Introducción.

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La noche color escarlata de octubre apoderaba la ciudad de Cozumel. Un relámpago parecía querer ser el protagonista del cuento, pero entonces se pudo deslumbrar con la luz rojiza de la luna cómo un galante hombre de cabello oscuro paseaba por las calles, su smoking negro hacía juego con sus zapatos Jackson. A simple vista se podría decir que es sencillamente una persona que hacía su rutina de ida al trabajo, o de regreso. Pero alguien que se haya encontrado con él más de dos veces sabría con quién estaba tratando.

Mentón en alto, brazos estirados, cigarro en mano y un caminar silencioso era lo que caracterizaba a él. Y es que él estaba en boca de todos y de todas, en especial de ellas. Pues quién en su sano juicio no se ha sentido cautivado por la seguridad que tiene, quién no se ha enamorado de sus manos, quién no ha sentido envidia por la manera en la que él carecía de sentimientos y nunca se comprometía. Nunca se hacía responsable de las almas desoladas que eran condenadas a seguir el resto de su vida esperando una oportunidad.

Él, en cierto modo, hacía que el infierno más eterno y doloroso, que el cielo más perfecto y gustoso parecieran sólo el comienzo de lo que es en verdad sentirse inmortal.

Un montón de capas cubrían quien en verdad era. Todos sabían la historia: una mujer había abusado de su confianza y había hecho de su corazón una armadura para que no pudiera ser vulnerable jamás; ella es desconocida por todos, él prefiere no mencionarla a veces. Nadie, ni la mujer más pura, ni la mujer más triste, ni la más hermosa, ni la más perfecta habían hecho que él cambiara. Aún así nadie se negaba a intentarlo, ignorando las advertencias que ella obtendría, sin saber que podría terminar igual que todas, o peor.

Él mencionaba el nombre de otra persona mientras hacía el amor sin entir remordimiento alguno, incluso uno pensaba que lo hacía a propósito y decidía quedarse. Uno bien podría creer que estaba loco, él es un psicópata que llama prostituta a una dama y que en las noches siempre busca refugio en sus brazos. Se esconde de sus propios demonios.

Uno intenta comprender porqué, cómo. Una persona no puede estar tan dañada y atacar del modo en que él lo hace. Es imposible. Es difícil de entender, a simple vista, aquellas personas que sólo logran enterarse de lo que ha hecho, llegan a reírse de la inocencia que las víctimas tuvieron. Todo cambia cuando se trata de ellas en verdad, y se sabe con exactitud el tormento que sucede en la vida cuando llegan a conocerlo.

Tal vez sea una leyenda al final del día, tal vez las huellas que dejaba en la espalda terminaban siendo quemaduras en el alma, pero no hay nada peor que terminar siendo lastimada por él.

Es tan fuerte el recuerdo que se puede tener de él que al final del día, si se es una persona completamente cuerdo, se piensa en él sin siquiera mencionar su nombre. Él es tan estruendoso que no ha cometido ninguna acción mala, más que caminar por las calles de Cozumel en una noche color escarlata de octubre.

Hasta ahora...

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