Yuuri Katsuki jamás había sido del tipo de persona que nace con talento. Siempre se había esforzado a su máximo, y sin embargo, eso no siempre era suficiente.
Se deprimía con facilidad y daba el fracaso por sentado. Su alta autoestima siempre estaba baja, y sin embargo, había cautivado completamente su atención. Le había hecho viajar desde Rusia por la simple razón de que en él vio lo que más necesitaba en esos momentos. Le dio la motivación para continuar con su inspiración, y la motivación para seguir con el día a día de su vida diaria. El verlo en aquél video interpretando su pieza le dio un giro totalmente diferente a los movimientos. En sus ojos había determinación, y algo más que no supo cómo interpretar en su momento.
Yuuri Katsuki se había convertido en el salvador y dueño de los pensamientos de Victor Nikiforov.
La primera vez que se vieron en Hasetsu, Victor tuvo que admitir que el estado lamentable de Yuuri le decepcionó un poco, sin embargo no fue lo suficiente como para desistir. Yuuri, con el tiempo, se había convertido en el impulsor de otros patinadores, y eso le provocaba a Victor sentimientos encontrados, pues por un lado, le alegraba saber que él era capaz de ser una fuente de inspiración para todos –en muchos aspectos-, por fin se estaban viendo reflejados sus esfuerzos a los ojos de muchos. Estaba siendo reconocido como un rival para todos. Pero por otro lado, Victor quería que Yuuri sólo le mirase a él, que rivalizara y enemistara en su patinaje sólo por él y para él.
Estaba siendo egoísta, eso lo sabía mejor que nadie, pero le provocaban ciertos celos verlo siendo tratado tal y como él lo hacía por los demás. Viendo cómo, poco a poco, Yuuri encontraría su propio camino y ya no lo necesitaría; sería un triunfador independiente de Victor, sería alguien digno de admirar –y no es que no lo fuese ya-, y la idea le dejaba intranquilo.
Victor sabía que Yuuri le dedicaba su eros, su patinaje y quizá era muy egoísta decir que quizá le dedicaba su vida, pues había entrado a su habitación en algunas ocasiones para encontrarse con las paredes llenas de su rostro, de su carrera en el patinaje. Yuuri había encontrado la motivación del patinaje en Victor, y ahora que Victor había encontrado su propia motivación en Yuuri, sabía que no podría dejarlo nunca más. Yuuri, a pesar de haber estado poco tiempo con él, se había vuelto una parte importante en su vida.
"Mírame sólo a mí", había escuchado numerosas veces antes de sus interpretaciones, y se jactaba de que así lo hacía. No miraba a nadie más que a Yuuri en la pista. Su atención estaba totalmente concentrada en el japonés, y no le importaba mandar al diablo todo lo demás.
Intentaba siempre darle ánimos cuando lo necesitaba, ser su apoyo moral. Intentaba ser algo más que un simple amigo, un coach o un guardián, y Yuuri le permitía estar con él. Le permitía sobrepasar a su manera los límites coach-pupilo. Le había hecho promesas, propuestas llenas de su motivación por el oro y porque siempre se mantuviese a su lado. Le había pedido que jamás se fuera. Un deseo egoísta, pero al fin y al cabo, se alegró por aquellas palabras.
¿Entonces por qué demonios le había dicho que acabaran con todo?
¿Acaso Victor no era suficiente para Yuuri o habría ya encontrado su propio camino y no lo necesitaba?
La idea le asustaba. Lo dejaba desprotegido.
Las lágrimas rodaron por sus mejillas, y el sentimiento de ira entremezclado con cólera se hacía presente en el peligris. ¿Por qué estaba tan enojado?
"Está bien, terminemos con todo", las palabras salieron antes de que siquiera pudiese pensarlas.
No, eso no era lo que quería decirte.
"Dejemos todo esto y hagamos como que nunca pasó". Yuuri simplemente le miraba, con duda y un atisbo de lágrimas en los ojos.
Por favor, di algo.
"Separémonos" cuando escuchó su propia voz decir algo tan horrible, se arrepintió. No pudo parar sus propias lágrimas, ni controlar sus manos que temblaban de ira.
Yuuri...
YOU ARE READING
Medalla de Oro
FanfictionYuuri Katsuki jamás había sido del tipo de persona que nace con talento. Siempre se había esforzado a su máximo, y sin embargo, eso no siempre era suficiente. Se deprimía con facilidad y daba el fracaso por sentado. Su alta autoestima siempre estab...
