En el mercado se oían a los artistas cantar, a las cortesanas ofrecerte una noche inolvidable, a los mercaderes gritar la perfecta calidad de sus productos, pero ni un chico sin hogar sería capaz de robar una manzana, pues es mejor el sabor de un caballo en descomposición.
-¡Saludos, señor! Hoy es el día de obtener las ganancias de vuestro trabajo...
-Así es Rhagnos. Ayúdame a encontrar el puesto de Fhril, ese inútil me debe dinero desde hace un tiempo ya.
Rhagnos asintió y realizó lo que Gardar le había pedido hacer, pues Rhagnos es un gran seguidor de Gardar y trabaja para él a cambio de comida y el calor del fuego en las noches.
Gardar Dorran era un hombre alto, el más alto de su división en sus viejos tiempos de guerrero real del Rey Throng y el más valiente, de músculos grandes, cabello corto y negro como la noche pero se ha visto interrumpido éste color por los efectos de la edad. Varias personas cantaban historias de fantasía en las que relataban cómo el color rojo de sus ojos dejaba a sus enemigos agonizando y esperando a que el tiempo cerrara la ventana de sus vidas, pero solo eran cantos y seguirán siéndolo.
Era la tarde de 16 de Enero de 1200 en Blashorahck, una gran ciudad en la que todo hombre habría tocado una espada al menos 4 veces en su vida para defender sus tierras. Esamañana hacia el mediodía Gardar se levantó y alistó todo para partir hacia la gran ciudad de Blashorahck, específicamente al mercado para vender sus cosechas y quizá intentar encontrar una razón para no odiar a todo ser viviente.
-¡Señor! –Escuchó Gardar a Rhagnos gritar entre la multitud-- ¡Señor Gardar! -Gardar empuñó su pequeña espada esperando algún tipo de ataque- ¡Señor!
Después de unos cortos segundos Gardar logró ver al pequeño Rhagnos salir de entre la multitud.
-¿Qué sucede? ¿Estás bien?
-Sí señor, lo siento por asustaros, pero El Rey Throng se ha enterado de que estás aquí y ha solicitado tu presencia en su trono.
-¡Argh! Viejo insensato, le haré entender que tengo cosas por hacer. –Gruñó Gardar dirigiéndose a El Gran Castillo Blörk que se encontraba muy cerca del mercado. Cuando al fin llegó ante el Rey se postró firme y malhumorado frente a él.- ¿Qué quieres? ¿Crees que un Campesino no tiene cosas por hacer?
-¡Viejo Amigo Graknöszh! ¡JAH! Si no fuese porque en mi mediana edad me salvasteis la vida un par de veces tu cabeza se encontraría debajo de mi cama –Decía el Rey mientras se levantaba lentamente de su trono tallado en un árbol de 300 primaveras- ¿Qué te ha traído hasta ésta mugrosa pero hermosa ciudad?
-Dinero, necesito dinero para comer, no todos tenemos el placer de envejecer con comida y fuego sin esfuerzo alguno.
-Te juro ante el Gran Árbol del Trono que si me vuelves a hablar así te cortaré en mil pedazos. –Señaló el Rey con tono agraciado-
-No me hagas reír, si has gastado toda tu energía levantándote de esa silla.
Después de unos segundos de silencio profundo se escuchó una risa a carcajadas por parte del Rey, pues Gardar era el único que le hablaba como si no tuviese Corona alguna, y eso le gustaba.
-Eh, has dicho que necesitabas dinero –El Rey habló limpiándose las lágrimas que le salieron riéndose por las palabras de Gardar- ¿Qué rayos hiciste con el dinero que te di después de tus servicios para mi ejército?
-¿A caso crees que mil Jörds es suficiente para vivir? Además, sabes que gasté la mitad para comprar mi espada, la cuál no uso ya y el resto se lo he dado a mi seguidor Rhagnos, es un buen chico con mala suerte.
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El tiempo de una Vida en Guerra.
Ficción General¿Qué pasa en la vida de un guerrero que no ha conocido nada más que su trabajo y la batalla? Ésta historia ambientada en 1200 D.C intenta narrar la vida de un héroe retirado que le encuentra sentido a su vida cuando posiblemente ya sea muy tarde.
