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Capítulo 1.

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'[...]Quiero dejar en claro, por otra parte, que la razón de este experimento tiene como última finalidad, la ciencia. Ningún asunto, sin importar los riesgos personales que puedo haber cometido, existe en este documento fuera de los resultados de los que hace un momento he hablado. Es entonces que espero no encontrar ningún comentario sentimentalista en la sección que estoy dejando aquí debajo para cualquier consulta sobre mi teoría. Todos aquellos que quiten mi tiempo de tal forma serán ignorados o borrados, según el nivel de estupidez en sus palabras. Queda bajo su responsabilidad.'
Sherlock termino de escribir una nueva entrada de su blog en la que publicaba sus descubrimientos, ya que debido a su edad o su falta de estudios no le permitían acceder a revistas científicas reconocidas. Pero no lo importaba, él no los hacía por reconocimiento, lo hacía porque lo deseaba, y eso era suficiente. Al igual que el ballet. No importaba quien llegara a verlo, que tanto se rieran de él. Aquella danza tan elegante y lógica removía su interior de formas que la ciencia no podía explicar. Escucho, mientras apretaba el botón de publicar, que llamaban a su puerta. Tenía que ser Mycroft, siempre era Mycroft.
- No - contestó, sin esperar a la pregunta.
- Harás que mamá se enoje - escuchó que le decían desde el otro lado - y es navidad.
No hubo respuesta. Escuchó que su hermano, recién llegado de la universidad para las fiestas, se alejaba haciendo que sus pasos se escucharan solemnes. Lo odiaba. Odiaba todo lo que representaba. Suspiro y se levantó de su escritorio, con cierto recelo. Se acercó hasta la puerta y la abrió de un tirón. Su hermano lo esperaba al pie de las escaleras con una sonrisa petulante y ganadora. Sherlock se guardó el insulto para sí mismo y bajo a la planta baja seguido por el mayor de los Holmes, pensando que esto no era mucho mejor que la época escolar, pero allí tenía práctica de ballet.

