•Capitulo ①•

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Aquella mañana nevaba mucho, el cielo estaba pintado de gris, y el viento era tan frío que cortaba la piel.

Tumbado en la cama, miraba al techo, aburrido.

"Debería levantarme ya..." pensé, revolviéndome un poco en la cama.

Mis pies pesaban como si fueran de plomo, pero conseguí hacerles llegar hasta la cómoda, de la que saqué una camiseta negra, y unos pantalones con cremalleras negros.
Tras abrocharme las zapatillas, cogí la mochila y salí de la habitación.

Mientras bajaba las escaleras, desenredaba los cascos y los conectaba al móvil. La puerta que daba a la calle estaba justo al final de las escaleras.

No había nadie en casa como de costumbre, María ya se había ido a clase, y mis padres se habían ido a trabajar hacia rato.
Cogí el abrigo y la mochila, y salí de casa. Tras echar la llave, comencé a caminar. La nieve era tan perfecta que hasta daba pena pisarla.

Con tanta nieve el autobús no pasaría aquel día, así que pasé de largo la parada.
Iba distraído con la música, pero no tanto como para no ver la figura que acababa de plantarse delante de mi.
Llevaba una túnica negra que le cubría por completo, y que le hacía sombra en la cara.
No me detuve, y la figura se desvaneció para aparecer nuevamente delante de mi tres pasos mas adelante.

-¿Que quieres?- dije molesto.

Sacó de su larga túnica un sobre negro cerrado con un sello rojo. Extendió el brazo con la intención de dármelo, pero me negué a cogerlo.

-Ya sabes lo que tienes que hacer- insistió ofreciéndome de nuevo el sobre.

-Paso- dije simple, y retomé mi camino.

No se dio por vencido, y apareció frente a mi...
otra vez; el brazo extendido, sosteniendo el sobre con sus largos, pálidos y delgados dedos.

-¿Por que no vas a incordiar un rato a Tyler?- dije, mirando al sobre y luego a él.

Eché a andar, dejándole a atrás, pero entonces, me cogió por el cuello y me lanzó contra un árbol. Mi cuerpo parecía estar hecho de papel bajo su control.
Mientras intentaba reincorporarme en el suelo, vi como se acercaba a mi. Me dio una patada en la cara, y varias en el estomago, lo que me dejó sin aliento.
Me puse de rodillas y comencé a toser sangre. Sentía que me ardía el pecho, y veía borroso. Mi espalda se arqueaba a cada arcada que salía de mi.

El encapuchado, me agarró por el cuello, y me estampo contra el árbol. Este se agrietó en el instante en el que mi espalda amortiguó el golpe contra el duro y congelado tronco.

Sus ojos eran completamente negros, pero brillaban como si ardiesen. No voy a mentir, el miedo me paralizó por completo. No fui capaz de aguantarle la mirada, y derrotado, bajé la mirada.

Sus dedos presionaban con fuerza mi cuello, y los segundos se me hacían eternos, hasta que por fin, me dejó caer al suelo. Tiró con desprecio el sobre al suelo frente a mi, y se desvaneció.

De mala gana, lo recogí y lo guardé en mi mochila. Me apoyé en el árbol para levantarme, y cuando mis piernas dejaron de temblar, reanudé mi camino hacia el instituto como si nada hubiera pasado.

Me di cuenta de que la gente me miraba de forma extraña, tampoco le di mucha importancia hasta que me vi mi cara malherida en el escaparate de una tienda. Me subí la cremallera del abrigo tanto como pude para taparme los cortes del labio. Mi pómulo derecho estaba morado, y parte de mi ojo también.
Agaché la cabeza para evitar más "miraditas" y seguí caminando.



"Estoy reescribiendo está historia, espero que os guste🥀"

IronHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora