1. El piloto

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      Es sábado, 6 a.m. Tengo que estar en el aeropuerto a las 10:00 para comenzar con mi día laboral. Soy piloto, y hoy voy a dirigir el vuelo AR1302 con destino a Miami.

     Me gusta lo que soy y también lo que hago: tengo una esposa y un hijo de 8 años. Dice que cuando sea grande quiere ser como yo. Me gusta servir de ejemplo a las personas para que persigan sus sueños, el mío siempre fue poder viajar por todo el mundo y eso hago.

     Le toco la mejilla a mi esposa y ella abre los ojos.

    -Buenos días- susurro.

    -Hola- responde medio dormida. Se da la vuelta y sigue durmiendo. No la culpo, es sábado.

    Preparo el agua para bañarme. Cuando termino me preparo el desayuno a mí y a mi familia, dos tostadas y un café con leche para cada uno. Como para ellos es día libre no los llamo como el resto de los días de la semana, sino que los dejo dormir. Agarro las llaves del auto y voy a mi habitación para despedirme.

    -Chau, yo ya salgo, les dejé el desayuno y por favor despedime del nene cuando se levante y decile que lo quiero- le digo.

    -Sí, lo haré. Que tengas buen viaje.

    -Gracias, chau. Te amo.

    Salgo y empiezo a conducir. Durante el viaje al aeropuerto pienso en mi esposa y en lo que me planteó hace unas semanas: dijo que no debería comandar el vuelo el día de hoy porque le preocupaba el clima. Habían pronosticado una muy fuerte tormenta eléctrica entre el primer tramo de viaje entre Argentina y Miami. Le prometí que todo estaría bien pero no parecía muy convencida cuando asintió con la cabeza y dijo "de acuerdo" con los ojos llenos de lágrimas.


    Llego apenas puntual. Hoy casi se me hizo tarde porque al perderme en mis pensamientos me adelanté dos o tres cuadras, ya ni me acuerdo. Saludo al copiloto, mi compañero de viajes y además, mi amigo.

    -¡Miren quién llegó!, el impuntual.

     -Sí, sí, gracias- respondo serio por un segundo y después reímos.

    Nos registramos, subimos al avión, saludamos a las azafatas del vuelo y entramos a la cabina. Ahora a esperar: esa es una de las desventajas de ser piloto, hay mucho tiempo de espera hasta que se registran todos los pasajeros, pasan por el detector de metales, suban las maletas, se despidan de sus seres queridos y suban al avión; eso antes de que las azafatas den una lección de supervivencia en caso de que tengamos un problema.

    Al fin es la hora, así que partimos. Tocamos botones, giramos llaves y empezamos a despegar. Al principio hay unos grititos lejanos ya que una pared nos separa de los pasajeros. Para evitar que alguien que no seamos nosotros intente tomar el mando contra nuestra voluntad, tenemos prohibido dejar entrar a nadie.

    -Siempre hay alguna persona que nunca ha viajado en avión y grita como un histérico al sentir la sensación de volar- dice mi compañero tratando de no reír demasiado para mantenerse concentrado en los controles. Río con él concentrado en los míos.

    Tiene razón, siempre hay pasajeros que sienten náuseas bajo esta sensación que me es tan familiar. Me encanta cuando recién despegamos porque es como sentirse bien pero mejor, te despegás del piso y te sentís liviano.

    Las primeras horas del viaje son tranquilas, y con mi amigo hablamos de nuestras familias y sobre nuestras vidas. Lo considero mi mejor amigo ya que comparte casi la mayor parte de su vida conmigo en el avión. Me conoce tanto él a mí como yo a él.

    A lo lejos se ven unas nubes negras: sí, sin duda una tormenta aunque no sé si eléctrica.

    -¿Podemos atravesar esa tormenta? ¿Qué decís? –pregunta.

    -Sí. Seguí con la trayectoria.

    -¿Seguro? No parece solo una llovizna. Mejor aumentemos la altitud- no le parece buena idea la opción que sugerí yo. Eso es algo malo de él: a veces duda de mi liderazgo. A veces se olvida que él solo es copiloto, que yo soy el que manda. Pero de todos modos me fijo en la altitud.

    - Estamos en el límite. Si subimos aún más sería todavía más riesgoso. Tendremos que pasar a través de esas nubes. Solo son eso, nubes.

    -¿Y si rodeamos la tormenta?- vuelve a insistir.

    Otra vez. Ya no soporto más su actitud y respondo, serio:

    -¿Acaso estás desafiando mi autoridad sobre este avión? A veces creo que sí. ¡Pero quiero que sepas que nunca haría nada que pusiera en riesgo la seguridad de mis pasajeros!

    -No, lo siento, no voy a volver a dudar de vos.

    Y seguimos. Empiezan a caer gotas sobre el parabrisas. Disminuye la visibilidad. Aumentan los rayos. Y lo peor: las turbulencias.

    Empiezo a dudar de mi decisión. Debí haber escuchado a mi amigo. A veces me bloqueo por un segundo y digo cosas que no debería decir o hago cosas que no debería hacer, eso es lo malo de mí. ¿Cómo es que se me ocurrió ignorarlo y seguir adelante sin importarme mis pasajeros, mi amigo, el avión bajo mi mando? Sé que dije que nunca haría nada para poner en riesgo la seguridad de las personas que están a bordo, pero no es verdad. Me dejé llevar por mi estupidez y ahora yo junto con las personas que viajan conmigo sufrimos las consecuencias.

    Sin embargo no hay vuelta atrás. Estamos en medio de la tormenta: peligrosos rayos amenazan constantemente y fuertes vientos golpean violentamente la cabina y el avión entero. Miro al copiloto: está asustado, puedo notarlo, pero finge seguridad para que yo no piense que duda de mis decisiones.

    -Perdóname!-grito- ¡Tenías razón! ¡Yo me equivoqué!

    -Lo sé, pero ahora no tenemos tiempo de distraernos, si sobrevivimos podremos hablar más tranquilos, ¿no? Ahora concentrate en lo que ahora considero una prioridad.

    Seguimos pilotendo tratando de liberarnos de este lío en el que nos metí. Las turbulencias siguen y siguen. Suena el timbre del teléfono de la cabina –sí, tenemos un teléfono en la cabina- pero no soy yo el que contesta. El copiloto contesta y parece preocupado. ¿Qué habrá pasado, si no llaman aquí a menos que sea una emergencia? Él cuelga y me mira aún más preocupado de lo que estaba antes de que alguien hubiera llamado y no espera a que le pregunte para decirme lo que sucede:

    -¡Es un niño! ¡Es un niño!- no para de decir- ¡Y está en peligro!

Las acciones hacen al héroeStories to obsess over. Discover now