Avanzo por los estrechos pasillos del instituto, busco el aula numero tres entre los diversos salones y al final de todos se encuentra este《Aula n.3 Psicología》leo en el pequeño rectángulo dorado con letras negras centrado en la parte superior de la puerta. Doy dos suaves pero audibles golpes, enderezo mi espalda y cuadro los hombros esperando respuesta, y a la vez deseando que no llegue para largarme de ahí.
¡Dios! ¿En que diablos estabas pensando Rosa?
Los sucesos del receso de ayer me golpean. Oh, ahora lo recuerdo bien.
— Adelante — escucho una voz ronca y formal.
Abro la puerta y asomo mi cabeza para poder visualizar donde se encuentra el supuesto psicólogo, sentado detrás del escritorio marron, se encuentra mirando entretenidamente unos documentos entre sus largos dedos.
—Buenas Tardes — saludo educada.
Levanta la vista curioso y esboza una sonrisa.
Su cabello es castaño obscuro y un poco largo del copete aunque bien peinado hacia atrás, su mandibula es cuadrada y su frente amplia, tiene ojos azules claros y pequeños con pestañas estrechas, nariz perfilada y labios delgados. Lleva una camisa blanca ajustada al cuerpo, es demasiado joven diría yo, así el alumnado poco lo respetara.
—Buenas Tardes, tú debes ser Rosa ¿no es así? —pregunta atento.
—Así es — confirmo neutra —.He sido enviada por el director.
—Si, he sido informado, por favor sientate —pide mientras guarda los documentos en algún cajon.
Lo hago y suspiro pesadamente, no quiero estar aquí.
—Bueno, ahora ¿sabes por qué estas aquí, no es cierto?
—Lo sé, mas no le veo lo necesario — argumento seria.
—El director y tus respectivos maestros no están de acuerdo con eso, por lo tanto tendrás que asistir una vez a la semana al consultorio, hasta que yo diga lo contrario ¿De acuerdo?
Lo miro molesta, y asiento disgustada.
—Bueno, ahora platícame ¿Qué fue lo que paso ayer durante el receso?
—Usted sabe que paso —respondo con una mueca de enfado.
—No, no lo se.
—Por supuesto que lo sabe —le miro incredula y me cruzo de brazos.
—No, yo no estuve ahí, y nadie mejor que tú sabe lo que hiciste —responde sereno. —Ahora, te escucho.
Bufo molesta, y preparo fugazmente una distorsión a la realidad.
—Pues vera, las cosas pasaron así; yo me encontraba con mi grupo de amigos, Gregorio, Sebastian, Lorena y Bianca, estábamos repasando la materia de Historia puesto que hoy tendríamos examen, ahí tranquilos y serenos llegó Samantha Rios la vibora imperial— reprime una sonrisa mientras me observa.
—Continúa.
—Ella ha estado molestandome desde que inició el año, no se por que, pero así es. Ese dia no sería la ecepcion, solo que esta vez yo no contaba con la paciencia suficiente para soportar sus burlas o comentarios estúpidos. No tengo que lidiar con ella. Así que me descontrole y le di un empujoncito.
—Sabes, a mi me contaron algo un poco diferente —responde inclinandose sobre el respaldo de la silla y sonriendo.
—Ah si, y .. ¿que mentirilla le contaron?
—Segun Samanta, quien también pasará a consultas igual que tú, las cosas fueron así: Ella se acercó a su mesa, les ofreció prestarles a ustedes el libro que aún no habían obtenido por su elevado costo y amablemente se los quiso compartir, tú te negaste a recibirlo e iniciaron una discusión sobre por que les negabas a tus amigos contar con supuesto libro, perdiste los estribos y la golpeaste.
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Atrapada
General FictionLa obscuridad había llegado y decidida caminé en la noche quieta, sigilosamente deslise mis pies por los pasillos de mi silenciosa morada. Mi respiración estaba serena como me había dicho mi padre que debía ser siempre. Aunque mi corazón quería adel...
