"El dolor de ser solo su amigo"

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Mirarla dolía. Todo de ella me dolía. Estabamos juntos como todos los sabados, sentados en el sofá de su casa, con palomitas de maiz, mirando nuestra serie favorita.
Ella se encontraba apoyada sobre mis muslos, acostada, yo le acariciaba el cabello, ese oscuro y brillante cabello con olor a manzanilla, lo único que deseaba en ese momento era decirle la verdad de una buena vez, pero tenía miedo, sabía que ella me ignoraría y yo terminaría sufriendo más de lo que sufro ahora por no animarme a contar la verdad.
Conozco a Valeria desde que comenzamos la escuela secundaria, aproximadamente hace dos años y medio, nos hicimos mejores amigos, tan amigos que hasta parecemos hermanos, sé qué contar lo que en verdad siento por ella será duro, sé qué nunca me animaré por miedo al rechazo.

-¿En qué piensas Facundo?-. Me dijo mirándome a los ojos, dejando de lado la serie que nos encontrabamos mirando por Netflix, me moría al saber que tenía al amor de mi vida sentada junto a mí, pero era mi mejor amiga; no podía sacarme eso de mi cabeza.

-¿Facundo en que piensas?-. Insistió.

-En nada Vale, me imagino la vida sin vos y sin los sábados de serie, y juro que moriría si me faltarías vos, eres la única que siempre esta conmigo y me ayuda, en verdad, gracias amiga-. Respondí, sabiendo claramente que pensaba en otra cosa, sinceramente, pensaba en besarla y confesarle toda la verdad.
Ella sonrió, y continuó mirando la serie, al igual que yo.

Pasó un rato, y me dí cuenta que Vale estaba dormida, decidí apagar la televisión y llevarla a su habitación, era tarde y ella tenia que levantarse temprano para ir a jugar al hockey como cada domingo, yo siempre la acompañaba, me gustaba estar junto a ella y apoyarla como siempre ella hizo conmigo, la tomé de su cintura y la alcé para subir las escaleras que me conducían hacia su dormitorio.
Al dejarla en la cama, me tomó del cuello, y entredormida dijo:
-Te quiero-. Mis ojos se llenaron de felicidad, aunque seguro que estaba soñando, ese te quiero era una señal.
Apagué la luz y cerré la puerta, fuí al baño, me lavé la cara y decidí informarle a Marta, la madre de Vale, que ya me estaba yendo y que Vale estaba durmiendo. Llegué a mi casa, me desvestí y me acosté en mi cama, no podia dormir, mi cabeza sólo pensaba en ella.

Me desperté a las siete de la mañana, algo golpeó mi ventana, me levanté y asustado me acerqué a ver, era ella, esperandomé con sus padres para acompañarla hacia el club y verla jugar, agarré lo primero que estaba a mi alcance, me vestí y descendí las escaleras lo más rápido que pude, ella me esperaba en la puerta, salude a mis padres, les informé que me iría con Vale al club como todos los domingos para verla jugar, abrí la puerta, la vi más espléndida que el domingo anterior, la saludé y corriendo fuimos hacia el vehículo ya que estabamos llegando tarde.

Era la anteúltima fecha del campeonato, Valeria y su equipo necesitaba ganar para estar arriba de la tabla, el partido fué intenso, metió dos goles que hicieron que el equipo ganara, festejamos con toda la familia, la esperamos y decidimos ir a McDonald's a celebrar, en el trayecto le ofrecí escuchar música, cada uno con un auricular, ella aferrada a mí, mirando el hermoso campo que se observaba por la ventanilla, su padre nos miró con cara extraña y decidió separarnos, nose porqué.

Comimos tranquilos, decidimos volver solos a mi casa ya que algo raro le pasaba a Raúl que nos habia mirado con mala cara, tomamos el ómnibus a poca distancia del McDonald's y fuimos parados, el transporte estaba lleno, estaba junto a ella, mirándola, y ella mirándome a mí, así todo el viaje, parecíamos novios.

Bajamos del ómnibus, nos agarramos de las manos y juntos fuimos hacia mi casa que quedaba a unas pocas cuadras de distancia, las recorrimos juntos, ella me contaba su experiencia en este partido y me informaba lo importante que era el partido que seguia, habian luchado 18 partidos para estar en donde hoy estan, arriba de la tabla, si ganarían el partido de la proxima semana serian campeones en la B y pasarían hacia la A, la tabla mas importante y a la que ella siempre quiso llegar.

Llegamos a casa, le abrí la puerta y nadie estaba allí, estábamos solos, tomamos un café como todos los domingos despues de ir al club, nos sentamos bajo un árbol y recordamos cada partido juntos que hemos vivido, me acordé de tantos momentos hermosos en estos tres años de amistad, estaba a punto de contarle la verdad y me dijo:

-Gracias por estar conmigo cada partido, nunca me fallaste, has vinido con lluvia, con calor y con vientos, pero siempre estuviste junto a mi, en verdad, te lo agradezco-. Me derretí con sus palabras entonces tomé coraje y le dije:

-Siempre voy a estar junto a vos, sos lo mejor que tengo en la vida, de verdad, nose qué haría sin vos, te amo amiga-.


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