ㅤㅤEl dinero jamás llega solo, trae siempre consigo la sombra de quien lo codicia estampada en cada hilo de papel que lo compone, y algunas veces lo que se compra no siempre tiene precio, pero siempre deja una marca pulsante, las manos que intercambian promesas doradas tienden a olvidar que, lo más brillante suele pudrirse primero, dejando un rumero de moscas y podredumbre entre los brazos.
En un mundo de jerarquías que se tallan en la piel inclusive antes del nacimiento, nadie escapa del peso de lo que es, los cuerpos se arrastran y cargan con destinos que jamás pidieron, nombres y rodillas que se doblan bajo la voluntad de los otros que habitan escalafones más altos, Alfas, Betas, Omegas; un orden tan antiguo que parece una retorcida ley divina, tan cruel que puede confundirse con fe.
Y, sin embargo, incluso en esa estructura resquebrajada, sigue latiendo un pulso que parece esconderse ante el ápice más sutil de una mirada, un deseo disfrazado de redención, un amor salpicado de veneno que nace de una grieta, porque el poder no siempre se impone con violencia, sino que algunas veces se ofrece con la sutileza de unas grandes manos rodeando una cintura en el refugio de una oficina, o con la miel de una promesa.
El oro ciega, la avaricia consume, y lo que se entrega sin precedentes jamás regresa intacto. Al final, no es la mentira lo que destruye, sino que, de alguna manera, se cree que se puede sobrevivir a ella.
"—¿Cuanto quiere por su hijo?
—¿Disculpe? —el hombre de cabello cobrizo ni miró al que le hablaba, se concentraba mas en revolver los papeles donde ponía que solo quedaban 6 días para pagar los dos millones de yenes que le debía al banco.
—Le compro a su hijo, ¿cuanto quiere?
—¡Mi hijo no está en venta! —Exclamó este ya fuera de sus casillas mientras volteaba a mirar al contrario de cabello grisáceo y ojos encantadoramente azul verdosos.
—¿Que dice 8 millones de dolares?
El hombre abrió sus ojos de par en par, aquél joven bien portado con aires de persona importante y fisionomía diferente estaba hablando de la moneda universal, estaba hablando de dolares.
—¡Dolares! —Fue lo único que pudo responder mientras una fina gota de sudor bajaba por su frente. Pensó por unos eternos segundos, ¡20 millones de dolares! ¿Que haría con tanto dinero? Mejor dicho, ¿que no haría? ¡Sacaría a su familia de todas las deudas! Pero por otro lado estaba Yuuri, su hijo, aquello iba contra sus principios. Dudas, codicia, su corazón bombeaba cada vez mas rapido, no más deudas, no más hipoteca, no más nada.
—¿Para que ocuparía a Yuuri?—Vaciló mientras tamborileaba sus dedos en el folder que tenía entre las manos.
—Verá,...necesito...—Viktor hizo un ademán en busca de las palabras que debía ocupar en ese momento. —trabajadores,...últimamente he estado corto de personal y no puedo manejar todo yo solo.
El mas bajo se lo pensó un poco unos minutos, Viktor le observaba con total calma, le sonreía de vez en cuando mientras se arreglaba algunos mechones de cabello que se desordenaban.
—...Es un trato.
Los orbes de Viktor se iluminaron mientras una sonrisa juguetona se hacía presente en sus labios.
—Ah... —Viktor hizo un ademán mientras le tomaba de la mano y se la estrechaba con firmeza —un placer hacer negocios con usted."
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vendido ★ viktuuri [omegaverse] | CORRIGIENDO
FanfictionYuuri Katsuki cargaba consigo un silencio que parecía heredado de generación en generación, con una obediencia ligeramente entintada de afecto, y ahora, más allá del horizonte al que siempre se había acostumbrado a contemplar desde su niñez, lo agua...
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