Game Over

101 1 0
                                        

Nazco de las sombras. Nadie me conoce, nadie sabe quién soy, nadie reacciona ante la mención de mi nombre... No soy nadie.

Poco a poco me voy abriendo camino por este mundo que me resulta tan desconocido y hostil como llamativo y enigmático. Primero aprendo cosas simples; cómo conseguir comida, dónde conseguir agua... aprendo a confeccionarme ropa resistente al duro clima de este lugar, a hacer algunas herramientas y a rastrear a mis presas. Y así, lentamente, empiezo a surgir. 

Un día me veo capaz no solo de abastecerme, si no de almacenar cosas en caso de urgencia. Con el excedente gano mi primer moneda de plata. Excitada por la posibilidad que se abría ante mis ojos, doblo las horas de trabajo y comienzo a guardar las monedas en una bolsa. De a poco, se va volviendo cada vez más grande. Cuando tengo lo suficiente, me dirijo a la herrería y hago mi encargo. Me dicen que vuelva dentro de unos días, que para ese entonces ya estaría lista. Consumida por la ansiedad, espero los días que me indicaron. A primera hora del octavo día estoy allí nuevamente, esperando a ser atendida. Se acerca a mí un hombre de piel curtida y brazos musculosos.

-Ya está hecho, es tuya- dice, tendiéndome el objeto.

La tomo entre mis manos, retiro la vaina y tanteo su peso. Me coloco en posición y lanzo una estocada al aire. Compruebo que rápidamente me acostumbraré a ella.
En su empuñadura, deliciosamente labrada, se enredan las colas de dragones y serpientes y las garras de leones y demonios. Está rematada por un pomo que se asemeja a una rosa.
La coloco en mi cintura, me despido del hombre y me retiro de aquél lugar, ansiosa por llegar cuanto antes a algún apartado para usar mi nueva arma.
Rondando por la ciudad, buscando alguna callejuela por la que poder colarme para escaparme a algún claro en medio del bosque, oigo un ruido que me llama la atención. Me detengo y presto atención. De nuevo.
Un grito que me pone la piel de gallina.
Saco mi espada al tiempo que comienzo a correr en dirección al sonido que me heló la sangre. ¿Quién será? ¿Qué le pasará? Acelero el paso. Al doblar una esquina, encuentro a la persona que había gritado. Era una niña pequeña, de cara redondeada, ojos color avellana y un vestido celeste que parecía gastado por el tiempo. Y en frente suyo, un hombre avanzado en edad, harapiento y con un gesto malicioso en su cara. amenazaba a la niña con un cuchillo mientras ella retrocedía con pasos temblorosos. Dos sentimientos lucharon por ganar lugar en mi corazón; compasión e ira. Dejé que ambos me inundaran y me abalancé sobre el viejo a la vez que empuñaba mi espada. A último momento, este se da la vuelta ofreciéndome la misma sonrisa enferma que a la niña. Sintiendo un dolor intenso en el abdomen, caigo de rodillas. Mis ojos se dirigen hacia abajo y veo cómo mi sangre se desliza hacia el suelo desde mi vientre, en el mismo lugar en que yace un cuchillo clavado.
_________________________________________

- ¿Qué haces acá todavía? Siempre lo mismo vos.
- Ya termino, perdón, es que está muy bueno.
- Siempre la misma excusa, no pensas en otra cosa que en eso.
- Te digo que ya casi term...

                      - GAME OVER -

- ¿Ves? Me hiciste perder.

Game OverStories to obsess over. Discover now