Capítulo único:

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Por cada hora que pasa, me inunda una felicidad renovada, que sé es muy difícil de derrotar.

Quizás sea solo el principio, pero no puedo parar de sonreir. Aún no se lo he dicho, pero confío en que lo aceptará con la misma o, tal vez, más emoción que la mía.

Me levanto de mi lecho y comienzo a prepararme para el trabajo. Paseo por toda la habitación en busca de mi ropa y un peine que pueda hacer frente al enjambre que tengo de cabello.

Es un día igual a todos los demás, pero por saber de esta noticia, siento que es especial.

El camino siempre es el mismo, e incluso algunas personas lo son también, pero la naturaleza se ve más vivaz y los edificios menos cansados. Mi maletin no está tan pesado y aquellos saludos de compromiso, ya no lo son tanto.

Mi oficina me espera y las horas que faltan para volver, ya no me parecen eternas. Me pregunto por qué. Aunque ya sé la respuesta.

Mis amigos saludan con alegría, y en el almuerzo les cuento mi gran ánimo. Puedo ver sus caras con dejes de lástima, pero sé que en el fondo están contentos.

¿Quién no lo estaría?

El sol se marcha como yo lo hago de mi oficio deseado. Las calles están barnizadas con naranja y el viento adorna con hojas el suelo.

Por fin te veré.

Pienso en cómo podrías reaccionar o en qué podrías decir. Sin embargo, comprendo que, pase lo que pase, todo estará bien, porque estaré junto a ti.

El camino es largo, o quizás los nervios lo hacen así. Sé que con cada pisada me voy acercando y que con cada ensayo de lo que debo decir, menos perfecto me sale. No importa. Solo tú me escucharás, y sé de sobra que será especial.

Porque estoy contigo.

Suspiro y me visto con la mejor de mis alegrías. Los pasillos de tu hogar son largos y un poco sombríos de transitar a estas horas.

Pero, como héroe N°1, no hay oscuridad que sobreviva. Ni mucho menos cuando es un obstáculo entre los dos. Yo haría cualquier cosa por ti, como tú lo harías por mí.

Como tú hiciste por mí.

Te veo.

Te saludo y me siento frente a ti, deseando acompañarte el resto de la tarde. No he traido bocadillos ni adornos. Quizás si debi de desviarme.

Sé que no te importa, ni a mí tampoco lo hace demasiado.

Estar así, el uno con el otro, es más que suficiente y necesario.

Las primeras estrellas aparecen y, con sutileza, nos encierran en nuestro mundo íntimo, donde somos libres y nada, ni nadie, puede separar nuestras alianzas de plata.

Tu calor envuelve mis manos, y el contacto tan fugaz y aparente de tus labios me reconfortan el alma. Entonces lo recuerdo, eso que debía decirte.

Me da miedo, ya que está más allá de donde nos rodean las estrellas y mucho más a la derecha de donde todo pareció terminar.

Aún así, convirtiendo el nerviosismo en lágrimas infinitas, te susurro al oído, o quizás al aire, que seremos padres.

Sí, hay una vida dentro de mí, que lleva tu recuerdo en la sangre y, tal vez, tu imagen en la piel.

Así que, permíteme quedarme así un poco más, donde el viento se convierte en tu voz y esa piedra gris que lleva tu nombre, son vestigios de que exististe y no me olvidarás.

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Muchas gracias por llegar hasta aquí y espero que les haya gustado mi pequeño delirio.

Lo que debo decirteStories to obsess over. Discover now