Melanie abrió la puerta de su casa dejándome pasar detrás de ella, encontrándome con un inmenso interior perfectamente decorado con colores cálidos y cuadros modernos adornando las paredes.
-Siéntete como en tu casa- dijo ella cerrando la puerta para luego dejar las llaves sobre una repisa.
Melanie era mi compañera en clase de literatura, y juntas debíamos hacer un tedioso trabajo sobre la vida de Leonardo Da Vinci, incluyendo una ridícula e innecesaria maqueta además de las aproximadamente quince hojas que tomaría toda la investigación. ¿De qué demonios sirve un montón de cartón con pegamento y pintura que todos sabemos que terminará en la basura?
Ambas procedimos a subir las escaleras rumbo a la habitación de Mel, y al entrar en ella me senté en el borde de la mullida cama dejando mi mochila en el suelo. Melanie automáticamente tomó asiento frente a su computadora y comenzó a buscar la información que necesitábamos para el trabajo, frunciendo el ceño con una mueca de concentración absoluta al leer cada párrafo.
-¿Dónde está el baño?- mi vejiga reclamaba una descarga urgente.
-Es la puerta al final del pasillo-contestó sin despegar sus ojos del monitor.
Me levanté de la cama y a paso apresurado me dirigí hacia la dichosa puerta, topándome con el desalentador hecho de que estaba cerrada.
Rogando porque no hubiera nadie, acerqué mi mano para tocar la puerta, lo cual fue el peor error que pude haber cometido.
La puerta se abrió antes de que pudiese dar el primer golpe, dejándole a mis ojos una vista que era equivalente a seis puñaladas en una pierna.
Frente a mi, se erguía algo parecido a un ángel, con las puntas de unos mechones castaños derramando gotas de agua sobre sus mejillas, el torso descubierto y una mísera toalla cubriendo la parte inferior de su cuerpo.
Al verme, su rostro adoptó una mueca de diversión, probablemente por el hecho de que estaba completamente paralizada.
-¿Qué se te ofrece, bonita?- dijo sonriendo de lado mientras se apoyaba en el marco de la puerta cruzando los brazos.
«¿¡Que "que se me ofrece"!? Por Jesucristo bendito, bésame si no es molestia.»
-Necesito el baño- dije en un tono casi inaudible. No podía dejar de verlo y me avergonzaba pensar que seguramente había un hilo de baba colgando de mi boca.
-¿Segura que no necesitas nada más?-su rostro se volvió serio, y comencé a preocuparme cuando se inclinó hacia mi. Su cercanía me intimidaba, y el aroma de su perfume me estaba dejando en un estado de completa inconsciencia.
Negué con la cabeza en respuesta.
-Qué raro-ladeó su cabeza mientras fruncía el ceño-. Podría jurar que necesitas un extintor de incendios para esto- dijo colocando una mano suavemente sobre mi rostro. En efecto, su tacto era ridículamente frío, y no porque su mano estuviera a una baja temperatura; eso era a causa de que mi rostro se estaba quemando.
-Qué gracioso-exclamé con sarcasmo.
Se acercó un poco más, y sólo bastaban unos pocos centímetros para que nuestros rostros hicieran contacto.
-Iba a ofrecerte un beso, pero eso sería equivalente a rociarte con alcohol y lanzarte un encendedor.
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Quiero dedicarle esta novela a una amiga muy muy especial para mí a la cual obligué a acompañarme al recital de CNCO y que hoy en día es una fan loca gracias a mí 💜
Espero que les guste la historia.
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Mi pequeño tormento | Z. J. | C. V.
FanfictionAlto, musculoso, rostro de ángel y una gran habilidad para hacerme babear; ese era Zabdiel. Y a pesar de tener la lista completa de los factores del chico perfecto, a veces me veía cediendo ante la tentación del lado oscuro... Christopher. Trailer d...
