Lunes, 2012, 14:17
Acabo de volver de la escuela, he tenido que entrar a mi casa con el abrigo puesto, aunque hacía mucho calor, pero no quería que mi madre viese los moratones de las palizas que me dan mis compañeros, como de costumbre; por suerte no me han hecho ninguna herida, aún me duele la tripa desde la última vez... ¿Porque se meten conmigo? No les he hecho nada.
-Deren, baja a comer.
-Voy mamá.
En ese momento me encontraba en mi cuarto, escribiendo en mi diario y organizando mi ropa. Cuando escuché que mi madre me llamaba bajé las escaleras tan rápido como pude. Solo el escuchar su voz hace que sonría. Pero esa sonrisa desapareció tan rápido como vino a mi boca al ver que solo había un plato en la mesa.
-¿Hoy papá tampoco va a venir a comer?
-No cariño. Ya sabes que tu padre está muy ocupado con su trabajo. Por desgracia yo también me tengo que ir. Me han llamado de la empresa.
-Pero hoy te ibas a tomar el día libre, íbamos a ir juntos al parque.
-Lo sé tesoro, lo siento. Mira, ¿que te parece si cuando vuelva te traigo un pastelito de esos que tanto te gustan?
-¡Vale!
Me dió un beso en la mejilla, salió por la puerta y antes de subir al coche se despidió con la mano; yo hacía lo mismo desde la ventana, aguantandome las lágrimas como podía. Realmente quería pasar el día con ella, la última vez que fuimos juntos al parque yo tenía 4 años; cuando cumplí los 7 empezó a despreocuparse más por mí, le daba más importancia a su trabajo ahora que tengo 12 sólo se preocupa de darme de comer. No ha cambiado nada desde que yo era un moco: ojos color crema, cabello castaño, delgada; ni si quiera la piel, no tiene ni una arruga. Mi padre, bueno, prácticamente no le conozco, solo está en casa un par de veces al mes. Alto, pelo corto oscuro, ojos azules. No se más de él.
Eran las 17:30, había acabado mis deberes y ya me aburría jugar a la consola. Vivo en un bloque de pisos, en la quinta planta, nunca había subido mas allá y decidí ir a explorar un poco; para mi desilusión todo era igual, hasta que, después de una larga caminata llegué a la azotea. No había nadie alli, el aire era fresco y podía ver el resto de edificios, me senté en la cornisa y conecté mis cascos. Estuve allí hasta las 20:37. El tiempo pasaba rápido. Bajé de nuevo a mi casa, mi madre suele llegar a las 21:00. No había llegado al séptimo piso cuando mi móvil empezó a sonar, era mi madre.
-(Me la he cargado) -pensé -hola mamá.
-Hola cielo, escucha, no podré llegar a casa a tiempo, así que tendrás que cenar en casa de la vecina. Te quiero, chao.
Ni si quiera me dió tiempo de decirle adiós. Cuando llegué a mi planta, no me molesté en llamar al piso de mi vecina, no tenía hambre. Entré a mi casa y me fui directo a la cama.
-(Mañana será otro día)
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Soledad
Teen FictionUna pequeña historia, de como unos malos tratos, unos padres poco atentos y un desamor pueden desencadenar en una tragedia.
