Cap 1

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  -¿Quién es capaz de enamorarse en estos tiempos, cuándo la mayoría de la humanidad son pieles colgantes y mal olientes?.

Esas fueron mis palabras después de que Leo, el novio de mí Lisa, intentara devorarla en la sala de la casa dónde nos habíamos establecido hacía poco; quedaba junto a la cocina y solo las dividía una pequeña barra de madera de pino barnizada. Mí recompensa ante aquel comentario fue una mirada asesina impregnada de dolor.
Pora el momento en que aquello ocurrió, Sam —un pastor alemán que encontramos hace mas de un año— y yo estábamos cerca.

La gran nevera de dos puertas fue lo segundo que vi en aquel momento, justo después de escuchar a Lisa gritar. Al principio no comprendía que era lo que sucedía cuando comencé a bajar junto a Sam las escaleras corriendo, por un segundo creí que aquellas cosas nos habían seguido hasta la casa y que lograron entrar. No estaba tan lejos de lo cierto, no estábamos minados de ellos, era uno y se trataba de Leo. De él sólo quedaba de su cuerpo pálido con un apetito voraz, por lo que ya era hora de acabar con él de una vez por todas; quise hacerlo en el momento que nos dimos cuenta que estaba infectado, e incluso él también lo quiso asit, pero Lisa se negó a ello rotundamente aun sabiendo que esto podía pasar. Su llanto conmovió el corazón blando de Leo, y decidió continuar.
Debería haberlo matado cuando ella fue un momento al baño y no estaríamos ahora en ésta situación.

Mis ojos comenzaron a buscar cualquier cosa para detener a Leo, hasta que me detuve en la nevera que era lo mas pesado que se encontraba ahí. En un momento no supe como hacer para alejarlo de Lisa y atraerlo hasta el lugar justo, porque prácticamente él estaba sobre ella y en un mal movimiento podía morderla, y tampoco podía mover la nevera hasta donde estaban ellos, y pues era lo mas absurdo que se me paso por la mente, porque sí, en un momento como ese no te da tiempo de pensar mucho porque debes actuar rápido, y en lo último que se me ocurrió fue ir a por el arma que estaba en la encimera a unos pasos de mí. Tome el  esta y lo apunte hacia Leo —o lo que quedaba de él— sus rugidos, mas las detonaciones alertaría a otros mas, pero no tenía opción.
Se movían demasiado y me era complicado apuntar porque en ello podría herir a Lisa. En eso Sam comenzó a tirar de la camisa de Leo consecutivamente hasta que en uno de los forzajeos ella logro soltarse y corrió hasta donde estaba yo, tome esa ventaja y cuando Leo comenzó a ir en nuestra dirección.
Dispare directo a su cráneo.

Tuve que correr al baño de inmediato cuando un terrible hedor se esparció por toda la casa. Cuándo regresé, aún mi estómago estaba revuelto, de la frente de Leo salia un liquido viscoso rojo negruzco que se comenzaba a esparcir por todo el piso de madera de pino barnizada y ni siquiera podía comprender como Lisa podía soportar ese hedor. Ella seguía dónde mismo, con sus ojos fijos dónde yacía el cuerpo sin vida de Leo, pero su mirada me decía que estaba perdida en sus pensamientos...

Se dice que todo esto fue culpa del gobierno cuándo autorizó el permiso de revivir a los muertos, o así lo llamaron la mayoría de las personas que se opusieron a ello. Consistía en revivir el cerebro de aquellos pacientes declarados clínicamente muertos, es decir, en estado de coma o vegetal.

Después de meses de estudios habían logrado dar un paso de lo que tanto se esperaba, o por lo menos reanimar parte del tejido cerebral, pero además se dice que se logró encontrar algo mas, lo cual nadie supo que fue y menos quien comenzó ese rumor. Lo que si realmente se supo fue que los primeros pacientes comenzaron a dar una reacción al tratamiento al que habían sido sometidas, pero seguían sin verse las pruebas de aquello. Cada medio de comunicación no paraba de hablar sobre el gran paso que la ciencia estaba dando.

Los religiosos —El vaticano principalmente—, fueron los primeros en exigir la anulación de dicho proyecto, decían que eran producto del mismísimo demonio aquello que estaban haciendo. Por su supuesto, para el gobierno solo habían sido palabras sin bases e ignoró todo aquello continuando con lo que podía ser un descubrimiento histórico.

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