Prólogo.

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Aún puedo recordar la noche que conocí a Michael Owens.

Nuestros mundos no podrían ser más diferentes. Fuimos entrenados para ser enemigos mortales desde el momento de nuestra creación. ¿Quién diría que las cosas entre ambos terminarían de esta forma?

Recuerdo a mi madre, su cabello castaño rizado, sus ojos amables, su característico color de labial rosado y, sobre todo, sus sabios consejos. Esos que solía darme cuando me consolaba después de sufrir alguna "tragedia" infantil. Ella solía estar en la cocina todo el tiempo, ese era nuestro pequeño refugio, nuestra guarida secreta, por decirlo de alguna manera. Era nuestra zona segura, el lugar donde vivimos tantas cosas felices y maravillosas, pero también tristes y amargas. Incluso el día que enterramos a papá, ella se refugió en ese lugar.

          - Tranquila pequeña mía – Me dijo acariciando tiernamente mi cabello tan similar al suyo. Acabábamos de volver del cementerio. A pesar del clima tan frío que había hecho ese día, mi madre insistió en que ambas usáramos vestido, a mi padre le encantaba que lo hiciéramos y ella quería hacerlo en honor a él. Yo no había podido dejar de llorar cuando comprendí a mis cortos seis años, que no volvería a verlo leer el periódico por las mañanas, que ya no volvería a leerme cuentos para dormir, que no iríamos juntos al parque los fines de semana y que ya no regresaría a casa. – Las cosas siempre suceden por un motivo – Aseguró forzando una sonrisa en su rostro escarlata e hinchado. Sus ojos tenían el mismo tono que su rostro y se veían bastante saltones por la hinchazón, aun en esos momentos, hasta yo pude entender que le costaba contener el rió de dolor que brotaba de sus ojos sin que pudiera contenerlo del todo. Trataba de ser fuerte por mi y no quebrarse con el sufrimiento que llevaba por dentro para que yo tampoco lo hiciera – A veces, cuando algo muy bueno viene adelante... Tenemos que pasar pruebas muy difíciles para que podamos comprender la magnitud y la hermosura de lo que se aproxima, y no debes juzgar ni guardar rencor por lo que debas enfrentar. Aprecia cada momento bueno, atesóralo, y un día entenderás porque las cosas pasaron así y ese día te darás cuenta de que nada pasa por casualidad y que nada es en vano mi amor, nada.

Aun puedo sentir el beso cargado de dulzura y amor que mamá deposito sobre mi cabecita entre sollozos llenos de desconsuelo.

En aquel entonces no comprendí del todo sus palabras. Ahora creo que, tal vez, se lo decía más a ella misma que a mí, como si de esa forma se estuviera convenciendo de que las cosas así eran y justificar la muerte de papá para contrarrestar su pena.

La forma en la que Michael y yo nos conocimos fue demasiado extraña e inusual. Mucho distaba de ser un encuentro cursi y romántico. No, para nada lo fue.

Claro que, mi historia con «Ese sujeto» tampoco había sido de lo más rosa.

«Ese sujeto» fue quien me condeno a esta vida llena de oscuridad y soledad. Él, mi creador, aquel quien me condeno a una vida de asesinatos y me otorgo lo que él mismo llamo "el regalo de la eternidad" - una condena sería un nombre mucho más apropiado - En mi memoria permanece fresco nuestro primer encuentro ese frio hospital, donde la muerte me aguardaba. Sabía que mi momento había llegado y aunque no estaba lista para abandonar este mundo, una parte de mí se alegraba pues podría volver a estar con mis padres después de tanto tiempo. De repente, apareció ante mí un hombre alto y de un físico que cualquier otro ser humano masculino envidiaría. La belleza de su rostro debería ser irreal y prohibida, no podía creer que un ser tan hermoso como él realmente pudiera existir, sin embargo, esa belleza contrastaba con la dureza de su mirada tan roja como las mismas llamas del infierno. Entonces comprendí, que él no era un ángel que iba a llevarme con él al cielo como hubiera podido pensar.

Su vestimenta oscura y sus ojos de mirada cruel más bien parecían los del mismísimo demonio. Si la calamidad fuera una persona, definitivamente luciría exactamente como él.

Podría decirse que mi historia con Michael había iniciado con el trágico final de mi vida con «Ese sujeto».

De la misma forma podía recordarla a ella perfectamente. Tenía el cabello rubio más hermoso que había visto en toda mi vida humana y la belleza de su rostro y figura era incomparable, nada que ver conmigo, mi triste tono caoba y mi figura más bien delgaducha no tenían punto de comparación. Era hermosa, casi tanto como despiadada. Ella al igual que «Ese sujeto» me habían ayudado - si es que se le puede llamar así – durante todo el proceso de mi transformación. Claro que ella había sido más una amiga y menos cruel que nuestro amo. Incluso me había ayudado a tratar de escapar durante los primeros días de ese confinamiento al que mi creador me tenía sometida.

Él, por otro lado, era una bestia. Cruel, salvaje, sanguinario, frio, calculador y, sobre todo, despiadado. Muchas veces comprobé por cuenta propia las atrocidades que era capaz de cometer para conseguir lo que quería, y él quería muchas cosas.

A Él no le gustaba que le llevaran la contraria, no le gustaba que le dieran ordenes o que lo cuestionaran. Le gustaba controlar y manipular a todos a su antojo, asesinar a sangre fría y, lo que más disfrutaba era torturar a quienes osaban ponerse en su contra.

Torturarme a mí.


***NOTA: ¡Hola! soy nueva en esto de la escritura, probablemente encuentren algunos errores que se hayan pasado por alto al momento de corregir y subir,  así que quiero disculparme por adelantado. Tratare de que ocurra lo menos posible.

El regalo de la Eternidad ©Stories to obsess over. Discover now