que atraen muchas miradas, bueno, ella entera atrae muchas miradas.

 Por último, sus labios carnosos (pero no demasiado) y su sonrisa enamoran.No miento cuando digo que cualquiera en su sano juicio la asemejaría a la siguiente palabra: perfección.

Así pues, parece extraño (por no decir imposible) que el amor no haya llamado aún a su puerta, aunque en realidad, es ella la que no ha contestado.


Cupido viene a por míStories to obsess over. Discover now