Que me dijiste que no, que el día era una mierda, que nada servía para nada. Y no te escuché, porque nunca lo hago, nunca hablas en serio. Y como no hablas en serio no fijé mi atención en tus palabras, siendo que estas eran afiladas dagas, que como patada de ahogado se arrojaban hacia no se dónde.
Quien pensaría algún día que lo harías, que te irías y no volverías nunca, porque la corrediza y voluptuosa masa te ha envuelto y te guardó. Dime, querida mía, cual fue el motor que te impulsó hacia el cumplimiento de lo que predicabas.
Dímelo, porque ya tengo sueño. Un bostezo le gana a mi voluntad de escucharte, y es que no lo puedo evitar, hablas con desesperante tono chillón monótono. A veces pienso que hiciste bien y miro al horizonte marino con cierta complicidad.
Pero no pasa nada, porque como cada una de las veces que hablas, no pasa nada. Estas aquí, conmigo. La suave sábana veraniega abraza tu dulce piel, así como mis piernas rozan las tuyas y crean ese ambiente eléctrico que sentí aquel día de otoño parisino. ¿Lo recuerdas? Porque yo si, por eso es que estoy aquí, escuchándote. Porque te entiendo, y sé que si el recuerdo volviera a tu memoria estarías como yo. Estaríamos ambos envueltos en un silencio de pareja somnolienta y sábanas testigo del amor más extraño y bello. Porque eso es lo que somos. Lo que éramos.
Y así fue como te encontré, como aquel día que mi mano se detuvo en el lomo de un libro para mi desconocido. Les fleurs du mal si mal no recuerdo, y cada vez estoy más convencido de que las casualidades no existen, porque esta no es una ellas. El mundo tiene un orden fijo y todo aquello que está planeado pasará, aunque tu ni siquiera hubieras planeado algo. El orden natural de las cosas, el destino.
Alguien manipula no sin cierta frivolidad este juego, y de esto estoy seguro, sino tu estarías aquí, conmigo ¿No?
Déjame explicar de que va todo esto, aunque ni yo mismo sepa que es lo que en este momento estoy haciendo. Pero quizá mi mano se me adelanta y lo conoce todo, así como quien maneja todo, y quien, seguramente, maneja esta mano del carajo, inservible, crujiente y vieja mano arrugada.
Sé que te fuiste, y que además no volverás. Pero aún te siento, aun te escucho, y sé que tú aún recuerdas el incesante sonido que mis zapatos de charol hacían en la plataforma de madera a orillas del sena. Porque esa fue una hermosa noche ¿La recuerdas? Porque yo si. Y por eso estoy aquí.
Lágrimas corren sobre nuestra ventana,
y desde el suave frío de mil frazadas, le escribo mi amor a mi dulce anciana,
Para rememorar y llorar, nuestras épocas pasadas.
YOU ARE READING
Ma Fleur Du Mal
Short StoryCuando, pese a la adversidad, el sentimiento del que no se puede no hablar, permanece y se fortalece más allá de los límites visibles.
