ISABELLA.
Ordene para merendar, mi menú cada día que venía era el mismo: tres medialunas saladas y una taza de leche con chocolate. Como de costumbre tomé asiento en la barra del bar ya que a esa hora, las mesas estaban todas ocupadas en esta época. La primavera, ya estaba dejando atrás al frió y oscuro invierno. El olor a los naranjos de la plaza, que estaba al otro lado de la calle, bramaba con fuerza. El atardecer se hacía presente por la vidriera, decorando al cielo con algunas nubes de tormenta. El día había sido húmedo y era muy común los cambios de temperatura en la ciudad.
Pero bueno, basta de distracciones tenía que terminar de leer los apuntes sobre "Introducción a la historia del arte, Terminologías y Conceptos Fundamentales". Si, a los trece años en mi primer año de la secundaria habíamos hecho una vista al museo "Bellas Artes". Cuando cruce las puertas del antiguo edificio me transporte a mis sueños, a ese lado donde los colores, el lienzo y los diferentes trazos recreaban una nueva mirada del mundo. En ese momento el arte transformo mis perspectivas. Desde ese instante quería saber todo sobre la historia de cada pintura. Así que me prepara e informe en los siguientes años. Ahora con diecinueve años, cursaba un grado en "Historia del Arte".
Estaba lejos de casa, pero el bar estaba a solo dos cuadras del instituto y era de Mario, el mejor amigo de mi tío Luca, y eso significaba que me podía quedar en él varias horas por la tarde a estudiar o solo a despejarme. Se podriría decir que era "cliente de la casa". El lugar estaba muy iluminado con grandes ventanales en todas sus paredes, tenía un bar enorme con lámparas que colgaban del techo y mesas de caoba negras. Era un poco bohemio con frases y dibujos en sus columnas. Adelante del bar se podía ver una pared que tenía un rectángulo que dejaba ver la cocina.
Se podía distinguir como los mozos corrían de un lado a otro. Como los ayudantes de cocina y los auxiliares (eran aquellos que limpiaban) trabajaban coordinados para ser eficientes. Admiraba a Mario por esas vicisitudes. Tomaba la opinión del cliente sobre todas las cosas, querían que vieran como se trabajaba y demostrar calidad. Los empleados me conocían y cada vez que podían me saludaban.
Ya había pasado una hora cuando me quite los lentes de leer y me frote los ojos. Mi mirada viajo al rectángulo y pude ver a un joven que pasa de izquierda a derecha llevando algunas cajas. Consideré que era un repartidor, ya que no llevaba el uniforme. Y nunca lo había visto. Apenas pude ver su perfil, pero me pareció lindo.
Estaba concentrada en mis apuntes, cuando escuche que alguien tosió forzadamente e irónicamente sobre mi cabeza y unos segundos después habló.
-¿Ya vas a pagar o sigo esperándote para cerrar?-. Esa voz ronca me puso la piel de gallina.
No lo podía creer ya era tarde y que el bar estaba por cerrar. Creo que estaba demasiado concentrada en mis cosas, que ni siquiera me acordaba hace cuanto había terminado de comer. Eso quería decir que ya había anochecido. La verdad no tenía miedo pero mis tíos se molestarían. Y más si una tormenta se acercaba.
-Perdón, se me paso el tiempo volando-. Respondí juntando mis útiles sin levantar la cabeza, centralizada en mis cosas. Eliminando mi enojo por el tono grosero que aquella persona había usado.
Cuando eleve mi vista, un joven de más o menos un metro ochenta. Su pelo era negro corto por los costados y más largo arriba. Sus ojos eran oscuros como la noche, un negro que no había contemplado jamás en mi vida. Tal vez tenía unos veintiuno o veintidós años de edad. Vestía una remera gris que marcaban su musculatura y unos vaqueros negros. Era hermoso. Parecía una escultura sobre algún dios griego, que tuve que estudiar para " Arte griego helenístico". Me llamo la atención que no tenía puesto el uniforme del bar. Y me acorde que él era el repartidor.
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Enterrados en la oscuridad ©
Teen FictionEnterrados en la oscuridad narra la historia de Isabella Brown y Alexander Donovan. Dos puntos de vista completamente distintos sobre la vida. Una noche a pocos minutos de que comience una tormenta, Alex e Isabella coinciden en un bar. Él era el em...
