Shinwoo ya se encontraba frente al principio del camino que lo llevaría al interior del bosque. Hacía unos días que había pensado en aclarar su mente en algún lugar alejado y solitario. Las noches sin dormir y las pesadillas se repetían constantemente. No podía recordar con claridad ni una de estas, solo sentía una y otra vez el sudor recorriendo su espalda cuando se levantaba exaltado por culpa de esas horribles visiones. Siempre que tenía esta clase de situaciones significaba que algo no andaba bien, que su estado emocional no estaba especialmente elevado. Además de ser lento en las acciones que realizaba a diario, era alguien bastante reservado. Siempre estaba más dispuesto a escuchar a quien lo necesitase que a contar sus propios problemas, que por cierto, ocultaba bastante bien. Tal vez el acumularlos para él mismo sería la mayor causa de todas esas situaciones de desvelo. El chico siempre había pensado que debía resolver sus cosas por él mismo y no causar más a los demás. Sabía de sobra que eso le acarrearía bastantes dolores de cabeza. Contar sus preocupaciones le habría aliviado aunque sea un poco, aún más teniendo a ciertas personas, a quienes apreciaba bastante y tenía por seguro que harían todo lo necesario para ayudarlo. "¿Por qué no me siento capaz de hacerlo?" Esa pregunta rondaba su cabeza desde hacía ya algún tiempo.
Decidió emprender el camino en dirección al interior del bosque, siempre siguiendo el pequeño sendero que había. Era bastante propenso a perderse y no quería añadir otro problema más a su lista, ya era bastante extensa. Sin un móvil encima y con tan solo un reloj para controlar la hora de vuelta se hizo camino adelante. Aún quedaban un par de horas de luz por lo que intentaría llegar a algún sitio adecuado desde donde poder apreciar la puesta de sol. No iba a un paso muy rápido, le gustaba apreciar la naturaleza a su alrededor. Los recuerdos empezaron a amontonarse en su cabeza, uno tras otro. Las excursiones con su familia, las salidas con los amigos y cierta cita que no acabó como hubiese deseado. Los árboles que había a ambos lados del camino le transmitían una cantidad de sensaciones inexplicables, la mayoría de ellas hacía demasiado tiempo que no sentía. Anhelaba sus años de niñez en los que desafiar a la naturaleza era toda una aventura. A él y a sus amigos nada les importaba excepto el vivir cada día distinto a los demás. No había ni un solo día en el que repitieran una de las actividades realizadas los días anteriores. Dirigía la mirada a ambos lados y podía verlo todo. Se veía a él y a su pandilla correr a través del espeso bosque buscando animales, plantas o cualquier cosa que los hacía tan felices en esos momentos. "Nada de eso volverá.".
Un corto e intenso dolor de cabeza le hizo despertar de ese micro-sueño. En un abrir y cerrar de ojos su yo de niño había desaparecido, el resto se mantenía igual. Una fresca y débil brisa comenzó a soplar, signo de que ya se aproximaba la hora en la que el sol caía. A pesar del buen tiempo que ya comenzaba a hacer durante el día, por la noche siempre refrescaba y era necesario abrigarse para no caer enfermo. De vuelta a la realidad, buscó algún resquicio de claridad por la zona donde se le permitiera observar la magia del anochecer. El cielo ya se teñía de un intenso color anaranjado en la zona donde se ocultaba el sol mezclado con betas de color morado e incluso rosa. Esas horas del día eran las únicas que le permitían mirar el sol fijamente, utilizando gafas de sol, sin riesgo de quedar ciego por su luz. Por la zona en la que saldría la luna ya había un notado color azul oscuro, que pronto se vería iluminado por la luz radiante de esta. Que vistas tan contrarias, una era pura luz y la otra oscuridad y penumbra.
No consiguió encontrar alguna zona para apreciar el atardecer, pero sin duda había algo que no podía perderse bajo ningún concepto. La salida de la luna siempre fue algo especial para él, aun más cuando era luna llena. Desde que tenía control de memoria, podía recordar como todas las noches su hermana y él observaban la luna salir, pidiendo un deseo en cada luna llena.
Su hermana, ¿cómo se encontraría ahora? Desde que Shinwoo había salido del pueblo para emprender su carrera de cantante se había perdido un poco el contacto entre ellos. Pero desde que ella se había casado lo habían perdido un poco más. Ellos eran como uña y carne. Después de todas las situaciones difíciles ocurridas en casa ella era uno de sus mayores apoyos. Por su cabeza rondaban miles de preguntas sobre ella. "¿Qué nos pasó? ¿Nos separamos después de tanto? ¿Se habrá olvidado de mi?". No pudo evitar entristecerse por la situación. Ella ahora estaba formando una familia con su esposo y no tendría suficiente tiempo para hablar y él estaba en plenas promociones, entre grabaciones y actividades tenía poco tiempo para hacer llamadas. Comenzó a sentir que la situación lo sobrepasaba, no se sentía capaz de llevar todo a la vez y eso lo agobiaba. Siempre que había tenido bajones de tal magnitud anteriormente ella era quien lo sacaba de ahí. Le abría los ojos y le ponía todas las cartas sobre la mesa, haciendo hincapié en las que debía enfrentar. "Tienes más valor del que crees. Espera a calmarte para ver con claridad. Las cosas cambian, debes afrontar con fuerza venga lo que venga.". -Que falta me haces.- Fueron las únicas palabras que habían salido de sus labios en esa tarde y a duras penas, un nudo en la garganta evitaba en ese momento articular alguna más. Llevó las manos a su rostro, ocultándolo. El dolor que sentía en el pecho quería salir de alguna manera u otra, al igual que la luna.
Esta ya salía y la brisa iba a más. Los árboles cercanos comenzaban a mover sus ramas creando un sonido relajante y acertado para el momento. Leves tonos azules y grises denotaban en algunos lugares de la inmensa luna. El cielo estaba tan oscuro como el hollín y tan solo era iluminado por la enorme luna llena que aun terminaba de salir. Era maravilloso el espectáculo que se podía apreciar en ese momento. No parpadeó ni un solo segundo ni tampoco detuvo las lágrimas que comenzaron a emanar de sus ojos, emborronando su visión. Tras unos minutos observando la salida, este se puso en pie. Entendió que las nuevas etapas son difíciles al principio pero eso no es similar a que no pueda conseguir lo que se propone, que los recuerdos no deberían hacerlo entristecer sino hacerlo sentir orgulloso de lo vivido, que a pesar de que su hermana no esté a su lado ella lo apoyaría como siempre lo hizo desde donde se encuentre y que indudablemente podía contar con sus cuatro pequeños compañeros de grupo. Su pecho ya no se sentía oprimido por un peso extraño y una sensación de libertad lo invadió. -Es hora de volver.- Sentenció mirando el reloj de su muñeca. Pidió un deseo para sus adentros y, tras mirar la triste luna por última vez, comprendió al fin que las cosas, para bien o para mal, jamás volverían a ser como antes.
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