Habits of my heart

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Advertencia de Angst, palabras fuertes, final que deje dudas e inconformismo y un estilo de escritura jamás antes explorado, y con posible resultado desastroso.

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–Buenas tardes, ¿en qué puedo ayudarle? – la mujer detrás del mostrador sonrió con cansancio, como si ya estuviese completamente hastiada de repetir la misma frase cada jodida vez que algún desesperado llegaba hacia donde ella se encontraba.

Liam muerde su labio con incomodidad, deseando estar en cualquier otro lugar que no fuese aquel.

 –Eh... ¿Habitación siete? ¿Señor Brooks? – la voz le tiembla por un momento, y no hace más que maldecirse en silencio. Como odia - ama hacer esto.

– ¿Usted es el señor Miller? – pregunta ella, mirando la pantalla del computador sin prestarle la más mínima intención.

– Sí – ¿Miller? ¿En serio?

– Entonces adelante. El señor Brooks lo espera – hace una mueca hastiada que hace el corazón de Liam detenerse por un segundo.

  Camina con rapidez, sin detenerse ni por un segundo para mirar a la recepcionista del motel, que seguramente debe estar negando con la cabeza por lo que ella sabe que él hará al entrar a la habitación.

  Mira las puertas que van apareciendo a su lado, hasta llegar al final del pasillo en donde un siete llamativo en la puerta lo hace detenerse. Su corazón comienza a latir a un ritmo frenético que hace que sus piernas tiemblen. Su piel se eriza y un sudor frío corre por su cuello. La culpabilidad gana terreno y las ganas de irse están ganando la partida.

  Pero antes de que pueda darse la vuelta, la puerta se abre y lo ve.

– ¿Qué haces aquí afuera? Te estaba esperando – suaves ojos mieles enmarcados por gruesas pestañas negras lo miran sin ningún sentimiento, a pesar de que en sus labios se vislumbre una pequeña sonrisa ladeada.

– Y-o... Iba a entrar – su estómago se revuelve y siente esa conocida sensación de querer vomitar.

– Hazlo entonces.

El hombre le da la espalda y entra a la habitación. El castaño respira profundamente, antes de seguirlo y entrar al cuarto.

No es tan grande y la iluminación podría ser mejor, pero estaba bien. Las cortinas caían muertas, cubriendo las ventanas, cubriéndolos de miradas indiscretas. La cama estaba pegada a la pared, suave cobertor blanco y almohadas de un rojo excesivamente fuerte.

– ¿Te sacas la ropa, o te mando una jodida tarjeta de invitación? – su voz lo sobresalta. Siente sus mejillas arder por la vergüenza y el descaro de aquel hombre.

– ¿Tan desesperado estás? – dice con voz burlona, a pesar del leve temblor que recorría todo su cuerpo.

– No más que tú, cariño – el ojimiel dice, acercándose a él y rodeando su cuerpo con sus manos morenas –. ¿Lo haces tú o yo?

– Zayn...

Un beso sosegado cae en sus labios con delicadeza, lo responde a duras penas, siendo tan malditamente consciente del latido desesperado de su corazón. Se separa de él y lo mira fijamente a los ojos.

– ¿Señor Brooks? ¿Señor Miller? ¿Qué carajo con esos nombres, Zayn? – el moreno ríe levemente, aún con sus ojos vacíos.

– Fueron los primeros que se me ocurrieron – se encoje de hombros, como si no le importara –. Después de todo, nadie puede saber que el famoso y mejor empresario que ha tenido este pueblo de mierda se va un motel de quinta para acostarse con quien se supone es su mejor ami...

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