Otra vez la misma situación, sabes que la dominas, después de tanto tiempo estás acostumbrada. Es verdad, los actores han cambiado, pero el papel sigue siendo el mismo, un papel que te sabes de memoria, y por lo que ves en la sala, no eres la única. A lo mejor no eres capaz de ver los hilos que estiran sus sonrisas, probablemente tampoco seas capaz de averiguar de qué maniquí han copiado su pose, pero algo si sabes seguro, no es real.
"No es real" – te repites – "Nadie es así de..." Pero entonces justo cuando estabas a punto de tranquilizarte, te interrumpen, se encienden los focos, el público se calla, la sala se llena de silencio, y entonces, y solo entonces, es cuando sabes que la función ya ha comenzado.
¿Quién serás esta noche la protagonista, un personaje secundario o con suerte un sustituto que no saldrá a escena probablemente en toda la noche? La tercera opción es la más tentadora, una noche tranquila, siendo invisible, seguramente es lo mejor que te puede pasar. Pero, por desgracia o por fortuna, hoy no es esa noche.
Antes de girarte para saludar a la misteriosa persona que te ha hablado ya tienes una sonrisa preparada, una sonrisa que has practicado tanto que hasta incluso parece verdadera. Y esta noche no es una excepción.
La conversación fluye como siempre, un par de preguntas por educación por aquí, y un par de preguntas por morbo por allá. Sí, el guión siempre es un buen amigo en estas situaciones y casi nunca falla. Línea por línea, renglón por renglón vas siguiendo la conversación, todo marcha como lo planeabas, en un par de minutos, como mucho cinco, calculas que el diálogo, o más bien el monólogo, terminará y posiblemente con ello toda la relación que tendrás con esa persona en toda tu vida. Pero no te da pena, ni siquiera una poco, después de todo, así es el espectáculo, siempre debe continuar.
Pero entonces ocurre algo, algo que no te había pasado nunca, no, no es porque se te hayan olvidado tus líneas, lo sabes, esta parte no está en el guión, no estás preparada para esa pregunta, nadie te había avisado jamás en los ensayos. ¿Y ahora qué?, improvisar es demasiado arriesgado, pero mantenerte callada tampoco es la solución, llamarías demasiado la atención y esta noche no te apetece ser la protagonista. ¿Tal vez fingir un mareo, huir al baño a lo mejor? No, se notaría demasiado que estás evadiendo la pregunta.
Ese sentimiento empieza a surgir de nuevo, te sudan la palma de las manos, de repente esa sonrisa tan practicada ya no es tan perfecta como antes, tu máscara se está rompiendo poco a poco, y no puedes permitirlo, no por una simple pregunta, no después de todo el esfuerzo que has puesto.
Tienes que tranquilizarte, pero a la misma vez mantener la calma, tienes que volver a dominar la situación, pero a la misma vez hacer parecer que nunca has perdido las riendas de esta conversación, y hacer dos cosas a la vez nunca ha sido lo tuyo.
Sabes que estás jodida, bien jodida además. Buscas con la mirada a alguien entre toda la gente, no sabes a quien, solo sabes que necesitas a alguien, da igual quien, tan solo que tu mirada coincida con la suya, solo eso, pero como de costumbre, no encuentras a nadie, no pasa nada, también estás acostumbrada.
Estas solas, no es la primera vez que estás sola, es más, no se te da mal estar sola, sentirte sola es lo que se te da horriblemente mal, porque estar sola es algo momentáneo, pero sentirte sola no es algo que se vaya de repente, es algo que permanece contigo durante mucho tiempo, y por desgracia, lo que permanece no es lo que todo el mundo describe como ese sentimiento de vacío, para ti es algo mucho peor, para ti, sentirte sola supone sentir esa sensación de ahogo, y no la puedes odiar más.
Intentas luchar con todas tus fuerzas contra esa sensación, pero ya te empieza a subir por la garganta, de repente ya no estás en esa gran sala llena de gente con sus máscaras y sus risas enlatadas, ahora estás en el océano, sola y sin ningún sonido, la verdad, no sabes qué es peor.
Como de costumbre, esa sensación va creciendo, por una razón que no conoces, cada vez te vas hundiendo más y conforme te vas hundiendo va aumentado el ardor en tu pecho. Respira, sabes que no es verdad, es solo un sentimiento y tú se supone que no deberías tener de esas cosas, te han educado bien después de todo.
Pero no puedes, te quedas estática, quieres seguir luchando y nadando pero sabes que no tiene sentido, es en esos momentos cuando te da la tentación de aceptarlo simplemente, tal vez sería lo mejor darte por vencida, así por lo menos esta espantosa sensación desaparecería y eso no estaría nada mal, pero hoy no es esa noche.
Así que te controlas, no sabes cómo, pero te controlas, abres los ojos después de lo que a ti te ha parecido una eternidad, para descubrir que en realidad todo este rato el tiempo se había congelado, para los demás, no habías cerrado los ojos, simplemente habías parpadeado. Parece que tu máscara es más resistente de lo que pensabas.
La sensación intenta volver a emerger en ti, pero no se lo permites, ya la dejarías aflorar más tarde esa noche, pero a solas, siempre a solas. Ya solo te falta responder a la pregunta, entonces miras a tu alrededor y recuerdas que esto solo es una función, que no es real y que todos están interpretando a su personaje, pero entonces te das cuenta de una cosa, es verdad que todos en la sala, incluida tú, tenéis el mismo papel, pero hay una diferencia entre ellos y tú.
De esta manera, cuando respondes, lo haces con una sonrisa, pero no con una sonrisa cualquiera, con una sonrisa verdadera, porque sabes que nadie interpreta este papel como tú. Por ello, cuando al fin dices "Sí, soy feliz", sabes perfectamente que el público se lo ha creído, demonios, si hasta casi te lo crees tú también.
Fin del primer acto.
YOU ARE READING
Primer acto.
Short StoryUna noche más, una función más. Lo tienes todo controlado, sabes perfectamente lo que va a ocurrir, quien va a intervenir y como debes actuar. Pero de repente, algo empieza a fallar, surge una pregunta para la que no estabas preparada. ¿Y ahora qué...
