El me ve.
Charlie cayó en sus manos y rodillas. Ella estaba escondida detrás de una fila de juegos de acade, apretada en el corto espacio entre la consola y la pared, enredados cables eléctricos e inservibles enchufes esparcidos junto a ella. Estaba acorralada; la única manera de salir era pasar la cosa, y ella no era lo suficientemente rápida para hacerlo. Ella podía verlo acechando, adelante y atrás, captando cada movimiento en parpadeos mientras pasaba junto a ella en el reducido espacio entre los juegos. Había escaso espacio suficiente moverse, pero ella trato de arrastrarse para atrás. Su pie quedo atorado en un cable y se detuvo, retorciéndose para liberarlo con cuidado.
Ella oyó el chocar de metal con metal y la consola mas lejana rodó contra la pared. El golpeo otra vez, sacudiendo el dispositivo, después ataco la siguiente, estrellándolas casi rítmicamente, rasgando la maquinaria, acercándose.
"¡Tengo que salir de aquí, tengo que hacerlo! " Entrar en pánico no era de ninguna ayuda, no había salida. Su brazo le dolía, ella quería sollozar fuertemente. La sangre mojaba el andrajoso vendaje y parecía que ella podría sentirlo salir de ella.
La consola a unos metros de ella se estrelló contra la pared, y Charlie se encogió. El se estaba acercando; ella podía oír el entrechocar de los engranajes y el chasquido de los servos, cada vez más fuerte. Ojos cerrados ella aun puede ver la forma en la que el la veía, podía ver el enmarañado pelo y el metal expuesto debajo de la piel sintética.
De pronto la consola de en frente de ella fue arrancada del suelo, lanzada como si fuera un juguete. Los cables de poder debajo de sus manos y rodillas fueron tirados lejos, y Charlie se deslizó y trastrabilló, casi cayéndose. Ella logro detenerse antes de caer y miro hacia arriba, justo a tiempo para ver un afilado garfio que bajaba en dirección a ella.
Bienvenido a Hurracane, Utah
Charlie sonrió irónicamente al letrero, y siguió conduciendo. El mundo no lucía nada diferente de un lado al otro del letrero, pero ella sintió una nerviosa anticipación mientras pasaba. Ella no reconoció nada. Ella no esperaba hacerlo, no a la lejanía que aún estaba del pueblo ahí en la vacía carretera.
Ella se preguntaba como lucirían los demás, quienes serian ahora. Diez años atrás, ellos eran los mejores amigos. Y después eso paso, y todo termino, por lo menos para Charlie. Ella no había visto a ninguno desde que tenía siete años. Ellos se habían escrito cuando eran niños, especialmente Marla, quien escribía como hablaba: rápido e incoherente. Pero conforme crecieron distanciados las cartas fueron menos y menos entre ellos y la conversaciones se volvieron simples y llenas de largas pausas. Charlie repetía sus nombres mientras se aseguraba de realmente acordarse de ellos. Marla. Jessica. Lamar. Carlton. John. Y Michael... Esa era la razón de el viaje después de todo, Michael. Hacia diez años desde que murió, diez años desde que eso paso, y ahora sus padres habían decidido hacer una beca en honor a el y todos sus viejos amigos estaban invitados a la ceremonia. Charlie sabia que estaba hecho con buenas intenciones, pero no podía evitar pensar que era un poco macabro. Sintió un escalofrío, y apago el aire acondicionado a pesar de que sabia que no era el frío el que lo había causado.
Conforme conducía al centro de la ciudad, Charlie empezó a reconocer cosas, un par de tiendas, y el cine, el cual tenía un anuncio de el nuevo éxito de ese verano.
Ella sintió un breve momento de sorpresa, y después sonrío para si misma. Qué esperabas, ¿Qué todo el lugar no hubiera cambiado? ¿Un monumento de tu vida, congelado por siempre en Julio, 1985? Bien, eso era lo que esperaba. Ella miró a su reloj. Aun quedaban un par de horas que matar antes de la reunión. Ella pensó en ir a ver la película pero ello sabia lo que realmente deseaba hacer. Charlie dio vuelta a la izquierda y se dirigió fuera del pueblo.
Diez minutos después, ella se detuvo y salió.
La casa se cernía sobre ella, su obscura silueta que se cortaba con el cielo azul. Charlie permaneció atrás juntos al carro, levemente mareada. Se tomo su tiempo, respirando profundamente. Ella ya sabia que estaría aquí. Una mirada ilícita por el historial de pagos de su tía pocos años atrás le dijeron que las cuotas estaban pagadas, y Tía Jen seguía pagando los impuestos de la propiedad. Sólo habían pasado diez años; no había razón por la cual la casa cambiara por completo. Charlie subió los escalones lentamente, tomando la pintura que había empezado a levantarse. El tercer escalón tenía un tablón suelto, y las rosas habían tomado un lado del porche, sus espinas mordiendo hambrientamente la madera. La puerta estaba cerrada, pero Charlie aun conservaba la llave. Ella no la había usado anteriormente. Mientras introducía la llave dentro del cerrojo se acordó de su padre poniendo la cadenita de la cual colgaba la llave alrededor de su cuello. En caso que la ocupes. Bueno, ella lo necesitaba ahora.
La puerta se abrió fácilmente, Charlie miro alrededor. Ella no recordaba mucho de sus primeros años ahí. Ella solo tenía tres años de edad, y todas las memorias desaparecieron junto el pensamiento de una niña dolida y perdida, sin entender porque su madre se tuvo que ir, aferrada en cada momento a su padre sin confiar en el mundo que la rodeaba a menos que su padre estuviera ahí, a menos que ella estuviera tomada de el, hundiéndose en la franela de sus camisas y el olor a grasa, y a metal caliente, y a el.
Las estrechas escaleras se alzaban frente a ella, pero ella no se dirigió hacia ellas, en vez de eso se dirigió a la sala, donde todo el mobiliario permanecía en su lugar. Ella de pequeña no lo había notado pero la casa era ligeramente larga para los muebles que tenían, y por eso los muebles estaban esparcidos ordenadamente para disimularlo y cubrir el espacio: la mesa de café estaba lo suficiente lejos del sofá como para no alcanzarla y la silla estaba demasiado lejos para entablar una conversación. Había una mancha obscura en el piso de madera, cerca del centro del la habitación, y Charlie camino alrededor de ella rápidamente, y fue a la cocina, donde las alacenas contenían un par de ollas y sartenes, y un par de platos. Charlie nunca había sentido un vacío siendo niña, pero o ahora veía la innecesaria enormidad de la casa como algún tipo de disculpa, el intento de un hombre que perdió tanto para darle a su hija lo que podía. El tuvo su manera de sobrepasar lo que había hecho.
La ultima vez que ella estuvo aquí, la casa estaba obscura, y todo se sentía mal. Ella fue cargada hasta su habitación a pesar que tenía siete años y pudo haber subido más rápido por sus propias pies. Pero Tía Jen la tomo en el porche, la cargo, tapando sus ojos como si fuera un bebé con el incandescente sol.
En su habitación, Tía Jen la bajo y cerró la puerta de su cuarto detrás de ella, y le dijo que empacara sus cosas, y Charlie lloró porque todas sus cosas no cabían dentro de esa pequeña maleta.
"Podemos venir por lo demás luego," dijo Tía Jen con impaciencia mientras Charlie inspeccionaba su armario, tratando de decir que llevar. Nunca volvieron por el resto.
Charlie subió las escaleras, dirigiéndose a su habitación. La puerta estaba abierta, y mientras la abría tubo un sentimiento mareado de que que no pertenecía ahí, imaginaba a su yo mas joven probablemente sentada entre sus juguetes, mirándola y preguntándole ¿Quién eres tú? Charlie entro.
Como el resto de la casa, su habitación estaba intacta, tal y como la dejo. Las paredes eran rosa pálido, y el techo, el cual se inclinaba dramáticamente hacia un lado, siguiendo el contorno del suelo, estaba pintando del mismo color. Su antigua cama seguía pegada la pared, junto a una larga ventana, el colchón seguía intacto, a pesar de que no estaban las sabanas. La ventana estaba ligeramente abierta, y la orilla podrida de la cortina ondeo suavemente con una gentil brisa que venía de fuera. Había una mancha obscura de agua en la pintura junto a la ventana, esparciéndose hasta el colchón, donde el clima había golpeado al pasar de los años, traicionando la negligencia de la casa. Charlie subió a la cama y forzó a la ventana a cerrar. Con un chillido obedeció, y Charlie dio un paso atrás y tornó su atención hacia el resto de la habitación, hacia los inventos de su padre.
En su primera noche en la casa, Charlie tenía miedo de dormir sola. Ella no se acordaba de aquella noche, pero su padre había dicho sobre eso la suficientes veces como para ganarse un lugar en su memoria. Ella se sentó y lloró hasta que su padre fue para encontrarla, hasta que que la encontró y la levanto, y le prometió que se aseguraría de que ella nunca estaría sola otra vez. A la mañana siguiente, el la tomo de la mano y la llevo al garaje donde se puso a trabajar guardando su promesa.
Su primer invento fue un conejo morado, ahora gris por los años sentado bajo el sol. Su padre lo había llamado Theodore. El tenía el tamaño de un niño de tres años, su tamaño cuando se lo regaló, y tenía pelo de peluche, ojos brillantes y una pulcro corbatín roja. El no hacia gran cosa, movía la cabeza de lado a lado, y decía con la voz de su padre: "Te quiero, Charlie." Pero era lo suficiente para ella como vigilante nocturno, alguien con quien mantenía compañía cuando no podía dormir. Ahora Theodore estaba sentado en una silla blanca y vieja en una esquina de la habitación. Charlie alzo la mano y lo saludó pero, el no respondió el saludo.
Después de Theodore, los juguetes se volvieron más complejos; algunos parecían tener glitches permanentes y otros simplemente no eran del agrado de Charlie. Ella sabia que su padre los tomaba y los llevaba de nuevo a su taller y reciclaba sus partes, a pesar de que a ella no le gustaba que los desmantelarán. Pero los que guardo, aquellos que amo, y ahora ahí, mirándola expectantes. Sonriendo, Charlie apretó un botón junto a su cama. Reaccionó rígidamente, pero nada paso. Volvió a pulsarlo, durante más tiempo, y esta vez, cruzando la habitación, con el crujido de mental con mental, el unicornio se empezó a mover.
El unicornio al que Charlie llamo Stanley ( por alguna razón que ella ya no recordaba) estaba hecho de metal pintado con un lustroso color blanco, y trotaba alrededor del cuarto en un circuito redondo, meneando su cabeza rígidamente arriba y abajo. La pista chillo mientras rodeaba y fue a detenerse justo a donde Charlie estaba sentada en la cama. Bajó y se arrodilló junto a el en el suelo, dándole palmaditas en su flanco. Su lustrosa pintura estaba astillada y se empezaba a despegar, y su rostro cedió ante el oxido, así que sus ojos se veía que había decaído.
" Necesitas una nueva capa de pintura, Stanley" Charlie dijo voz alta. El unicornio contemplo el vacío, sin responder.
Al pie de su cama había una rueda de metal parchado, hecho de algo que ella recordaba como un submarino. Charlie la rodó. Por un momento se negó, y después se dejo llevar, girando como siempre lo había hecho. Al otro lado de la habitación en un pequeño armario abrió sus puertas y salió Ella, una muñeca de tamaño de un niño, sosteniendo una taza de té y un platito en sus pequeñas manos como si se los ofreciera. El vestido de Ella seguía siendo crespo, y sus distinguidos zapatos de gamuza aun brillaban; debido a que el armario la había protegido de las inclemencias del clima. Charlie había tenido un vestido idéntico al de Ella, cuando ellas eran del mismo tamaño.
"Hi, Ella," dijo suavemente. Conforme la rueda se iba retrayendo, Ella se volvía a su lugar dentro del armario cerrando la puerta tras de sí. Charlie siguió la pared del armario. Los armario habían sido construidos alineados con el techo y había tres de ellos. Ella vivía en el más pequeño, el cual tenía tres pies y medio de altura. A lado había uno mas grande y el tercero, cerca de la puerta del la habitación, era de la máxima altura del cuarto. Ella sonrió, recordando.
" ¿Por qué tienes tres armarios?" John demandó, la primera vez que había ido. Ella lo miro en blanco, confundida por la pregunta. " Porque esos son los que hay," ella dijo finalmente. Luego, defensivamente, apuntó al mas pequeño. " Ese es el de Ella, de todos modos," agregó. John asintió, satisfecho. Charlie sacudió la cabeza, y abrió la puerta del armario de en medio- o mas bien, intento.
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Five Nights at Freddy's; The Silver Eyes
RandomSacada de la grandiosa saga de videojuegos de Scott Cawthon, su mismo creador y Kira Breed-Wrisley han decidido hacer este gran libro. Debido a que muchos de sus seguidores no saben ingles yo he decidido hacer una versión en español disponible para...
