—¡Vamos Dan, corre más rápido!—Se escuchaban las pisadas de unos niños en el bosque, al igual que algunas hojas de colores cálidos rompiendose a su paso—.
—No puedo ir a tu ritmo... ¡Vas muy rápido!—Un pequeño moreno cayó al suelo, manchando su ropa en el barro. Levantó y se miró a si mismo, sollozando levemente. El rubio se acercó a donde estaba, limpiando un poco el barro de su ropa y sonriéndole—.
—¡No te preocupes, solo es barro, se puede limpiar! Vamos, vamos, casi llegamos allí...—Lo agarró de la mano inocentemente y caminó junto a él, tarareando una canción que tranquilizaba al menor—.
Llegaron después de unos minutos a una bella arboleda donde el sol brillaba con debilidad entre las hojas de los árboles que casi tapaban el cielo, el cual ya estaba por oscurecerse.
—¿Qué te parece? Mi hermanito me enseñó este lugar cuando volvió del extranjero...
Por supuesto que a Dante le parecía un lugar hermoso, uno que nunca había visto antes. Su amigo corrió para después saltar sobre las hojas secas, riendo mientras lo invitaba a saltar con él, a lo que hizo caso y se tumbó de un salto a su lado.
—Oh... Dan, tenía que decirte algo importante.
—¿Qué pasa?—Miró al rubio, el cual estaba admirando el cielo seriamente.-
Dio una pequeña pausa, tragando saliva mientras buscaba las palabras necesarias. No quería que Dante lo odiase—.
—Mi hermano me llevará con él al extranjero...
—¿Y cuando volverás?—Sinceramente el pequeño no entendía nada. Cuando el rubio lo miró pudo saber lo que sucedía, él no volvería—. ¿Q... Qué? ¿Por qué te irás?
—Mis tíos ya no pueden cuidarme y mi hermano lo hará por ellos... Como ya sabes, él vive en el extranjero, entonces me llevará con él.
El moreno bajó la mirada mientras sentía que su vista se nublaba. Quedaría solo en el colegio, no tendría con quien jugar ni tampoco tendría quien lo protegiera de los niños que se metían con él. Cerró los ojos por un momento, dejando caer las cristalinas lagrimas que emborronaban su vista.
   — No llores, hagamos una promesa.—Continuó el pequeño mientras limpiaba sus lágrimas—. Te prometo que volveré del extranjero, entonces, nos volveremos a ver y no nos repararemos nunca más, ¿de acuerdo?
   —S... Si...—Lo volvió a mirar, mostrandole una ligera pero sincera sonrisa—.

✹✹✹

El escandaloso sonido de la alarma sonaba por toda la habitación, obligando a un joven adulto a levantarse y apagarla sin ganas. Era una mañana de sábado, donde ya se escuchaban a las personas caminar en dirección al mercado y a los pájaros trinar alegremente. Los recuerdos inundaban su mente esa mañana, al igual la promesa que su mejor amigo le hizo un día. Dio un suspiro mientras revolvía levemente su cabello, para después dejarse caer de nuevo sobre su cálida cama.

Después de unas horas el timbre comenzó a sonar sin parar, alejandolo de nuevo de sus sueños y obligándolo a levantarse para ver quien lo decidió molestar tan temprano.
—Ya voy, ya voy...—Caminó sin ganas por un pasillo algo oscuro hasta llegar a la entrada principal de su piso. Cuando abrió la puerta una joven lo miraba con una tierna sonrisa—.
—¡Buenos días dormilón! ¿Qué tal amaneciste?—La chica pasó sin permiso y observó una por una las habitaciones de la casa, haciéndole un puchero al terminar—. ¿De nuevo está todo desordenado? Por Dios, Dante, incluso yo que tengo cinco hermanos no tengo la casa así.
—No entres si te vas a quejar.—El moreno cerró la puerta por la que entró la joven y caminó hacia su cocina a paso lento y torpe—. ¿Por qué has venido tan temprano? Son las...—Miró el reloj de cuco que estaba sobre una pequeña estufa mientras que preparaba café para su amiga y obviamente para él también—. Ocho... ¿Las ocho? ¿Estas loca? Sabes que apenas puedo descansar y me haces madrugar uno de mis días libres.
Una risilla asomó por la boca de Naiara, la cual se sentó en la pequeña mesa que había frente a una ventana.
—No te quejes, hoy es un día muy importante, ¿lo has olvidado?
—¿Olvidar qué?—Dante dejó los cafés sobre la mesita, sentandose mas tarde frente a la chica—. No sé de qué me hablas.
   —¡Idiota! Hoy íbamos a ir al centro comercial con mi nuevo coche.—Naiara removió su café y tomó un sorbo, poniendo una mueca de desagrado al momento—. Qué amargo...—Murmuró mientras buscaba con la mirada el azucarero. Cuando lo visualizó lo agarró y echó un par de cucharadas de azúcar a su taza, probándolo de nuevo—.
   —Bueno, eso explica porqué tenía una alarma tan temprano.—Tomó también un sorbo de su café, rodando sus ojos—. No está tan amargo.

Después de desayunar, la joven dejó que el chico se duchase y vistiese, para después guardar las llaves de su apartamento junto con su celular en una pequeña mochila de tela que tenía desde hacía años.
—Vamos, vamos... Tengo ganas de que veas a mi bebé.—Canturreó la castaña mientras bajaba las escaleras delante de él alegremente—.
—¿"Bebé"?—Ambos rieron y entraron en el nuevo coche de la chica, poniéndose inmediatamente el cinturón de seguridad—. Tengo miedo de que atropelles a algún peatón o te comas una farola.
—¿Por quién me tomas? Soy una buena conductora, si no, no me habrían dado el carnet.
—Como digas.—El motor del coche sonó y Naiara arrancó rumbo al centro comercial—.
Todo parecía normal, hacía un día despejado y la gente iba a lo suyo, pero Dante sentía que algo pasaría, algo muy interesante que haría que hubiese valido la pena despertarse aquella mañana.

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⏰ Última actualización: Aug 29, 2017 ⏰

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