Aurora

25 2 0
                                        

Erase hace mucho tiempo atrás, en un reino de gran amplitud, había un herrero muy famoso y reconocido por la belleza de sus obras, su nombre era Van Ludwing, tal era su fama que reyes de otros reinos le encargaban armas del mejor acabado, y por consecuencia de ello, tenía una cantidad de dinero que casi se le podía llamar noble, los habitantes del reino hablaban de él, de su trabajo y de lo grande que era su sabiduría otorgada por dios, además de hacer todos esos trabajos muy bien remunerados, también daba clases a jóvenes herreros (lógicamente de un alto nivel económico), y como tenia tanto dinero lo gastaba buscando mejores herramientas y en mujeres, puesto que a pesar de su gran habilidad, el no estaba casado. Pero a pesar de tener dicha maestría construyendo armas, tener mujeres a su lado, una casa y comida de sobra, habían dos cosas que le faltaban: Humildad y Cariño.
Van de vez en cuando trabajaba en público las más espectaculares obras encargadas por los más altos reyes, pasaba mucho tiempo ahí, quizá hasta días, pero sus ganas de ser idolatrado por las demás personas le encantaba, que le rogaran que les dejaran entrar en sus clases, pero el solo admitiría a los que pudieran pagar.
El nombre de "Van Ludwing" recorrió el oído de todos los habitantes de todos los reinos, haciendo cada vez más y más grande su fama, junto con su ego, le venían encargos de todas partes del mundo, para la élite de la élite de los soldados del Rey, para nobles y ricos, era reconocido mundialmente. La vida de Van era prácticamente perfecta... Hasta ese día.
En uno de sus "trabajos al aire libre" (como él solía llamarlos) al terminar su obra maestra se la dejo ver más de cerca a un noble que observaba, este la examinó muy cuidadosamente, felicitó a Van y le comentó: "se parece bastante a la espada de un herrero llamado Hans Fares, pero aun así no tiene el mismo acabado que esta", Van al escuchar esto no se alarmó demasiado, pues pensaba que nadie podría igualar su habilidad, ni siquiera sus discípulos, a los cuales no le contaba todas sus técnicas.
Ahí empezaron a bajar sus recados, las personas dejaban de acudir a sus trabajos al aire libre, el nombre de aquel herrero que le estaba quitando fama le retumbaba con eco en su cabeza: Hans Fares. Tenía que acabar con la competencia, en ese momento los pedidos de los aristócratas no se veían afectados, pero más temprano que tarde perdería una pequeña parte de su preciada clientela, algo que no se podía permitir, así que decidió darle una visita a su competencia, y retarla a un duelo a muerte.
Van buscó el taller de ese tal Hans por todo el reino, hasta que por fin lo encontró, espero unos días, hizo correr el rumor de esa batalla a muerte, haciendo énfasis en la hora y el día, para que así al frente del taller de Hans hubiera una cantidad bastante considerable de gente como para asegurar una respuesta positiva por parte de su competencia.
El día llegó, Van se acerco al taller de Hans, tocó la puerta, observó a su alrededor para dar como logrado su primer objetivo, una cantidad abismal de gente mirando que es lo que iba a pasar, Hans abrió la puerta con las manos sucias y mientras se las limpiaba con un estropajo contestaba: "Buenas tardes señor, dígame ¿en qué puedo ayudarle?", a lo que Van le respondió a viva voz, con la intención de que todo el mundo escuchara el reto: "¡Yo, Van Ludwing, Lo reto a usted, Hans Fares, a un reto a muerte, con la única herramienta de una espada y su habilidad!", Hans se vio sorprendido, pero aun así en plena templanza respondió: "Lo siento señor Ludwing, pero rechazo su oferta", Acto seguido se dio media vuelta y cerró la puerta de su taller, dejando a Van boquiabierto y sin capacidad de reacción, al igual que todas las personas observando la escena. Van se retiró muy enfadado, pues acababa de pasar vergüenza frente a multitud de gente, lo que le golpeaba directamente al orgullo, así que se fue a su taller, se sentó y medito unos minutos y entonces surgió una idea en su cabeza: "Si no quiere participar en una justa voluntariamente, entonces lo obligaré a aceptarla".
