Pesadillas de una chica muerta.

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Ayer soñé que estaba viva, era un bebé diciendo con llanto que tenía hambre, mi madre no me miraba asi que llore aun mas alto, pareciera que no me escuchara, llore y llore pero nadie me quería prestar atención. Sentía la cara caliente por las lagrimas que me ahogaban la garganta y tosía de vez en cuando, paso todo un dia y aun vivía en la indiferencia de la adolescente que era mi madre. Era un bebé al que nadie quería.

Luego volví a cerrar los ojos, era una niña que jugaba sola en su patio, cocinaba con barro y pasto. Era invierno y comenzó a caer agua del cielo, me levante con las rodillas sucias, abrí la boca para que las gotitas entraran, la lluvia tenía buen sabor. Di vueltas, divertida bailando, hasta que me tomaron del brazo. La joven bajo el paraguas me regañaba por lo mal presentada que estaba. Tiro y tiro de mi hasta la casa, me dolía asi que llore para decirle que parara pero en vez de eso me grito más fuerte, me abofeteó, me ducho con agua fría y me encerró.

El hielo que caía por mis mejillas me despertó, me limpie con las frías manos la helada cara. Me levanté para dar un paseo por mis recuerdos agradables, cuando iba a la escuela y estaba lejos de casa. Era un bullicio agradable y un silencio tranquilizador, escribía lo que el profesor dictaba, jugaba en el recreo, me sentía una niña y disfrutaba un poco lo que era la infancia. Hasta que llegaba la hora de regresar a casa. Veía como a todos los niños se iban con sus padres mientras yo me iba quedando sola, la maestra me decía que ya llegarían pero se estaba haciendo oscuro, entonces me sentía triste y lloraba porque tenía miedo de que me abandonaran. Era tan tarde que la maestra me tuvo que llevar a casa, no había nadie.

▬Te dejare aquí ¿Bueno?

Asentía con la cabeza. Ella se iba y volvía a llorar porque no tenía a nadie, porque nadie me quería, porque me habían dejado, porque... moría un poco más. Así se convertían todos los sueños en pesadilla.

En el colegio tenia una amiga, era alegre y divertida, me gustaba jugar con ella. Un dia me invito a su casa que quedaba a unas cuantas más allá de la mía, nos fuimos juntas caminando con su madre. Jugamos con muñecas a la fiesta del té, a cambiarles ropa y a ser princesas. Desde ese día que pasaba el tiempo después de clases con ella mientras mi madre no se donde estaba, volvía tarde y apestando a alcohol. Para el cumpleaños de mi amiga me invitó a quedarme en su casa, sería divertido, estar en pijamas comer torta, que abriera sus regalos, peleas de almohadas, ver películas, dormir en una cama. Me desperté a medianoche con ganas de hacer pis, la luz del baño encendida, la puerta media abierta, el hermano de la chica. Me despierto sobresaltada, recordando cómo morí un poco más aquella noche.

Una vez cuando era adolescente soñé que estaba muerta, muerta y fría en un ataúd, nadie estaba en mi entierro, nunca llegaron flores. Me desperté llorando y no pude seguir durmiendo, me vestí para el colegio preparándome hasta que llegó la hora de las clases, me senté en mi lugar con los audífonos en los oídos, la música a todo volumen con la vista clavada en la mesa, acariciando los moretones en mis brazos a través del suéter. La pesadilla de todos los días comenzó, bolas de papel me llegaban de todos lados y bolas de insultos leía de los labios de quienes los tiraban con la intención de herirme. Seguía escuchando música, los ignoraba hasta la salida donde no podia mas regalar mi indiferencia, chicas llegaban a golpearme, chicos a insultarme y llegando a casa mi madre y otro novio me daban más de lo mismo.

La mitad de mi estaba viva y la otra estaba muerta. Cerré los ojos en medio de la oscuridad, por fin pude respirar. En el verano en que me preparaba para la universidad, conocí a un chico en la biblioteca. Estaba sentada leyendo mi libro y él se sentó con el suyo enfrente. Lo mire, me miro, nos miramos, nos sonrojamos, bajamos la mirada hasta que por fin, después de media hora de lo mismo, nos dignamos a hablarnos. Era divertido y me hacia reir, comenzamos a salir.

Un día en el parque mientras charlabamos se arrodillo frente a mi con un gesto con las manos como si tuviese una caja con un anillo que no existía me pregunto: "¿Quieres ser mi novia?"

Mi respuesta fue absolutamente si y mil veces si. Era la primera cosa buena que me sucedía desde hace mil años y me estaba esperanzado con la felicidad. Me invitaba a comer, al cine, al parque, a la biblioteca, a su casa, jugábamos videojuegos, hablábamos. Se dio cuenta de mis lesiones moradas en el estomago, brazos y piernas, le conte todo. Tenía mi absoluta confianza. Nos fuimos a vivir juntos en un departamento cercano a la universidad, era todo tan maravilloso. Hasta que cayó la última gota que rebalsó el vaso, lo convirtió en tormenta y todo lo bueno quedo hecho trizas.

Yo era una buena estudiante, no destacaba pero bastaba para que mi beca no se fuera. Había conocido gente nueva, una nueva amiga y los tres pasabamos las tardes estudiando juntos en nuestra casa. En el siguiente semestre mis horarios no coincidieron con los de ellos, los dos pasaron más tiempo juntos.

Abro los ojos y miro a mi alrededor, en la oscuridad todo está hecho trizas, es obvio lo que pasó. Cuando sueño con esta parte despierto llorando y riendo a la vez como una completa desquiciada, pero es totalmente valido a mi parecer. Imagina volver a casa, ver ropa en el suelo de la habitación que compartes con quien amas y que esa persona esté con otra persona que tu tambien querias, tu amiga.

Para que sepan como término, salte al vacío con el corazón chorreando sangre, despertando sobresaltada en una glacial oscuridad y por fin uno de mis sueños se hace realidad, estar muerta y que nadie asista a mi funeral.

Pesadillas de una Chica MuertaStories to obsess over. Discover now