¿Una Reelección Presidencial MAS en Bolivia?

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Hace algunas semanas atrás -vía Los Tiempos de Cochabamba- se ha dado a conocer que en el VIII Congreso del MAS que se realizó en la ciudad de Cochabamba, Evo Morales fue reelegido como líder de ese partido y declarado presidenciable para las elecciones presidenciales del año 2014. En este sentido, algunos Asambleístas y altos dirigentes del Movimiento Al Socialismo (MAS), expresaron su determinación y pleno apoyo a una eventual nueva postulación de Evo Morales a la Presidencia del Estado, en las próximas elecciones generales previstas para el año 2014 -pese a que la Constitución Política del Estado aprobada el año 2009 establece la posibilidad de reelección por única vez-, ello bajo el argumento aventurado de que el actual Primer Mandatario estaría cumpliendo su primer mandato a partir del año 2010, por lo que tendría abierta la posibilidad de postularse al segundo mandato.

Esta reciente iniciativa, ha provocado la reacción contraria por parte de algunos líderes políticos de la oposición, quienes le recordaron al Gobierno que existe un acuerdo previo al referéndum para la aprobación de la Constitución, y que consiste en tomar en cuenta el primer Gobierno de Evo Morales, que comenzó en 2006, por lo que ahora está en curso su segunda gestión, para la que fue reelegido en diciembre de 2009. Inclusive se ha planteado la posibilidad de convocar a un referéndum nacional para modificar la Constitución, con carácter previo a habilitar al actual Presidente para su tercera reelección, y es indudable que este asunto, si las circunstancias lo exigen, tendrá que ser dilucidado en su momento por el Tribunal Constitucional Plurinacional como máximo guardián e intérprete de la Constitución.

EL PENSAMIENTO BOLIVARIANO SOBRE LA REELECCIÓN PRESIDENCIAL

Sobre la posibilidad de reelección presidencial, es interesante recordar las palabras del Libertador Simón Bolívar, quien dejó sentadas las bases de un buen gobierno republicano y democrático, y que a pesar de todo el tiempo transcurrido, aún recobran vigencia, por su innegable utilidad para el mejor desenvolvimiento de los regímenes democráticos en los "países bolivarianos".

Es así que, en su Discurso ante el Congreso de Angostura (1819) el Libertador dejó establecido que: "La continuación de la autoridad en un mismo individuo frecuentemente ha sido el término de los gobiernos democráticos. Las repetidas elecciones son esenciales en los sistemas populares, porque nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo a un mismo ciudadano en el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerlo y él se acostumbra a mandarlo, de donde se origina la usurpación y la tiranía (...)".

Este certero pensamiento, pretende poner en evidencia que, desde cualquier punto de vista, el poder político es el más codiciado entre los hombres, dado que unos sólo lo buscan para dominar, para imponerse sobre los demás; otros, para adueñarse de la mayor cantidad posible de bienes de la nación, para enriquecer a sus familias, y algunos otros más, simplemente para vengarse de sus enemigos y lograr satisfacer así sus bajas pasiones.

Ciertamente, son muy pocos quienes codician y buscan el poder para hacer el bien a los demás, para servir plenamente a la patria que los ha elegido para ese fin, transformando a ésta, en grande y gloriosa. De ahí que, en la historia sólo se ha llegado a conocer algunos excepcionales ejemplos, claros y palpables, de semejante cualidad humana: El Libertador Simón Bolívar, el Mariscal de Ayacucho Antonio José de Sucre, el Mariscal de Zepita Andrés de Santa Cruz, entre otros.

Y es que, son muy pocos los que realmente piensan en el origen del poder, es decir, que todo poder proviene del pueblo soberano, y que toda autoridad de los poderes públicos (en los máximos Órganos del Estado) si no es un usurpador, entonces debe representar dignamente al pueblo, ejerciendo sus poderes por delegación, y rindiendo cuenta de todos sus actos.

Es el poder, algo que incita y embriaga como un afrodisiaco, y el que lo ejerce por primera vez, queda inevitablemente enviciado, con el deseo de seguir ejerciéndolo. Es por ello, que el Libertador asegura que nada es tan peligroso, como dejar permanecer el poder en un mismo ciudadano por largo tiempo, dado que aquello deriva en dos consecuencias funestas para toda sociedad: el pueblo se acostumbra a obedecerle, y el gobernante a mandarlo, de lo cual se origina la usurpación y la tiranía. Y el gobernante que se acostumbra a mandar, experimenta enseguida la tentación totalitaria, usurpando el poder como algo que le pertenece por derecho, y como todo el que usurpa, teme la crítica y teme la reacción del pueblo, transformándose en un tirano.

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