¿La encontraste?
claro que no Clark
Pero si siempre estuvo ahí....
eso creí yo.... No encontré la sensación que tu piel ocasionaba en mí, esa fue la última vez que nuestros cuerpos se sintieron, y fue vacío....
Entonces... ¿Ya no me amas?
No... no te amo, ¿ya me puedo ir?
Clark guarda silencio fúnebre mientras clara Munish entra al tren que querrá ver una y otra vez esperando a que regrese a sus brazos, pero son tiempos difíciles, en el verano de 1835 hay más guerras dentro de la sociedad que entre las naciones.
Observo el tren hasta perderse en el horizonte con un suspiro donde el alma se escaba de la carne, dio un giro sin esperanzas al dejar de ver el tren, mientras algo tapo su rostro, y el filo se deslizo por su espalda separando cada poro de la piel, debió conservar el aliento que dio por clara antes de que pudiera quedarse sin alguno...
Pocos amigos, ningún familiar, lo único que se podía ver era un ataúd solitario en una lápida en una colina sin vida...irónico, su vida fue tan simple como su entierro, con amores baratos que la muerte llego como el verdadero amor.
A la distancia, un hombre alto y corpulento observo a detalle el entierro, al final, acomodó su sombrero y se perdió en la bruma de la mañana.
Clara Munish nunca llego a su destino, su cuerpo fue encontrado a 20 kilómetros de la estación del tren, asfixia por estrangulación fue el dato médico, el terror se esparció por la ciudad, la incertidumbre ataca a la sociedad incauta de los peligros que ella misma ocasiona....
En las tumbas separadas de Clara y Clark apareció una nota que decía:
Al son de tus ausentes latidos
mi cuerpo cae aturdido,
Para que ilusionar a este mortal,
que al final murió como tal.
En un bar anónimo, yace un hombre corpulento y solitario, su rostro fuerte con una pronunciada cicatriz en el pómulo derecho, degustaba una copa de vino con la vista perdida, una pelea de bar comenzó a sus espaldas la cual ignora, hasta que una botella de licor se destroza tras su nuca, el cuerpo de 1.94 se levantó del letargo y con una rapidez ensayada asestó un golpe letal en la garganta de su agresor, el bar tuvo un silencio súbito mientras se retiraba del lugar, dejando la estela de muerte a su paso.
Su hogar estaba cerca el bar, 3 cuadras como máximo, se acercó al lienzo situado frente a su ventana, a terminar el paisaje del ocaso inconcluso desde hace varios días, tonos obscuros como sus ojos, sentimientos negros como su cabello. Una carta se asoma por la puerta, la cual quemo sin leerla, observo cada segundo mientras el fuego consumía el papel entintado, voltea a ver la estantería de libros que poseía, tan absurdamente llena de libros no dejaba ver la verdad, aquella que solo el monstro podía ver, esa habitación oculta de los ojos curiosos, donde 10 cuerpos se encontraban sellados, una risa de medialuna se escapa de su rostro, de su obscuro interior.
Alikai tenía la costumbre de ir a la galería de la ciudad para apreciar las mismas pinturas una y otra vez, en especial la firma Borobsky con paisajes apagados y parejas tristes, las lluvias del verano hacían efecto en la ciudad Alikai tuvo que refugiarse de la lluvia y amo la lluvia desde entonces, porque por ella pudo ver un Ángel, no de los que te llevan al cielo si no de aquellos que te arrastran al infierno y quieres que te lleven, Erina Kaulits era el nombre de aquel Ángel de negras alas, no hay nada más predecible en la vida, es que la vida misma es impredecible, El contrato del inframundo fue firmado un mes después, sin gran fiesta ni muchos invitados.
La luna de miel fue de cliché total, Paris, además de la pintura el monstruo de 1.94 tenía otra cualidad, una sed insaciable por el sexo, al abrir la puerta del hotel Erina fue levantada con la ligereza de una pluma que baila al compás del viento soñando con no caer nunca, pero si cayo, sobre la cama como naufrago aferrándose de la orilla, mientras Alikai destruía cada costura de las ropas de Erina, cada poro se activa a merced de las mordidas apasionadas que se extendían por todo su cuerpo con una firme delicadeza. Las habitaciones colindantes estaban vacías y el eco de los gemidos inundaban cada uno de ellos, a las 4 A.M. acabo el festín demoniaco, la obscuridad del cuarto nunca alerto la salida del astro mayor, la habitación por fin permaneció en silencio después de una noche de proclamaciones de amor y lujuria, Alikai se sentó a un lado de la cama para poder observar la hermosa silueta de su amada escondida por algo tan superficial como la ropa, y tomados de la mano salieron a destrozar el mundo, y que mejor lugar que iniciar que la torre Eiffel y para dos amantes del café era obvio que harían.
Detrás de ella, se encontraba una pareja joven de 20 a 25 años aproximadamente , en una discusión amorosa y tal vez inmadura, la cual ignoro y regreso la mirada hacia su amado, para encontrarse con unos ojos de furia, solo eso podía ver en ellos, pero no la miraba a ella, veía a la pareja que tenía la riña infantil de amor, la cual por suerte se retiró poco después de que iniciara el apocalipsis, Erina llevo de regreso a la habitación a Alikai, la cual se veía más obscura y triste que la noche anterior, ella cerró la puerta y Alikai empezó una historia:
