ú n i c o

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Yoongi se sentía roto. Quería acabar con esa monótona y patética vida que llevaba, llena de dolor, y de injusticia debido a sus padres quienes no aceptaban en lo que su hijo se había convertido en esos últimos años. En lo que había descubierto por sí mismo y lo que le gustaba, lo que le hacía feliz, entre otras cosas.

Parecía que en su vida solo podía hacer lo que sus padres ordenaban. Una estúpida carrera que le llevara a una licenciatura y probablemente a ser un profesional. ¿Acaso creían que el jodido dinero le iba a llover solo por ser un licenciado? Prefería vivir la vida a su manera y crear el dinero como a el se le diera su puñetera gana.

No podía venirse otra cosa a su cabeza, más que dejar su casa. Y eso hizo, tomó sus pertenencias, su dinero y compró pasaje hacia Seúl, donde quería ser un muchacho independiente, libre de regaños y de todo lo que tuviese que ver con la universidad, la carrera que sus padres deseaban.

Claro, en sus ojos -que estaban totalmente cegados por su enojo- parecía todo una muy buena idea que probablemente diese frutos en un buen futuro. Pero qué más daba, la pelea había comenzado por una razón totalmente distinta a sus estudios.

Y se preguntaba, ¿Acaso es que las familias no podían tener la mente más cerrada? ¡Le gustaban los hombres y no veía nada de malo en ello! Amar era amar, y ese concepto podía ser usado por cualquier humano, era un sentimiento que solo podía dejarse fluir y disfrutar de ello sin importar que dijesen los demás.

Todo era una completa mierda.

Pero, por más que odiase a sus padres en esos momentos, los recuerdos del pasado jamás se irían, cuando pensaba que ellos eran las personas más buenas del mundo y deseaba ser como tal. Esos pensamientos se habían ido de él a sus escasos catorce años, cuando conoció más sobre la vida y como eran verdaderamente.

En el camino, sin un destino fijo a la nueva ciudad en la que deseaba encontrar al menos a su amigo que se había ido anteriormente, sentía miedo.

Colocó sus auriculares y dejó que la música fluyera por sus oídos, por más triste que estas fuesen. Un chico a su lado, a quien creía conocer de hace tiempo, comenzó a tocarle delicadamente su hombro, provocando que el de cabellos azabaches respondiese ante ese contacto del pequeñín.

- ¿Min Yoongi? - Sonrió y cubrió su boca algo tímido. - ¡Woah, pensé que no volvería a verlo!

El chico lo miraba perplejo, tal vez pensaba que había arruinado la atmósfera que había conservado antes de atreverse a llamarle a juzgar por su seria expresión y unos ojos bastante llenos de lágrimas.

- Eh, ¿Qué pasa? ¿Hice algo malo?

- No es nada. - Pasó sus finos y largos dedos por debajo de sus ojos, limpiando así el agua que había intentado -y logrado, tal vez un poco- salir de donde pertenecían. - Perdón... Por reaccionar así.

- ¿Ha pasado algo malo? - El de cabellos azabaches negó con la cabeza, mintiendo. - Hyung, sé que me fui a Seúl hace años, pero sigo conociéndolo perfectamente.

Jimin secó tranquilamente todas las lágrimas que se volvían a formar en los ojos del mayor. Y para él, realmente era una persona bastante importante a la cual apreciaba desde que lo había conocido. No esperaba tal encuentro, pero al parecer estaba satisfecho con todo eso. El encontrarse con quien más esperaba desde hacía años, finalmente estaba pasando.

Y si de animarlo de cualquier cosa se tratase, estaba completamente dispuesto a hacerlo.

***

El viaje no había sido muy largo, sin embargo, el tener al pequeño castaño junto a él, había logrado estar un poco más tranquilo. Sí, seguía triste, porque no era algo que se pudiese dejar solamente así. Una pelea con sus padres era grave, y probablemente no pudiese volver a ver de nuevo a su adorable Holly.

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