UNO

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<<Perdí mi rumbo debido a los fríos recuerdos que han sido reducidos a nada, fui solo un vacío cambio de página esperando ansiosamente llegar al final de tu búsqueda fracasando vergonzosamente en el intento, sigo gritando a pesar de no ser escuchado en el desembocado mar de angustia al que me lanzaste esperando a que volvieras a mí.

Pero que equivocado estaba.

Porque a pesar de que fui feliz junto a ti, hacía tanto frío incluso cuando te encontrabas entre los brazos de alguien a quien amas. >>

La vista era horrible. Gris y deprimente. Dejé caer la frente contra el cristal. A través de la ventana se veía a las personas empujarse entre sí desesperadamente mientras la lluvia caía a cantaros a su paso. Sentado a mi lado, un anciano repiqueteaba con ímpetu la suela de su zapato. Tan irritante.

La niebla invadía lentamente aquella mañana. La visibilidad era casi nula, aunque iba y venía a causa del viento, los vidrios del autobús empezaban a empañarse y el hombre a mi lado seguía impacientándose ante el retraso del transporte. Por un momento me pregunté ¿a dónde debía llegar con tal desespero? La lluvia me dejaba sin opciones de entretenimiento, se suponía que llegaría a casa hace 3 horas, pero debido a las tormentas el tráfico había aumentado un doscientos porciento. Aburrido de escuchar los quejidos de aquel hombre, me fui a un rincón del autobús, puse la tesis sobre mis rodillas y empecé a corregir errores, anotaciones y observaciones de los distintos maestros de la universidad. Hacía años que Youngjae, mi hermano menor, me había aconsejado que me dedicara a la medicina pediátrica en un momento de desespero por no saber en que invertir mi futuro. Tenía razón. Odiaba ver sufrir a los niños, y me encantaba contemplarlos sanar nuevamente.

Todavía me quedaba mucho trabajo por hacer, estaba volviendo a casa después de una larga semana de conferencias. Había sido un viaje bastante bueno, sin contar los médicos estirados presumiendo sus grandes casas, autos de último modelo, o membresías ridículamente costosas de lugares que en su vida pisarían; prefería quedarme en casa y gozar de al menos 5 horas continuas de sueño.

Las personas fuera por fin se dispersaban y los autos comenzaba a avanzar, las calles se estaban quedando vacías. Era domingo y a aquellas horas casi todo mundo estaba ya en su casa. Agradecí mentalmente que así fuera, quizá con algo de suerte nadie se encontraría en casa.

Cerré los ojos por un segundo y el autobús se detuvo de golpe. Me llamó la atención aquella forma tan extravagante de vestir. Sus piernas largas y finas se movían con decisión. Se notaba seguro y a gusto consigo mismo. Era moreno, de pelo rubio cenizo. Y era atractivo, aunque no parecía importarle.

Por primera vez, sentí la fuerza de la auténtica atracción.

Me enderecé en mi asiento y observé como tomaba lugar en el puesto contiguo al mío. Lo miré de reojo. Chaqueta y pantalón oscuro, zapatillas deportivas bastante desgastadas y mochila en mano. Pero lo que realmente llamó mi atención fue esa prenda blanca en su mano izquierda bastante conocida para mí. Salté en mi asiento sorprendido de que notara la insistente mirada que tenía sobre él y desvié la vista avergonzado por ser pillado. Patético.

Escuché como reía suavemente, y dios, aquella risa. Jamás había oído un sonido más lindo que eso. A pesar de parecer profunda transmitía una tranquilidad increíble, eso hasta regresar mi atención nuevamente a su rostro y notar aquella mirada cargada de ironía, burla y superioridad. Detestaba esa mirada, la misma que todos alrededor en mi mundo llevaban creyéndose mejor que otros.

-¿Se te ofrece algo?

No contesté, en cambio centré mi atención nuevamente en lo que hacía con anterioridad. Podía sentir su mirada clavada en mi cien incomodándome por completo, bajé mi lápiz y giré a verlo.

Distopía=TaeGi=Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora