Por ti...¡Haré lo que sea!

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Prólogo

7 de junio. Fiesta en casa de Aarón.

No pensé que fuera tan tarde y que la madrugada ya se me hubiera echado encima. La noche ha pasado tan rápido y ha sido tan intensa que mi corazón aún late con tanta fuerza que parece que vaya a salirse del pecho.

Y sé, que a pesar de todos los esfuerzos que haga, nunca podré olvidar esta noche, estas últimas horas...ni todo lo que he vivido. Tampoco podré olvidar a ninguna de las personas que se han cruzado conmigo... sus rostros están grabados a fuego en mi mente y así permanecerán para siempre.

Mientras espero calmarme para regresar a casa, no puedo evitar lanzar un vistazo a la casa de Aarón. Las luces aún están encendidas, la fiesta durará un par de horas más, muchos amanecerán allí, pero yo no.

El rocío se impregna en mi ropa, mi rostro y calma mi respiración. Aun así, sé que nada borrará lo sucedido la noche del siete de junio y tampoco te eliminaré de mis pensamientos. No podré olvidarte, ¡jamás!, ni lo que has hecho por mí. Me he hecho una promesa y es...Por ti...¡haré lo que sea!


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Elle

Dos años después

Ha llegado septiembre y con ello el inicio del nuevo curso. Es viernes por la noche y me encuentro en casa de mi mejor amigo, Simon, con algunos más. Muy pronto todos estaremos centrados en los estudios y salvo los descansos entre clase y clase, en rara ocasión nos veremos. Es el último curso, las aspiraciones que tenemos son muy elevadas y esta pequeña fiesta será uno de los últimos momentos que tendremos antes de tomarnos otro respiro en Navidades.

Tras dedicar una sonrisa a Simon, me dirijo al baño. Mi inicio de curso no podría haber sido peor. Un virus estomacal ha hecho que me pierda los tres primeros días de clase, aunque Simon me ha mantenido al día de las asignaturas, los horarios y todo lo que tenía que saber, incluso los últimos rumores, a pesar de que él sabe cuánto detesto esos absurdos cotilleos que forman parte de nuestro día a día.

Una vez cierro la puerta tras de mí, lanzo un suspiro. Aún no me encuentro del todo bien, quizás permanecer en casa hubiera sido lo mejor, pero mi padre y amigos insistieron en que tomar un poco el aire me vendría bien.

Tras enjuagarme el rostro con agua fría me echo un vistazo en el espejo. Estoy algo pálida y ojerosa, pero muestro mejor aspecto que días atrás. Tras tomar un pequeño neceser de mi bolso, me dispongo a retocarme. Normalmente no uso maquillaje, salvo un poco de brillo de labios, pero hoy ha sido una excepción. Doy algo de color a mis mejillas y labios. No aplico rímel a mis ojos. Es uno de los rasgos que más destacan de mi pequeño rostro, pues son verdes, enmarcados por unas finas cejas. Llevo el pelo largo, liso, hasta los hombros. Mi color es castaño, pero hace unas semanas me apliqué algunos reflejos dorados y cobrizos, y la verdad es que me gustan mucho.

De nuevo salgo del baño y me dirijo al comedor, donde se han reunido todos con algunas snacks, chocolatinas y cervezas. Tomo asiento junto a Simon, en el suelo, donde han esparcido varios cojines para que estemos más cómodos y a la misma altura. Realmente llamar a esto una fiesta, es exagerar. En realidad, solo somos seis que se han reunido un viernes por la noche. A Simon le gusta llamarnos los inadaptados, en cambio Rose es más severa calificándonos como aquellos a los que nadie quiere ver y Alex simplemente nos llama frikis. Es cierto que somos un grupo peculiar. Alex y Simon son unos expertos en informática; saben todo sobre ordenadores, internet y la red profunda. Alex alardea de querer convertirse en un hacker y aunque Simon nunca me ha dicho nada, sé que él también aspira a serlo. Después está Rose; su pasión es la música, toca el violín desde niña y es gótica. Lleva el pelo muy negro y largo, los ojos casi ocultos debido al lápiz de ojos y la sombra oscura. Después estamos los artistas, el grupo donde yo entro. Tanto Laurel como yo formamos parte de él. Ambas escribimos, aunque Laurel se dedica más a la poesía y las dos dibujamos también. Yo me decanto por el arte digital, mientras que Laurel siente devoción por el arte más clásico, como los oleos. Y por último está Connor, el genio, el científico del que todos sabemos tendrá un gran futuro y además, gran admirador de la serie The Big Bang Theory. Es raro el día que no lleve una de las camisetas que tan populares se han vuelto tras la serie.

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