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Prólogo: Una misteriosa tragedia en Manhattan (pt. 1)

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El señor y la señora Harrison llevan meses de viaje de negocios. El trabajo de Jonathan Harrison les permite a él y a su esposa estar continuamente viajando alrededor del globo, viendo todas las maravillas de este precioso planeta. Es increíble lo bonita que puede ser la tierra a veces, y verla desde el cielo, fascinante. Las nubes iluminadas por los tímidos rayos de sol de un atardecer puede llegar a ser una imagen para recordar toda la vida.

-Mira, cielo, ¿No es asombroso?- Preguntó Donna Harrison, tirando suavemente de la manga de su marido. Llevaban casados una eternidad, desde el primer momento que cruzaron sus miradas sabían que serían eternamente felices juntos. 15 años de matrimonio, una década y media de felicidad. 

-Lo es, cariño. Me recuerda a ti por las mañanas.- Dijo, entre risas, pensando en lo ridículo que había sonado al decir eso. Lo que más le encantaba a Donna de él era lo mucho que le hacía reír, lo cual era difícil ya que era una persona... un poco hueso, como se suele decir. Jonathan sabía sacar lo mejor de ella, y ella solo sabía disfrutar de lo mejor de su marido. Eran la pareja perfecta, las personas mas felices del mundo. 

Jonathan volvió a su trabajo, abrió su portátil y se puso a rellenar documentos mientras que su mujer hacía lo mismo. Ambos habían hecho crecer su empresa rápidamente, en apenas unos años eran de las familias más ricas de la gran manzana. Esto les permitía llenar de caprichos a su joven hijo Liam, aunque de manera justa y solo si el chico se lo ganaba. Eso si, era recompensado muy gratamente la verdad. Era el pequeño ojito de mamá, y la ultima persona que pasó por su mente antes de que ocurriese aquella gran tragedia. 

Un gran estruendo despertó a Jonathan de su profundo sueño. -¡Jonathan! ¡Jonathan!.- Gritaba su mujer, desesperada. Las mascarillas de oxigeno estaban hacia abajo, No le dio tiempo a reaccionar apenas, el pánico cundió en el avión. Lo ultimo que pudieron ver fue un misterioso relámpago morado, el cual los cegó completamente, partir el avión en dos, haciendo que ambas partes cayesen en picado. Donna, asumiendo su muerte en los pocos segundos que le quedaban de vida, tomó la mano de Jonathan y ambos se miraron a sus lacrimosos ojos azules, visualizando en el reflejo de ellos la maravillosa vida que habían tenido. A su hijo cumpliendo años. La universidad en la que se conocieron, su primer beso. -Te quiero.- Fueron las ultimas palabras de la joven señora Harrison de 46 años, de la que solo quedaban maravillosos recuerdos de una vida corta pero perfecta. 

La noticia se hizo eco en todo el mundo, aunque se enfatizo mucho más el misterio que había detrás del trágico accidente de Nueva York. En un cielo prácticamente sin ninguna tormenta, como era posible que hubiese sucedido esto. Muchos se pronunciaron. Los más conservadores le echaron la culpa al estado islámico. Los más conspiratorios pusieron sus dedos sobre el gobierno, un accidente planeado para desatar una guerra mundial. También los UFObsesionados señalaron a los extraterrestres, ''una nueva invasión de los de ahí arriba'' decían. 

Pero era algo más que eso, era algo mucho más grande. Más inocente y a la vez más terrorífico. Los ciudadanos de los Estados Unidos notaban un cambio en el aire, una energía diferente se podía respirar en el ambiente. Miles de personas, en todo el planeta, cruzaban las calles con carteles extraños que contenían preocupantes mensajes en ellos. O eran letras extrañas que no parecían provenir de ningún idioma, o eran preocupantes frases como ''ya están entre nosotros''. La gente no le ha dado gran importancia. ''Locuras, malditos dementes'' dicen. Pero deberían hacerles caso y prestar un poco más de atención, ya que todo ha cambiado, todo.

Han pasado seis años, y las heridas de ese accidente siguen abiertas aunque parezca que casi nadie se acuerda ya de todas aquellas personas que murieron ese fatídico día. Aquellos ''locos'' han ido desapareciendo poco a poco de forma misteriosa, pero su desaparición no ha pasado del todo desapercibida. 

El accidente, la muerte de los señores Harrison, solo fue el principio. Algo pasa en Estados Unidos. Algo grande, algo... mágico había acontecido en la tierra.

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