—¡Ash es una niña! ¡Ash es una niña! —exclamaban al unísono el grupo de chicos que diariamente molestaban al pobre Ashton.
—¡No soy una niña! ¡Solamente me gusta el color rosa! —respondió mientras sus mejillas se tornaban cada vez más rojas, debido a que se encontraba al borde del llanto.
—¡Solamente a las niñas les gusta el color rosa! ¡Eres una niña! —justo antes de que una tragedia pudiera haber ocurrido, su mejor amigo, Calum, había llegado al rescate. Puso sus cortos brazos alrededor del rubio, protegiéndolo de ser golpeado por los mayores.
—¡Deberían avergonzarse! Solamente porque son de tercer grado, no les da el derecho a molestarlo —dijo con enfado sin soltar a su compañero.
—¿Porqué lo estaríamos? Si nada más estamos jugando con Ashton. ¿Verdad, niñita? —contestó con un tono de sarcasmo el más alto de todos, dirigiéndose a Ashton.
—¡Métanse con alguien de su tamaño, bravucones! —se puso de pie para darle una patada en la pierna a uno del grupo que no paraba de reír.
—Vámonos de aquí, ya obtuvimos suficiente. Esto no termina aquí, Ashley. Me las pagarás tarde o temprano —interrumpió el líder, dando la media vuelta para abandonar el rincón en el que se encontraban en el patio de la escuela.
—¡Es Ashton! —gritó Calum lo suficientemente fuerte para que los demás escucharan, pero habían escapado corriendo antes de enfrentarse con un profesor—. ¿Estás bien, Ashy? ¿Qué te hicieron? —acarició la cabellera del pequeño para intentar calmarlo; pero ya era bastante tarde. Había empezado a llorar hace Dios sabrá cuándo. Sus mejillas estaban tan rojas como un tomate, igual su nariz, y las lágrimas caían de su rostro como cascadas. Sus sollozos eran tan constantes que ni siquiera le permitían pronunciar una palabra.
—Nada, no me hicieron nada. Solamente me decían que era una niña —contestó una vez que el llanto había parado. Calum Hood y Ashton llevan una gran amistad desde el último año del jardín de niños, todo gracias a que el pelinegro le había prestado de sus colores cuando el otro había dejado los suyos en casa un día. Desde ese entonces, se habían vuelto inseparables. Ashton era el niño más despreciado en la escuela entera y le era casi imposible hacer amigos. Calum era su pequeño milagro.
—¿Qué te había dicho, Ashy? Te dije ayer que escondieras el brazalete de amistad que te regalé —dijo con un tono de fastidio en sus palabras, cubriéndole sus delicadas muñecas con las mangas largas de su polera—. Los niños no usan estas cosas, por eso te dije que la ocultaras.
—Pero yo quería enseñarle a toda la escuela lo mucho que nos queremos y que somos muy unidos y... —el pelinegro le interrumpió.
—¡No puedes hacer eso! ¡Entiende que ellos no deben vernos juntos todo el tiempo! —la desesperación en sus agresivos susurros había provocado que el pequeño Ashton volviera a sollozar—. Perdón, perdón. Es que me preocupo por ti, Ashy. Ya no quiero que te sigan lastimando. No tienes idea de lo que significas para mí, no quiero verte herido un día de estos.
—Calum, yo... —en eso, los mismos chicos que habían molestado al castaño, volvieron a aparecer.
—Calum, ¿quieres estar en nuestro equipo de fútbol? Nos falta un integrante —dijo con normalidad, como si el pequeño pleito que había ocurrido hace unos minutos nunca hubiera existido. Andrew Biersack era un chico extraño, en el sentido que un día era el peor enemigo de Calum, mientras que el siguiente eran amigos inseparables.
—¡Claro! Voy para allá —respondió con entusiasmo antes de que el pequeño grupo regresara al campo de juego—. Ashy, hablamos en la salida, ¿sí?
—Está bien... —dijo con decepción mientras bajaba la mirada.
—Ya no te sientas mal, por favor. Deberías ir a lavarte la cara.
—Calum, espera —lo detuvo el castaño justo cuando el pelinegro se alejaba.
—¿Qué pasa, Ashton?
—Te amo —dijo dulcemente—. Te amo mucho. Por favor, nunca lo olvides.
—No lo haré. Hasta luego —dijo sin más y desapareció.
—¡Ashton! Baja, por favor —gritó la madre del pequeño que se encontraba en su cuarto jugando con las muñecas que había robado de la casa de su prima.
—¡Ya voy, mami! —respondió el castaño mientras bajaba las escaleras corriendo. Llegó a la sala principal, donde se encontraba su mamá, junto con la psicóloga del infante, Nat—. ¡Hola, Nat!
—¡Hola, Ashton! ¿Cómo has estado? —dijo con felicidad la mayor antes de extender sus brazos para recibirlo con un abrazo.
—Muy bien, me fue bien en la escuela.
