Recorro el salón bajo la atenta mirada de todas esas pinturas inertes que me rodean, y en el centro, derrocando a aquellas que le encaran está tu retrato. Me invaden los recuerdos al ver tu figura plasmada en esa obra que me enfrenta y que te representa, trazo a trazo, de forma continua y elegante. Tu fino rostro, tu tez pálida y tu sonrisa cálida, tu avivado cabello rojizo, esos ojos añiles que antaño me atrapaban y me ahogaban el aliento cuando los contemplaba, y tus carnosos labios que me acallaban con un dulce beso en momentos de histeria.
Ante tu mirada, ya perdida a causa de ese ángel negro que decidió arrebatarte de mis brazos y que me robó una parte de mi vida con ello, te recrimino el hecho de abandonarme, de no acompañarme en la pesadilla que es la vida y que sin ti no tiene final, el hacer que quiera morir cuando tú fuiste la que me hizo desear seguir viviendo y el obligarme a aceptar que la vida es solo un baile de victoria y tragedia donde al terminar de bailar ya solo me queda afrontar mi realidad.
Mi realidad que es que ya no puedo verte, ya no puedo palpar tu piel ni besar tus labios, no puedo disfrutar tu sonrisa ni tus palabras. Tú, que eras mi escape en esta pesadilla y ahora estoy atrapado al no tenerte. ¿Por qué me abandonaste? ¿Por qué antepusiste a ese hombre de manto negro y aura oscura a una vida junto a mí?
Frente a tu imagen, y teniendo como última memoria tuya esa despedida efímera e insensible donde sin afrontar tu partida no pude derramar ni siquiera una lágrima de tristeza, me arrodillo y te pido que tras este momento en el que mis muñecas se tiñan de rojo, mis ojos se cierren por siempre y mi mente quede muda, no rehúyas mi alma, ni los retazos de esos recuerdos que nos unieron en vida, ni ese amor que perdurará tras la muerte.
YOU ARE READING
Akumu
Short StoryLos pensamientos te inhundan, te hacen destruirte a ti mismo y destruir a los demás, hasta el punto de acabar con todo...
