Enemigo Invisible

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La noche fría había arropado el Vesubio cuando un fuerte gemido se oyó tras unos arbustos. Los ojos de Mira estaban fijamente puestos en el erecto pene de Espartaco, quien la embestía con pasión, mientras la sostenía de pie con sus dos brazos, los dos estaban tan perdidos en el casual placer cuando de repente se vieron bruscamente interrumpidos por un estallido semejante a un gas salido del mismo Júpiter. Tal suceso fue tan intenso que todos los gladiadores del campamento rebelde salieron precipitadamente armados al lugar donde resplandecían las llamas. Espartaco y Mira fueron los primeros en llegar mientras aún se acomodaban sus ropas. Lo que vieron les espanto a tal punto que solo se miraron seriamente las caras.

¿Qué sucede? - preguntó Crixus quien acababa de llegar junto con Agron.

Es la puerta del inframundo... replico Mira con vos entrecortada.

Agron, Crixus y los demás quedaron perplejos al ver las dimensiones del enorme cráter humeante que estaba frente a ellos. Espartaco dio instrucciones a Crixus para que él y sus galos más aguerridos le acompañaran a inspeccionar la supuesta "puerta del inframundo". No obstante, Mira sujetó fuertemente el brazo de Espartaco para que este desistiera de esa locura de tratar de ir al infierno.

¿Están locos todos locos? - gritó Mira, - ¿Que tiene que ver esto con la causa?

Mira tiene razón – medito Oenomaus quien siempre tomaba todo con más calma – además todo esto también puede ser un fenómeno de la naturaleza, más bien debemos preocuparnos por quienes hayan escuchado el estruendo. - concluyó serenamente el Doctore.

Es cierto - pensó el tracio – Dejemos esto a los romanos, marchemos cuanto antes, las personas del pueblo deben estar en camino. – opinó el campeón con la aceptación de todos los presentes. Espartaco acababa de pronunciar estas palabras cuando repentinamente el grito de Agron estremeció a todos quienes ya habían dado la espalda al boquete en la tierra.

¡Nos Atacan! - gritó enérgicamente Espartaco sosteniendo a Agron entre sus brazos quien había resultado herido en su hombro derecho por una extraña lanza plateada

¡No veo a nadie! - respondió Crixus mientras él y todos los galos empuñaban sus espadas.

En ese momento una silueta extraña saltó del fondo del cráter y se puso frente a Oenomaus, quien apenas pudo notar que alguien estaba de pie frete a él. Oenomaus movió su antorcha de lado a lado para poder distinguir de que se trataba cuando sintió un fuerte golpe en su rostro que lo hizo volar casi dos metros de donde estaba.

Espartaco al ver como el doctore había sido lastimado por un aparente enemigo invisible, dejó al alemán en el suelo a los cuidados de Mira, para que ella tratara de quitar la lanza que lo había derribado. El campeón de Capua desenfundo del cinto su legendaria espada y se puso en guardia junto con el Galo Invencible, para que unidos pudiesen detectar al agresor. Sin embargo, una red disparada como una flecha dio contra el cuerpo de Crixus, quien quedó clavado a árbol y sin poder moverse. Espartaco ataco a la nada con sus habituales movimientos que en otros tiempos habían servido para derrotar a diversos enemigos en la arena; pero esta vez no hallaría la gloria de poder golpear su espada contra alguien, ya que no sabía a quién o que se enfrentaba. En vez de eso, lo que consiguió fue el impacto de un fuerte puñetazo sobre su espalda que de inmediato lo derribo sobre la fría tierra. Como un relámpago, uno de los leales galos de Crixus corrió a liberar al ex campeón de la red que lo oprimía cada segundo más, cuando sorpresivamente dos enormes ganchos metálicos atravesaron su corpulento pecho antes que pudiese llegar con su líder. Todos quedaron atónitos al ver como el galo de casi cien kilos era suspendido en el aire lentamente por una fuerza incorpórea; solo dos garras metálicas y semejantes cuchillas curvas salían de su pecho. En ese momento Espartaco quien yacía en el suelo a pocos metros de la víctima, pudo notar como la sangre del galo, la cual goteaba desde su espalda caía sobre lo que a duras penas podía distinguirse como un fuerte e invisible brazo. Enérgicamente y con su característico grito de lucha, Espartaco se abalanzó sobre la figura que levantaba a su hermano y esta vez su espada impacto contra una especie de escudo no visible, que quebró de plano la gladius del tracio. Lo que Espartaco ignoraba es que su espada había dado sobre el otro brazo del enemigo, quien simplemente se cubrió ante el ineficaz ataque del gladiador. Corrompido por ver como su gladius se había partido en el aire, bajo inconscientemente su guardia, cuando de repente el espectro arrojó sobre la cabeza de Espartaco el cuerpo sin vida del galo, golpeando y derribando nuevamente al tracio, dejándolo tristemente fuera de combate. En ese instante, una espada magulló sobre la espalda del enemigo, derribándolo sobre la tierra. Era Crixus quien había sido liberado por Oenomaus, quien también se había repuesto del golpe sobre su rostro.

Spartacus - El Cazador del HadesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora