Libre

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La noche había caído sobre las vastas llanuras de Hyrule. En una pequeña arboleda, dos jóvenes habían encendido una hoguera en la cual se estaba asando un trozo de carne. Se respiraba un ambiente cálido y familiar; mientras la princesa se dedicaba a inspeccionar diversos datos en su piedra sheikah, su joven paladín se dedicaba a frotar su piedra de amolar contra el filo de su espada.

Zelda levantó la cabeza de sus anotaciones y observó a Link. Sacudió la cabeza.

"Este chico. Sabe que no es necesario afilar la espada sagrada, y sin embargo, él lo hace todos los días"

El joven caballero había hecho un juramento antes de los cruentos acontecimientos de hacía 100 años, y se veía sujeto a cuidar de su señora pasase lo que pasase. Pero Zelda había tomado una decisión. Link se sobresaltó cuando la princesa se levantó repentinamente y se dirigió hacia él. Link no pudo hacer otra cosa que tirarse al suelo de rodillas.

- Mi señora

- Link, mírame.

El joven alzó la vista para encontrarse con los ojos color verde aguamarina de su princesa. Ésta alzó su mano enguantada sobre su cabeza.

- A partir de este momento, y hasta el fin de tus días, quedas liberado de tus responsabilidades como caballero. El juramento queda anulado, y ahora eres libre de ir a donde te plazca y de hacer lo que quieras con tu vida, sin necesidad alguna de preocuparte de cuidar de mi vida.

- Alteza, yo....

- Llámame por mi nombre, Link. Te recuerdo que ya no nos une ningún tipo de juramento. Cuando amanezca... No, que diantres, desde ya mismo eres libre de coger a Epona e irte a donde quieras a hacer lo que te plazca sin tener que volver a dirigir un solo pensamiento hacia mi persona. Yo tengo mi piedra sheikah para guiarme, y a Sith para protegerme y hacerme compañía -Señaló a su palafrén blanco, el cual pastaba junto a Epona- Mañana partiré al río de los zora a inspeccionar a Vah Ruta, y tú puedes irte a donde quieras, o venir conmigo.

Link estaba alucinado por todo lo que estaba sucediendo. Sí, ser libre estaba muy bien, y todo eso, pero ¿que hacía a Zelda pensar que no quería ir con ella? ¿tal vez su presencia le era incómoda? Eso le hacía sentir mal, ahora que había empezado a ver en ella a una buena amiga con la que sentarse a charlar, o con la que compartir las nuevas técnicas de combate que había aprendido durante su periplo.

- Prince.... Quiero decir, Zelda, ¿que le... te hace pensar que no quiero ir con vo... contigo?

La muchacha se sonrojó. Le parecía adorable lo mucho que le costaba no tratarla como su superior.

- Link... ¿de verdad que no te molestaba hacer de guardaespaldas?

- ¡claro que no! Es más, yo disfruto con mi trabajo. Me hacía sentirme útil. Además, pienso en ti como una buena amiga con la que he compartido multitud de buenos momentos. Cuando fui a ayudarte a derrotar a Ganon no lo hice por mi juramento, sino por que eras mi amiga, y los amigos siempre están ahí cuando se les necesita. Me sentí un poco ofendido cuando me preguntaste si de verdad te recordaba.

Link estrechó las manos de Zelda entre las suyas.

- No vuelvas a pensar en eso nunca más. Soy libre, sí, pero mañana partiré contigo al río zora, y no lo haré por obligación, sino por placer
"y porque te amo»

- Link.... no sé que decir...

- No tienes que decir nada, Zelda.

Y acto seguido, el joven envolvió sus brazos en torno al torso de Zelda y la estrechó en un cálido abrazo lleno de afecto. La joven, al principio sorprendida, correspondió al abrazo de Link, sorprendida de tenerlo tan cerca. No obstante, fue ella la que rompió el contacto.

- Esa pata de ciervo huele que alimenta. ¿no crees que se quemará si no la sacamos de ahí?

- Estoy de acuerdo.

Unos minutos más tarde, Link y Zelda se dedicaban a comer de la jugosa pata mientras recuperaban fuerzas para otro día lleno de aventuras y exploraciones.

LibreWhere stories live. Discover now