Reflexiones de una sombra

14 1 0
                                        

Me vestí con mis vaqueros y sudadera negros, y tras calzarme unas botas del mismo color, salí a la calle. Fuera, el cielo estaba encapotado y parecía que podía comenzar a llover en cualquier momento, por lo que me eché la capucha sobre la cabeza.

Sabía que me quedaba poco tiempo en aquella ciudad, y por eso mismo quería aprovechar las horas que me quedaban dando un paseo. Me encantaba el aire húmedo de los días así, y respirar bien hondo era algo que necesitaba en aquel momento.

Caminaba entre las paredes de ladrillo a mí alrededor sin prestar demasiada atención a la ruta que estaba trazando entre las callejuelas. Mi conciencia se encontraba profundamente perdida entre mis pensamientos, mis cavilaciones. Intentaba buscar un destino, un rumbo que tomar, pero sólo podía vagar por las calles sin saber hasta dónde iba a llegar. No era capaz de ver más allá del momento presente, y eso sólo me desorientaba aún más.

Transcurridos unos minutos dando vueltas, me decidí a recorrer una avenida principal, para encontrar algo que me entretuviese. Sin embargo, reinaba una tranquilidad sólo interrumpida a intervalos cuando algún vehículo pasaba a través de la carretera. Encontraba irónico que esa situación que siempre había disfrutado comenzase a inquietarme. Sin pensármelo demasiado, saqué el móvil del bolsillo y marqué un número familiar.

-¡Menos mal que llamas! ¡Estaba seriamente preocupado! –Respondió una voz al otro lado de la línea, tras apenas hubieran sonado dos tonos.

-Sabes de sobra que preocuparte por mí era inútil. Tranquilízate, Joshua.-Suspiré, apoyando mi espalda contra la pared de local vacío, que se vendía o alquilaba. Que me gritasen era lo último que necesitaba.

-¡¿Cómo demonios piensas que no iba a...?! –Cortó la frase para emitir un gruñido de indignación, y carraspeó- Mejor déjalo, sé de sobra que nunca piensas en cómo nos sentimos los demás, así que iré al grano: ¿acabaste lo que ibas a hacer?

Contuve la respiración por un instante. Tenía la impresión de que iba a darme algo en cualquier momento.

- Sí... -Murmuré- Bueno... casi. Digo... está en proceso...

-¿A qué te refieres con eso? ¿No puedes explicarte claramente? Te recuerdo que el avión de regreso cuyo billete HE PAGADO YO sale en tres horas. Así que lo mínimo que me merezco es saber cuál es la situación.

Mis hombros se tensaron por un momento al recordar que estaría en deuda con él toda la vida, y no sólo porque Joshua se hubiera encargado de pagar todos los gastos de mi viaje, sino por ser el único hombre sobre la faz de la Tierra capaz de soportar mi carácter.

Respiré hondo para tratar relajarme y suavicé el tono de mi voz.

-Agradezco infinitamente toda tu ayuda, pero supongo que... Sólo necesito algo más de azúcar en vena ahora mismo. No me encuentro demasiado bien.

-¿Es algo serio? ¿Estás en peligro?

Noté una gota de agua caer sobre mi cabeza, y alcé la vista al cielo.

-Sobreviviré.

-Diablos, das tan poca información que no puedo esperar a verte en cuanto llegues al aeropuerto para hacer mi propio diagnóstico.

-Sinceramente, no sé si quiero que me veas. He... cambiado.

Eché a andar en busca de un lugar en el que refugiarme de la ligera lluvia que estaba comenzando a caer sobre la ciudad.

-Me estás asustando. ¿A qué te refieres?

Avisté una sencilla cafetería al final de la avenida, que parecía poco concurrida, así que decidí que tomaría algo para recobrar fuerzas en mis miembros mientras esperaba a que se calmasen el tiempo y los frenéticos latidos de mi corazón, ya de paso.

La sombra encapuchadaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora