-¿A dónde vas? -Preguntó él desconfiado.
-Iré a la casa de al lado, Amor, necesito terminar el informe del diario-Sonrió relajada y le brindó un cálido beso en la mejilla a su esposo, posteriormente volteó hasta los brillantes ojos de su retoño-Spencer, ¿deseas algo? - La quinceañera sonrió y negó con la cabeza. Mary salió de su casa e ingresó en el hogar vecino, ella poseía una llave para poder entrar en el momento que quisiera, el vecino era Robert Stuart, el guapo y enloquecedor editor del diario de campo, y un ninfómano sadomasoquista sin remedio.
-Has Llegado- Su rostro esbozó una sonrisa.
-Claro, dije que lo haría cariño, necesito que revises algo... - Le sonrió con malicia, se acercó a él y colocó sus piernas a los costados del buen Robert.
-¿Por dónde puedo comenzar? Dios Mary, estás ardiendo... -Escaneó con su pretenciosa mirada el cuerpo de su vecina, a lo que ella se acercó, mordisquió su oreja y susurró: "Puedes comenzar revisando debajo de mi falda"
Esa frase, esa maldita frase fue la que habría arruinado la vida de la pequeña Spencer, porque Mary era una mujer muy audaz, pero jamás tomó en cuenta la posibilidad de una marcación accidental al celular de su hija, Spencer seguía escuchando las palabras tan lujuriosas de su madre, como escupiendo deseo, y su única idea fue ponerlo en altavoz y llevarlo hacia los oídos de su padre.
-Papá-Dijo con la voz entrecortada y sus ojos llenos de lágrimas rabiosas.
-¿Qué pasa mi pequeña?-Dijo Marco
-Escucha a mamá...
"Me gusta cuando haces eso con mi cabello", "Déjame ayudarte con la camisa", "Ahh... Robert".
-Cuelga ya... -Dijo Marco y Spencer lo miró triste-¡Que cuelgues maldita sea!-Asustada obedeció, su padre no se movió, se quedó ahí como esperando a que la corriente se lo llevara, mientras sus lágrimas caían lentamente, lamentando los 20 años de posibles engaños, ¿Desde cuándo su mujer lo engañaba? ¿Desde cuándo ella había dejado de amarlo?
En casa de Robert el ambiente era un ardiente infierno, pero un infierno sin sufrimiento, éste era un infierno por las maldades que hacían y su notorio ambiente caluroso...
-Dios Mary sigues con el teléfono en la bolsa-Dijo Robert acariciando su muslo
-Déjame ver si lo apago, quisiera escapar-Rió y le dio un beso en los labios a él, revisó si no tenía alguna llamada perdida y se encontró con una gran sorpresa, una llamada que duraba 10 minutos, una llamada con su hija, que había sido realizada aproximadamente 20 minutos antes de el momento en el que se encontraban. -Dios Robert, dice aquí que llamé a Spencer hace 20 minutos.
-Tranquila linda, seguro no fue nada.
-¡Claro que sí! -dijo ofuscada-Ella pudo haber escuchado algo-Se levantó y se colocó su ropa, respiró hondo y atravesó la puerta de su domicilio, donde se encontró con sus queridos llorando
-Yo.. Yo-Tartamudeó y sus ojos se le llenaron de lágrimas, Marco no dijo nada, pero unas hormonas alborotadas por la pubertad no se detienen por nada.
-¿¡Por qué lo hiciste mamá!?-Decía sollozando Spencer, en el día más miserable de toda su vida, su madre estaba con el labial rojo un poco corrido, y despeinada, incluso llevaba mal los botones de su camisa-¡Pareces una zorra mamá! -al gritar estas palabras su madre le soltó una fuerte cachetada-¿Papá por qué no le dices nada?-Mary lo miró fijamente, como con odio.
-Esta farsa de acabó Marco, hay que decirle la verdad
-¿Qué parte es exactamente la farsa?
-Todo nuestro matrimonio, todo tu trabajo, toda nuestra vida-Spencer lloró aun mas y los miró confundida-Tu padre es un estafador y un asesino, linda-Sonrió, lo dijo sin el menor remordimiento ni la menor vergüenza -Y no lo amo, y me acuesto con Robert-Se cruzó de brazos.
-¿Dices que toda mi vida ha sido una farsa? -Dijo limpiándose las lágrimas su hija
-Así es.
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Quédate Conmigo
Teen FictionA veces la vida nos golpea fuerte, hay momentos en los que seguro hemos tenido pensamientos negativos, o el deseo de rendirnos, y la escasez de ganas de vivir es un plato caliente para desayunar los lunes temprano... Momentos en los que la luz del s...
