Nunca nadie le había dicho lo hermosa que era, ni lo bien que se veía cada vez que se levantaba por las mañanas; aún estando despeinada y de malhumor.
Nadie le deseaba los buenos días y mucho menos recibía un mensaje diciendo "Buenas noches, que descanses"
Nunca le rogaban para que se quedara un rato más.
Ella se sentía inservible, patética, ella creía que era un desastre. Y quizás sí, quizás sí lo era.
Pero aún así, ella era el desastre más perfecto que había visto jamás.
Aquél desastre caótico del que no quieres salir.
Pero ella no lo sabía y él no se atrevería a decírselo, porque una chica bonita y popular jamás se fijaría en un chico como él.
