Begin.

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Los oídos de Damien recibieron la peor parte que una explosión podría causar en su cuerpo. Un pitido dolorosamente infernal provocó que la cabeza le diera vueltas, por lo tanto, no importó el esfuerzo que intentó hacer, cayó de bruces contra el suelo, sintiendo el calor inconfundible de su propia sangre. 

Respiró hondo, sacando de la cabeza todo pensamiento de negatividad y angustia para levantarse del suelo húmedo con una herida en el abdomen, el oído sangrando, y probablemente otras partes de su cuerpo cortadas. 

Corrió todo lo que su cuerpo y energía le permitieron para lograr alcanzar las escaleras y llegar al escondite. Tenía que avisar que los militares acababan de hacer estallar una de las entradas clausuradas y no tardarían en ingresar por completo al despacho en donde se escondían.
Si eso sucedía, entonces lo perderían absolutamente todo.

Cruzó los pasillos inundados de polvo y humedad, cuyo suelo estaba teñido de sangre mezclada con el agua que descendía de las tuberías rotas después del enfrentamiento que tuvieron con el ejército. La luz era escasa porque las balas rompieron la mayoría de los focos ubicados dentro de los lujosos candelabros que ahora sólo estaban cubiertos de polvo y suciedad.
Vidrios rotos, alfombras destrozadas y un montón de muebles esparcidos que fueron utilizados como defensa. Los restos de proyectiles y fragmentos de metralla chirriaban bajo sus botas de cuero, recordándole a Damien la escena más violenta que acababa de vivir.

Empujó la puerta del habitáculo en donde se escondían, suspiró de alivio al ver que ninguno de ellos había muerto y señaló la última puerta detrás de ellos que sería el pase para su escapatoria.

—Flaquearon una de las entradas, estamos rodeados y no tardarán en meter a toda la fuerza armada.

Damien, a pesar de encontrarse en su peor estado, aún era capaz de mantener la voz firme.

Cuando terminó de hablar, a penas un segundo después, un chico más joven cruzó el umbral de la puerta.

—Están dentro.

El chico de pie en el otro extremo del habitáculo recargó su escopeta sin pensarlo dos veces. Él seguiría el plan. 

—No hay tiempo que perder.

Los demás en la habitación, heridos, cansados y con tantas manchas que ya no importaba si fueran de sangre o lodo, se pusieron de pie y cogieron cada uno sus armas para dar la última batalla que definiría una victoria o derrota.

Otra explosión desde el lado Este del edificio. Eso significaba que las únicas zonas que podrían utilizar para llevar a cabo el plan eran el Sur y Oeste.

No significaba una ventaja pero tampoco debían rendirse.

Podían oír los gritos de los soldados luchando por ingresar hasta la zona en donde ellos se encontraban, pero lo que no sabían era que eso sólo sucedería cuando Damien y los demás decidieran.

—¿Oyes eso? —Le preguntó Verena, mirándolo. Su rostro irreconocible por el polvo y la sangre seca cubriéndole. Había dolor en sus ojos, más que el físico por toda la lucha que ya estaban llevando, pero pronto valdría la pena. Ella sonrió, haciendo luego una mueca de dolor.—  El caos del que te hablé.

Él asintió.

Todos tenían un arma, como lo habían planeado.
Sólo una carga porque no matarían a nadie. Si disparaban, lo harían en defensa propia y únicamente para debilitar al enemigo. Ninguno se alejaría del grupo en el momento que salieran del escondite para dirigirse hasta la puerta que los llevaría al túnel de escape. Pero lo más importante, nadie jugaría el rol de héroe en caso de que algo saliera mal.

Pero no podían escapar sin antes destruir las pruebas que estaban ubicadas en la galería cerrada, en el lateral derecho de la planta baja. Se suponía que era seguro y que la fuerza especializada no conocía aquella parte del edificio, así que irían hasta allí, detonarían el explosivo más peligroso de todos los que habían fabricado alguna vez, y tendrían un tiempo aproximado de diez minutos para abandonar el edificio a través de aquella puerta que los llevaría al túnel secreto.

Damien sintió alivio por primera vez tras veinte horas de enfrentamiento. Al fin, estaban muy cerca de escapar y dejar atrás todo el calvario que sufrieron por tanto tiempo.

Un grito desgarrador se oyó desde las escaleras acompañado de un disparo, haciendo que todos se detuvieran al instante.

—¡Atrás! ¡Atrás! —Repetía, bajando las escaleras rápidamente.— ¡Están muy cerca de la galería! ¡Van a..!

La vibración del explosivo de las tropas llegó hasta ellos. Y mientras las paredes se agrietaban y el polvo caía sobre sus cabezas, todos se quedaron muy quietos, observándose el uno al otro como si estuvieran anticipando sus propias muertes.

Ahora sí, el verdadero caos había comenzado.

H e d g e c r a f t : La tierra del sol y el hieloHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora