Cuando se hizo de día, todos salieron de sus respectivas cabañas, para juntarse en la entrada/salida de la aldea. A Inuyasha le pesaban los párpados, y no se esforzaba en ocultarlo. Kikyo estaba a su lado, al parecer también adormilada. Shippo estaba recostado contra Kirara, quien también estaba un poco adormilada. La única que no se sentía así era Sango. A ella el sueño NO la vencería. La necesidad de encontrar a su amiga era más grande que el cansancio. Al llegar y verlos así, su furia no se hizo esperar.
— ¡A despertarse! —dijo Sango, dándoles a todos un baldazo de agua fría en la cara.
— ¡Sango! ¡Ay, eso no hacía falta!—se quejó Inuyasha, mientras se secaba la cara con una de sus mangas y Kikyo lo ayudaba.
— Bueno, bueno. Vamos a lo importante. Hay que tratar de recuperar a nuestra amiga, ¿No? Entonces hay que ponernos en marcha enseguida. —Dijo Sango, cuando todos estuvieron ya bien despiertos.
— Bien dicho. Ahora… ¿Qué dirección tomamos? —preguntó Miroku, apareciendo de la nada, quien acababa de llegar a la aldea y los había escuchado hablar.
Un “¡¡¡Ahhhhhhhhhhhhh!!!” colectivo fue lo único que se escuchó de todos los presentes como respuesta al comentario hecho por el monje. Nadie se había dado cuenta de la presencia de su amigo. Ni siquiera Inuyasha había detectado con su olfato a la persona que los acababa de tomar por sorpresa. Se notaba que a veces el cansancio podía más que los agudos sentidos del mitad bestia.
Miroku hizo un esfuerzo por no reírse de sus expresiones, y se situó al lado de Sango.
— Perdonen, amigos, por la sorpresa, pero los escuché hablar hace un rato. Al parecer nuestra amiga no está muerta como todos pensábamos, ¿no? Entonces yo creo que antes de ponernos en marcha, hay que decidir qué camino tomar.
— Fácil, Oeste. —dijo Inuyasha, y se echó a correr en esa dirección, cargando a Kikyo en su espalda, dejando a sus amigos atrás.
—Inuyasha jamás va a aprender. —Dijo Miroku, con un suspiro de cansancio.
Sango estaba a punto de contestar, cuando de repente sintió que la manito de cierta personita se dirigía cierta parte de su cuerpo.
¡PAF!
—Y al parecer, ¡Usted tampoco!—dijo la exterminadora luego de pegarle una buena cachetada a su esposo.
Shippo suspiró, y se subió al hombro de Miroku. Luego Kirara se transformó, y encima subió la pareja, junto con el pequeño zorrito. La nekoYoukai se elevó en el cielo, y al poco tiempo alcanzó a Inuyasha. Éste último estaba muy ocupado corriendo, siguiendo lo más que podía el aroma de su amada y de su odioso hermano, siempre yendo hacia el Oeste.
El día pasaba lento, y parecía que las horas duraban años. Esta sensación era peor para cierto miembro del grupo. Miroku se había comenzado a poner nervioso. Kagome le había dicho que no les dijera nada a los demás, y él no había dicho nada a nadie, pero de alguna forma se habían enterado, y conociendo a su amiga, él sabía que ella se enojaría… Y nadie estaba a salvo cuando Kagome se ponía colérica. Esto le preocupaba sobre manera. ‘¿Ahora qué hago? Se enojará, pero… No, no me hará ningún bien pensar en las consecuencias’.
— Excelencia, ¿Está todo bien?
La voz de la exterminadora lo tomó por sorpresa, estando tan distraído. Miroku se dio vuelta y vio que Sango tenía una expresión de preocupación en su rostro, y para que ella no se preocupara, él le sonrió y trató de olvidar lo que estuvo pensando.
— Está todo bien, Sango. No te preocupes. —dijo, y luego se dio vuelta para tratar de seguir con la vista a Inuyasha, quién iba muy rápido y a Kirara se la hacía difícil seguirle el paso.
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El Orgullo de un Youkai
Fanfiction(Dibujé un Fanart y lo puse de portada! YAY!) Decidí escribir una historia en un idioma en el cual me sintiera cómoda, así que nada mejor que mi idioma natal!!! :D Creo que lo voy a traducir al inglés... algún día. ... Kagome se encuentra sola, en...
