Conciencia?

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  Estaba otra vez en la misma habitación blanca. Camas de cuarto de hospital, si, de esas con sábanas blancas y cubrecamas azules.
  Solo había dos. En una estaba yo. Y en la otra nadie.
  Decidí levantarme. Me vi en uno de los espejos. Tenía puesto el pijama color azul. Como la otra vez.
  Y empezé a sentirlo de nuevo. Alguien se acercaba.
  Intenté ver por la ventana que daba hacia el pasillo, pero no había. Intenté ver por la ventana que daba hacia el patio, pero no había.
  Ya estaba aquí. Esta iba a ser la última vez que la iba a ver. No iba a permitirlo más. Esta noche alguno de los dos moría.
  Se acercaba con todo el pelo en la cara. Era negro y despeinado. También tenía puesto el pijama de hospital.
  Busqué algo para defenderme, no lo encontré. Así que me imaginé con un cuchillo. Ahora si. Ya estaba listo.
  Se acercaba cada vez más rápido, caminaba erguida.
  Yo ya estaba preparado, agarraba cada vez más fuerte el cuchillo.
  Ya estaba a pocos centímetros de mí. Así que levanté mi arma y la apuñalé.
Pero no le pasó nada. Su herida se cerró al instante en el que saqué el cuchillo de su cara.
  De nuevo la apuñalé y su herida se cerró.
  Nada funcionaba. Ya lo había intentado 36 veces. Revólveres, espadas, katanas, lo que sea. No funcionaba.
  Era inmortal. Era imposible matarla. No había forma.
  Ya no sabía cómo escapar.
  Ya sé.
  Imaginé una puerta. Ahí estaba. Empecé a correr. Estaba por salio, pero estaba cerrada. Rápidamente la imaginé abierta. Pasé por ella y la cerré.
  Ya no la veía.
  En realidad no veía nada.
  Estaba todo oscuro.
  Me imaginé mi habitación. Y Ahí aparecí.
  Quise recostarme en la cama, pero había alguien. Lo destapé.
  Y ahí estaba otra vez. No me dejaba en paz. La mujer con los pelo en la cara estaba en mi cama. Cómo era eso posible?
  Ya estaba harto de ella. Así que le pregunté cómo desacerme de ella. Y me repondió con su voz...
-Tómate tus pastillas y ya no me verás.
Solo era eso?
Pero, de qué pastillas hablaba?

  Otra vez todo estaba negro, abrí los ojos. Estaba en el hospital. Me senté en la camilla. Me froté los ojos. No había nadie.
  Miré hacia me mesita de luz. Allí estaban las pastillas, las que me había recetado mi médico. Tomé una, la miré y fui a buscar agua. Odiaba estas pastillas, pero si era la única manera de terminar con esa mujer lo haría.
Ingerí la pastilla. No sentí nada, pero espero que funcione.
  En ese momento entró mi médico. Idiota. Lo odiaba con todo mi ser. A veces imaginaba que pasaría si callera una bomba en este hospital de mierda y todos murieramos.
-Al fin tomaste la pastilla- dijo con su típica gruesa y áspera voz.
-Era la única manera de que dejara de verla- repondí mirandolo seriamente.
-Está bien hacerle caso a tu conciencia...
  Idiota. No entendía lo que decía. Conciencia? Cómo se nota que nunca la había visto.
Acaso la conciencia no es igual a uno mismo y te da consejos?
  Esa mujer no era mi conciencia. Era alguien que me atormentaba. Eso no se lo puede llamar conciencia.
  Tu conciencia no puede ser... no importa.
  Nadie quiere matar a su conciencia, nadie quiere matar a... su madre.

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⏰ Last updated: May 19, 2017 ⏰

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