Mi muerte

116 3 2
                                        

Mirando el techo de mi habitación me siento tan tranquila, blanco y pacifico me hace sentir como si todo estuviera en calma, cuando la verdad es que no lo está.

Mi nombre es Sarah, tengo 14 años y estoy en plena juventud, pero los doctores han confirmado que no viviré más de 2 años. Hace unos cuantos días tuve un sueño, en el que miraba como moría, mis ojos se iban cerrando y mi piel se volvía blanca, tal como el techo de mi habitación.

Algunos días eh pensado en el suicidio, pienso que si muero ahora ya no tendré que sufrir más de esta enfermedad que maldigo, de esta enfermedad que me ha quitado mis días de adolescente. Algunas personas dicen que el suicidio es cosa de valientes ya que al morir vamos a un lugar desconocido, no sabemos que nos espera después de la muerte. Solo los valientes se atreverían ir solos a un lugar desconocido.

Yo no pienso que sea de valientes, pienso que enfrentar nuestros problemas eso si es de valientes, pero claro yo no soy valiente.

Sostengo con mi mano izquierda una navaja, mientras que con la derecha tapo mi boca tratando de calmar mis sollozos, un chillido escapa de mi boca así que trato de tranquilizarme “no tengo porque preocuparme después de esto no tendré que sufrir más” repito esa frase en mi cabeza. Después de calmarme observo la hora en el reloj a un lado de mi 3:20 am. Esa será la hora de mi muerte, 27 de marzo de 2014 a las 3:20 am, ya no importara nada. En esta semana había planeado salir con mi prima al cine, comeríamos palomitas y nos divertiríamos, pero después de eso seguramente tendría una recaída con los problemas de mi corazón. Mañana me despertaría como todos los días, desayunaría con mis padres y mi madre se despediría de mí con un beso en la frente, pero después de eso volverían las pesadillas de nuevo. Mis amigas me esperarían en el colegio, hablarían de lo bien que se la pasaron el fin de semana y todo lo que pudieron hacer pero yo me quedaría callada porque gracias a mi enfermedad no se me permite hacer casi nada, el maestro de literatura volvería a contar sus chistes graciosos y todos reiríamos  pero después de eso, cuando la noche llegara yo volvería a llorar y pensar solamente en el final. Nada de eso valdría la pena.

1 digo en mi cabeza, acerco la navaja a mi cuello, 2, retiro mis risos dorados del cuello, 3 mi sangre se desparrama por las sabanas de color rosa, ahora lo único que veo es sangre y mi vista se va nublando. Seguramente ahora me veo como en mi sueño, igual de blanca que el techo de mi habitación, espero también verme tan tranquilo como él. Eso me hace sentir feliz, pero antes de que mi cerebro deje de funcionar, otra frase llega a mi cabeza “no volveré a ir al cine, mi madre nunca más me dará desayuno, nunca volveré a ver a mis amigas, jamás volveré a ir al colegio” una lagrima cae por mi mejilla y mis ojos se cierran.

Mi muerteWhere stories live. Discover now