Las vacaciones de invierno terminaron y las clases llegaron con una noticia: había un chico nuevo en la escuela. Era un juguete nuevo listo para brillar, con ojos celestes y cabello rubio, de sonrisa amable y maneras divertidas. Sherlock no podía importarle menos, pero el rumoreo sobre aquel chico mayor que se había atrasado medio año por un problema familiar recorría el salón de clases aquel extraño día en el que llegó temprano. Estaba intentando concentrarse en leer aquella biografía sobre Hamilton, del que había visto el musical recientemente, cuando el sujeto entró por la puerta rodeado de tres chicos que peleaban por ser amigos. ¿Quién podría culparlos? aquel chico de 16 años, aparentemente capitán del equipo de Rugby de la escuela en la que había estado hasta ese momento y a quien le prometían una beca en deportes en importantes universidades, era toda una atracción.
Sherlock se dignó a levantar la mirada cuando la profesora lo introdujo. Escucho su nombre pero realmente no escucho nada, aunque esta vez no tenía nada que ver con su falta de concentración ante cosas poco importantes. El problema fueron aquellos ojos. Azules como el cielo, divertidos, pero tristes en el fondo, hablando de aquel chico nuevo. Sherlock pudo leer todo: leyó la muerte de su madre en la desprolijidad del planchado de su ropa. Leyó el alcoholismo de... ¿su padre? ¿su hermano? en la mancha de vómito lavada y disimulada, pero obvia, de su rodilla. Leyó abuso fisico, definitivamente de su padre, en las marcas rojas (dedos) en las zonas de su brazo que dejaba ver la camisa arremangada. Leyó falta de dinero en sus prendas, pero también leyó desinterés ante este hecho. Leyó bondad en su sonrisa y confianza en su postura.
¿Cuál era su nombre? ¿Por qué le importaba? ¿Por qué le costaba moverse, o pensar con claridad?
Nadie se sentaba frente suyo porque todos los conocían, pero el rubio no, y cuando se situó en el aquel espacio vacío, el estómago de Sherlock dio un vuelco, y se maldijo internamente por ello.
No lo conoces, pensó, concéntrate en tu maldito libro
Pero no pudo, se paso el resto de la clase observando aquella nuca, esperando a que se volteara. Sin embargo al día siguiente ya había hecho tantos amigos que el rubio tomo un asiento diferente, y Sherlock acepto que no tenía tiempo para distracciones, aunque esta vez la anhelara.
Pasaron semanas que se convirtieron en meses. Las vacaciones de verano llegaron y pasaron sin eventos memorables para ninguno de los dos. John se dedico a trabajar con su tio, ayudandolo, y a jugar rugby con sus amigos. Para ese punto ya no solo era el capitán del equipo, sino que también se había convertido en el típico chico popular con el que todos deseaban pasar el rato. Pero él no estaba interesado en eso. Tampoco era ciego ante este hecho, aunque no había sido una desicion, y no entendía como lo había logrado. Simplemente era amable y carismático con todos, jamas se metía en peleas a proposito, solo cuando defendía a sus amigos. O tal vez era su aspecto de chico de oro. Fuese lo que fuese, le importaba poco mientras pudiera dedicar el resto del instituto a quitarse de la cabeza aquellos tortuosos meses tras el fallecimiento de su madre.
Por otra parte, Sherlock la había pasado fatal, pero era corriente para el. Tenía que convivir con su hermano, aunque para su suerte estaba realizando pasantías en una institución del gobierno y lo mantenían alejado de sus experimentos. Si John se dedicaba a trabajar y jugar rugby, Sherlock se dedicaba al ballet y a la ciencia. Cuando no estaba llevando a su cuerpo al limite, o probando teorías con partes de cuerpos muertos, estaba en el estudio que su profesora del instituto le prestaba las tardes que ella no lo utilizaba. No asistía a los cursos de verano porque eso conllevaba conocer gente nueva, bailar con gente nueva, y ya le parecía suficiente sus compañeros de baile del instituto. Irene, tal vez lo mas cercano a lo que se podía considerar una amiga allí, lo visitaba en el estudio algunas veces, y ensayaban juntos, pero en general prefería la soledad. Se sentía cómodo en ella.
Entonces cuando el ultimo año de instituto empezó las cosas seguían mas o menos iguales, excepto por aquel domingo al mediodia, cuando Irene había obligado a Sherlock a acompañarla a comprar algo al centro comercial, ambos vestidos con sus ropas de ballet.
Unos dos chicos, ambos del equipo de rugby, y compañeros de algunas clases, estaban en la entrada. Al verlo comenzaron a reirse, y le gritaron marica, además de otros insultos peores. Irene amago en ir a enfrentarlos, pero a Sherlock no le importaba. Todos ellos no eran mas que retrogradas con menos IQ que un perezozo, insultando al perezozo. Ella les enseño el dedo medio mientras él la arrastraba al interior del edificio, sin inmutarse. Esas cosas eran halagos en comparación a las cosas que le decían cuando él los leía en voz alta, y a veces aquellas cosas si le afectaban. ¿Su aspecto? ¿Su sexualidad? Realmente no importaban, pero cuando insultaban su inteligencia o personalidad... Bueno, todavía podía llegar a ser un tanto inseguro.
Al día siguiente se levanto temprano y coloco su ropa de ballet en la mochila. Tenía que aceptar que extrañaba las clases de baile, tal vez eran las unicas a las que deseaba ir realmente. Llego al instituto y el día paso como un borron. Todo lo que importaba era que ese era el último año en el purgatorio, nada más. También paso rápidamente para John. Llegó tarde por culpa de su actual novia, asistió a sus clases y cuando llego a la entrada del gimnasio una chica de figura esbelta, cabello negro y ropa ajustada lo esperaba. Le sonrió instantaneamente.
- hola Irene - la saludó y ella sacudió la cabeza.
- Ambos sabemos que no puedes coquetear conmigo Watson - le contesto con una sonrisa desafiante.
- Ni siquiera iba a intentarlo - se rió él.
- Perfecto, porque estoy aquí por algo serio - espero - tus amigotes imbeciles molestaron a Sherlock ayer.
- ¿Sherlock? -
- Ya sabes, mi amigo, alto, cabello rizado... -
- No, no... Quiero decir, se quien es, ¿por qué? - pregunto, mientras su mente lo llevaba a pensar en aquellos ojos cambiantes que siempre lo habían intrigado.
- No tienen excusa, pero asumo que porque él llevaba puesta su ropa de baile -
- Oh... De acuerdo... Hablare con ellos - susurró, un tanto confuso.
- Hablo contigo porque se que tu no eres un idiota ignorante - le dijo, mientras se colocaba su bolso en el hombro, lista para marcharse.
- Claro, gracias por decirmelo, no quiero conflictos -
- No quieres meterte conmigo. Chico listo. Nos vemos en la fiesta - y ella se fue moviendo sus caderas al caminar, elegante y gracial, pero John seguía pensando en aquel chico misterioso que le había intrigado desde el primer día.
Por otra parte, como delegado de los deportes, e Irene delegada de los clubs de arte, debía hacerse cargo de estas cosas. Los profesores lo habían planeado para reducir el bullying, y hasta ahora lo llevaban bien pero...

El siguiente paso - teenlock auStories to obsess over. Discover now