Van contrató a un espía para que siguiera y observara toda la vida de Hans Fares, que observara cada detalle y hasta sus más preciados objetos, para que así, el pudiera usar esos datos en su contra. A la semana el espía le contó todo acerca de la vida de Hans, que hacía, cuando lo hacía y como lo hacía, también le comentó que Hans era padre de una familia, formada por Gloria, su esposa, Saria, la primogénita, seguido por Rob, el hijo menor. Van quería sacarle provecho a todos estos datos, así que a la hora que Hans se iba de su taller, el entraba y desbarataba sus espadas y planos, a lo cual dejaba una nota diciendo: "Acepta el duelo o esto no acabará". Hans al llegar a su taller la mañana siguiente simplemente arreglaba las armas, quemaba los restos de los planos destruidos en total calma, pues él pensaba que si lo pudo hacer una vez lo podrá hacer otras mil veces más.
Esto siguió pasando una cantidad considerable de veces, a lo cual Van desistió de obligarlo a aceptar el duelo por medio de ese método, reflexionó un rato, pensando en darle a lo que más le doliera, algo que no soportaría perder, pero no se le ocurría ninguna otra cosa que destruir sus obras, puesto que a él eso le destrozaría y lo haría enfurecer descomunalmente. Después de horas de darle vueltas a la cabeza le surgió una idea: amenazar de muerte a su familia, capaz no le importaba perder algo que podría recuperar, pero seguramente no se arriesgaría a perder algo tan irremplazable como una vida de tanta importancia.
Van empezó a ejecutar su segundo plan, llamó de nuevo a su espía para que buscara a los hijos y esposa de Hans , y le cortaran una parte de sus prendas, para así provocar en él una gran angustia y así evitar que se lo tome a la ligera. A la mañana siguiente Hans entró en su Taller, encontró una nota encima de la mesa, la abrió y cayeron tres pedazos de tela, las cuales el reconoció al instante, eran tres partes de las prendas de su familia, observó la letra del trozo de papel y se dispuso a leer: "Señor Fares, aquí podrá ver distintos trozos de tela correspondiente a su familia, también podrá ver que no estoy jugando, su esposa e hijos están bien... por ahora, mientras usted y yo disputemos una justa a muerte, si quiere que eso siga así, tiene hasta hoy a las siete de la tarde para venir a mi taller y aceptar mi reto, si no está aquí para entonces, bueno... ya sabe lo cerca que podemos estar de su familia".
Hans corrió hasta el Taller de Van, llamo a la puerta y dijo en un tono muy serio: "Acepto su reto señor Ludwing", a lo que Van respondió: "Muy bien, el duelo se celebrará dentro de una semana en la gran plaza", acto seguido le cerró la puerta, Hans sabia que debía prepararse, pues para él no era opción perder. A la mañana siguiente Hans estuvo todo el día trabajando en la mejor espada que su experiencia y estudios pudiera otorgarle, le dio muchísima importancia, pues esa sería la espada que no solo le defendería a él, sino a toda su familia, se encargó de hacerla lo más ligera posible y lo más resistente que jamás habría visto, de fácil agarre y alta maniobrabilidad, quería salir vivo de dicha batalla, y para ello sabia que necesitaba de una espada que fuera hecha con su máximo empeño y cariño. Van también se dio el trabajo de hacer una espada, le puso los detalles más lujosos, le bañó el mango en oro, le hizo una vaina con detalles en bronce, y además hizo la hoja de plata, quería vencer, pero no solo ganar y quedarse con el mercado, sino humillar a su oponente, tanto en la estética como en el combate, así que también pagó a soldados de élite para que le dieran clases particulares de pelea con espada y así asegurarse la victoria, Hans no tenía el dinero como para permitirse eso, así que le pidió a su padre (un caballero ya jubilado) que le entrenara.
El día de la batalle final llegó y los dos contendientes se situaron en la gran plaza, justo al frente de la fuente, Van desenvainó su espada, una espada, reluciente y dorada, con una cantidad de detalles impresionantes, la gente le vitoreaba nada mas por su trabajo manual, cuando Hans sacó su espada no hubo ni un grito, solo un silencio muy largo, su espada solo tenía dos colores: gris y negro, Van al verla soltó una muy sonora carcajada, y mientras se reía dijo: "¿¡Con esa chatarra es con la que piensas vencerme!?", Hans se mantuvo hierático, mientras se posicionaba como le había enseñando su padre, Van dio unos cuantos sablazos al aire y se puso en posición para luchar, cinco segundos después dio inicio el combate.
Van se desplazo a toda velocidad en contra de Hans, este se quedo parado esperando el golpe de su contrincante, tal y como le aconsejó su padre, dirigió su espada cortando la trayectoria de la de su oponente, la espada de Van chocó con la de Hans, provocando así un chirrido intenso y chispas cegadoras, Van se retiró rápidamente, viendo que su contrincante no era un principiante en el combate decidió optar por una estrategia más elaborada, corrió rápidamente hasta Hans y le trató de atinar un sablazo en todo el pecho, pero como la vez pasada, se vio interrumpido por la espada de Hans, ahí empezó a atacar a diestra y siniestra, Hans seguía bloqueando cada uno de sus ataques, después de unos segundos de intensa lucha, se pudo escuchar el primer grito de dolor y la primera mancha de sangre en el suelo de la plaza, dicha sangre pertenecía a Hans, que fue víctima de un corte en el hombro izquierdo, mientras él se apretaba la herida, Van le decía en tono burlón: "¿Qué paso, está acaso usted muy cansado?", Hans se apuro a devolverle el golpe, pero lamentablemente recibió otro, un corte en el pecho, bastante profundo, dicho golpe hizo que terminara dentro de la fuente, la cual se tiñó de rojo a causa de su sangre, salió con dificultad, y en cuanto lo hizo Van se le acercó al oído, diciéndole: "¿Sabes algo?, después de esto voy a darle una visita a tu familia" y acto seguido le dio una patada que lo mando a volar hasta el otro extremo de la plaza, Hans cayó de bruces contra el suelo, lo único que podía hacer era sollozar, pues había fallado, le había fallado a su familia, y por cómo iban las cosas el moriría, y no podría defender a sus seres queridos, no vio arreglo así que decidió rendirse, esperar la muerte, pero eso le duro aproximadamente 5 segundos, decidió seguir luchando, seguir luchando por su vida, seguir luchando por su familia, se reincorporo lentamente, tomó la espada que el con tanto esmero había creado y susurro mientras Van se preparaba para darle el golpe de gracia: "No descansare, no parare, no me rendiré jamás, ¡no mientras mi familia esté en peligro!", en ese preciso instante, la espada que había creado empezó a brillar en distintos colores, aumentaba su brillo con cada segundo, hasta que en un abrir y cerrar de ojos dejo de brillar, pero no era la misma espada, era una espada sencilla, con pocos detalles, con un largo sable de acero plateado, y en el mango unos detalles en oro, el cual le protegía la mano, Van se dispuso a dar cierre a la vida de su contrincante pero su golpe fue detenido por la espada de Hans, Van siguió atacando a Hans, pero no acertaba ningún golpe, después de muchos intentos, surgió el primer ataque de Hans con su nueva espada, Van logro detener dicho ataque pero a un precio muy alto: su espada se quebró, volviéndose inservible, Hans golpeó a Van tres veces, un corte en el pecho, otro en el muslo y finalizó con una patada que lo mandaría directo al suelo, Hans se acercó a Van, dispuesto a dar un golpe final, movió su espada contra Van a toda velocidad, pero a centímetros de su pecho se detuvo. Hans no quería acabar con ninguna vida humana, por más miserable que fuera, así que le perdonó la vida a Van, con la condición de que jamás volviera al reino, y dejara a su familia en paz.
Hoy por hoy se sigue hablando en el pueblo donde siglos atrás estaba el gran reino, de la legendaria batalla entre dos herreros, uno humilde y pobre y el otro vanidoso y rico, de cómo lucharon, de el porqué lucharon, y de cómo el herrero humilde venció al herrero vanidoso con una espada hecha con el corazón, con su brillo de distintos colores tal cual una aurora boreal, tan hermoso como sencillo, se le recuerda hoy a dicha espada con el nombre de Aurora.

AuroraStories to obsess over. Discover now