—Ashton, no mientas —interrumpió su madre—. La directora me llamó para decirme que Andrew y sus amigos te habían molestado en la hora del lonche. Hijo, ¿porqué no me dijiste nada? ¿No confías en mí?
—Anne, no le hables así —la corrigió Nat—. Ashton, ¿te gusta ir a la escuela?
—Sí, me gusta mucho ir.
—¿Me estás diciendo la verdad?
—Te lo juro, Nat. Adoro ir a la escuela. Es el único lugar donde veo a Calum, y Calum me hace feliz —dijo con una sonrisa inocente en su rostro.
—¿Y quién es Calum, cariño?
—Es mi mejor amigo, y lo quiero mucho.
—Ashton, mira, seré sincera contigo. No daremos más rodeos. Nat y yo llevamos mucho tiempo hablando sobre esto, y llegamos a la decisión que no irás a esa escuela. Estudiarás aquí en casa conmigo e irás más seguido a visitar a Nat, ¿entendido?
—¿Qué? ¿Porqué no voy a regresar a la escuela? ¿Qué hice para merecer este castigo? —dijo mientras su voz empezaba a quebrarse poco a poco.
—Tú no hiciste nada malo, amor —le interrumpió Nat mientras lo tomaba con fuerza—. Puede ser un poco duro, pero debes entender que es por tu bien. Tu mami se preocupa mucho por ti, y te quiere tanto que ella te va a alejar de esos niños malos.
—¡Pero no quiero! —respondió con rabia, alejándose bruscamente de la mayor—. Prefiero que me molesten por el resto de mi vida y seguir viendo a Calum que quedarme encerrado aquí para siempre sin él.
—¡Te vas a olvidar de Calum, quieras o no! —exclamó su madre—. Harás mejores amigos. Estarás con gente con la que en verdad mereces juntarte.
—¡No me importa a quién merezca yo! ¡Yo quiero a Calum! —esas fueron las últimas palabras del menor, antes de huir corriendo a su mejor refugio por ahora; su habitación.
—¡Ashton! —gritó su madre desde la sala, pero Nat la detuvo.
—Déjalo, Anne, solamente está alterado. Ahora no es el mejor momento para hablar con él.
—Ya no sé qué hacer. Te juro que no sé. Desde que mi ex esposo me dejó, todo esto es un infierno. Tener a un hijo con ansiedad no es fácil. Y ahora tener que separarlo de su único amigo es aún peor. Me va a odiar. Soy la peor madre que pudo haber existido —la mujer rompió en llanto, siendo rodeada por los brazos de Nat.
—No, claro que no. Eres muy fuerte por soportar todo esto, y para eso estoy aquí. Estaré aquí para apoyarte. Tú también estarás en las sesiones con Ashton, y te aconsejaré como acercarte más a tu hijo. Por favor, no lo abandones ahora cuando más te necesita. No porque se encuentre con un nivel de ansiedad severo significa que siempre será así, no si hacemos un esfuerzo por demostrarle que él es importante y especial.
—Espero que todo esto valga la pena. No quiero volverme en su enemiga.
—Créeme, no lo serás. Poco a poco, Ashton va a superarlo. Por ahora, hay que alejarlo de los otros niños; incluso de Calum. Podría perjudicarlos tanto a ellos como a él mismo. Te prometo que todo mejorará pronto, ¿sí?
—Está bien. Gracias por todo, Nat.
—No te preocupes. Iré a hablar con él —Anne asintió y la psicóloga abandonó la planta baja de la casa para subir los escalones hasta llegar a la alcoba del pequeño, tocando la puerta—. Ashton, soy yo, tu tía Nat. ¿Puedes abrirme, por favor? No voy a molestar mucho.
—Tú nunca me molestas, tía Nat... —dijo suavemente mientras abría la puerta. Nat entró y tomó asiento en el borde de su cama.
—Mira, cariño, sé que esto es difícil, pero no siempre durará de esta manera. Debes entender que hacemos esto por tu bien.
—¿Ustedes no me odian, cierto? —preguntó con un poco más de confianza esta vez, secando las lágrimas de sus mejillas.
—Claro que no. Ashton, tú no te preocupes. Recuerda lo que siempre te digo. Después de la lluvia, viene el arcoiris.
—Gracias, Nat... —después de esas palabras, hubo un pequeño momento de silencio.
—Bueno, ya tengo que irme; tu prima Ariadna me está esperando en casa. Volveré mañana temprano, y hablaremos mejor sobre esto, ¿sí? Te quiero —le dio un pequeño beso en su frente y abandonó la habitación. Justo después de ese último paso que dio Nat fuera del cuarto, la sonrisa que había fingido Ashton todo ese tiempo desapareció sin dejar ningún rastro, y las lágrimas regresaron. Cerró la puerta y se tiró en la cama, ocultando su cara en una almohada.
—Calum, por favor, no me dejes. Nunca me olvides. Calum, no me odies por irme sin despedirme antes. Te juro que no era mi intención —exclamaba una y otra vez con toda la angustia del mundo—. Calum, te amo...
