Capítulo 1.

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Desperté gracias a la alarma, lo cual como siempre suelto uno que otros bufidos o gruñidos. Entrecerré los ojos volteándome hacia mi izquierda donde estaba mi mesita de luz, junto  con mi celular y ese aparato que detesto con todo mi ser.

Bruscamente lo callo golpeándolo  y al cabo suspiré, cerrando los ojos para volver a dormir.

Abrí los ojos como platos golpeándome mentalmente.

-¡Mierda!-Salté torpemente de la cama, pisando accidentalmente al gato que se encontraba durmiendo plácidamente, pero ahora tenía su cola hecha como un ovillo de algodón y sumamente enojado.-¡Lo siento, Stuart!-Chillé y corrí hacia el baño.

Cuando, en el nombre de dios, dejaré de quedarme casi toda la bendita noche viendo series sumamente trájicas que dañan mi cabeza pero aún así las miro porque tengo un maldito insomnio que me tortura por las noches...Okay, llegué demasiado lejos, solo trataré de buscar alguna que otra pastilla que me drogue lo suficiente para así dormirme.

Entré a la ducha, bañándome con agua sumamente fría, lo cual me agradezco a mi misma ya que me despierta lo suficiente para  no hacer el ridículo.

Al cabo, enrrollé mi cuerpo con una toalla y caminé más tranquila hasta mi closet, sacando la ropa que utilizaría. Tomé unos jeans negros ajustados, una musculosa blanca y mis borcegos, al colocarme mi ropa interior de abajo, siento un grito proveniente de la habitación de lado.

-¡Anna!-Susurré colocándome mi musculosa rápidamente.

Corrí hacia la habitación de mi hija, tropesándome con mis propios pies.

Al llegar, abrí la puerta de golpe, encontrándomela en su cama llorando.

Suspiré relajando mis hombros.

-¿Otra pesadilla?-Dije con un puchero.

Ella asintió aún con esas tiernas lágrimas y caminé hacia ella, abrazándola.

-Fue muy horrible mami.-Dijo en mi regazo tratando de calmarse, yo le hacia masajes en su espalda.

Anny la mayoría de veces despierta así por sus pesadillas... antes podía controlarse porque...mi marido podía calmarla, el era el único que podía hacer dormir a mi hija. Pero ahora.... Después de su muerte....me es imposible calmarla, después de charlas....conversaciones a altas horas de la noche....pude hacer que no se despierte a las cuatro AM por causa de sus pesadillas. Me duele...el hecho de no poder hacer nada, pero supongo que podré arreglarlo antes de que siga torturándose con sus sueños.

Coloqué mi perilla en su hombro mientras cerraba los ojos. Al separarnos, me miró con esos grandes ojos azules...iguales que los míos.

-¿Que quieres de desayunar?-Sonreí.

-Algo que tardes lo suficiente para que pierdas el vuelo y no te vallas.-Habló entre risas, lo cual, no evité soltar unas cuantas.

-¿Waffles?-Alcé una ceja.

-Con un delicioso licuado.-Sonrió burlona alzando los hombros.

Rodé los ojos y reí.

-Lo que sea para mi princesa.-Besé su coronilla.

Ella rió.

Escuchamos un maullido, giramos nuestras cabezas viendo nuestro gatito Stuart lamerse la patita desde la puerta.

-¡Stuwie!-Corrió hacia el, sosténiendolo en sus brazos.

Lo trajo hacia la cama, acariciándolo. Traté de tocarlo pero este hizo un chillido algo raro y me mordió el muy desgraciado.

Horizonte  Profundo. (C.H.)Where stories live. Discover now